El Espíritu Santo
Las personas Divinas tienen un tiempo de
manifestación. Padre( Creación) Hijo (Plenitud Tiempos)
E. Santo (Iglesia).
Pentecostés,
la fiesta que a los 50 días de la Pascua, de la salida de Egipto, el pueblo
recuerda y celebra con la siega de los frutos.
Babel,
significaba “puerta de los dioses”. Así se denominaba la ciudad, símbolo de la
humanidad. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar
el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya
antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel
comunitario) y se unió para ello.
Pero
el proyecto se frustró: Dios, confundió las lenguas y acabó para siempre con la
Puerta de los dioses ("Babel"). Quizá una buena comprensión del hecho, sería ver la pretensión del hombre
para edificar su vida, la sociedad a espaldas a Dios, dejando Dios que el
hombre corra entonces su propia suerte...
Tal
vez nunca existió aquella Torre, quizá fue sólo símbolo de una tentadora
aspiración de poder humano.
Cualquier
gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel:
pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas y estilos de
vida pero esto no hace caer una torre, si hace caer una sociedad, una familia,
la intolerancia y la incomprensión, la soberbia y los egoísmos, esos ladrillos …
(Fornicación, impureza, libertinaje idolatría hechicería, enemistadas,
contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismos, sectarismos,
discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo…)
en vez de piedras…
(“Piedra que desecharon los arquitectos” “ perpetuar
la base pétrea mediante y en la Iglesia: “Tú eres piedra” )
Diez
siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra
en el de los Hechos de los Apóstoles. Estaban reunidos los discípulos, también
cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a
recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se
descrita como: ruido como viento, como fuego que quema toda la hojarasca.
Incluso aquella hojarasca que pueda haber bajo el mismo árbol de la religión.
Es el Espíritu que gobierna, señala el rumbo a la Iglesia, El “Maestro de
obras” en la nueva construcción del mundo. Comienzan a hablar todos lenguas
diversas… pero ahora si se entienden. Es el Espíritu quien las sugiere. Hay
entendimiento.
Hoy
empieza el tiempo del Espíritu, se nos invita a retomar los planos, a retomar
el proyecto arquitectónico no de una Torre, sino de una Nueva Ciudad, la Ciudad
de Dios de San Agustín.
Pero.. ¿Cómo convivir y entenderse entre quienes tienen tantas
diferencias? ¿Cómo evitar aquel mismo pecado de soberbia y egoísmos que hizo
derribar aquella torre de Babel? La con-fianza, la fe la esperaza y el amor,
respeto, dialogo, paciencia, Temor divinos, prudencia y piedad... Y dejando que sea el maestro de obras , el mismo Espíritu. A su aire, a su manera, no a la
nuestra. Un mundo edificado sobre el
amor, la paz, la bondad, amabilidad, comprensión, servicialidad, alegría,
dominio de sí.
Dios
no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; no quiere la confrontación sino
el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que
todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias.
Porque este Espíritu de Dios es polifónico.. Espíritu
que pone de acuerdo a gente que tienen puntos de vista distintos o modos de ser
diferentes. El día de Pentecostés, Dios hacía posible el milagro de entenderse.. porque existe un lenguaje que
todos entienden, el lenguaje de la caridad.
Necesitamos,
pedimos hoy un nuevo Pentecostés sobre nuestra sociedad para acabar con la
intolerancia e intransigencia, con el desamor.
Pedimos un fuego que purifique,
queme, aquilate, temple los corazones en las pruebas… un viento, Brisa: que
refresca, alivia, un Aceite: con él se curar las heridas, tantas suavizar los
engranajes y evita los “chirridos” las estridencias, las disonancias, que hace fluir
suavemente las relaciones humanas… y rompe los individualismos.
El E. Santo nos conceda
Inteligencia, nos hace penetrar en los abismos de Dios.
Penetrar en la Palabra de Dios, el sentido de las figuras y de los símbolos
(liturgia).
Una sociedad que pierde el sentido de lo invisible, precisa de la
Ciencia del Espíritu, que hace entrever en las causas, los efectos, y que a
través de los efectos, percibe las causas.
La mentalidad moderna, mundana y cerrada a la vida sobrenatural, queda
prendado del dedo, sin llegar a donde apunta el dedo. Ese es el pecado concreto
contra el E. Santo en cuanto a Ciencia:
A) Enturbiamiento de mente. Por
su falta de espíritu de fe se incapacita el hombre para entrar en el orden
sobrenatural. Su mirada superficial y obtusa se detiene en las apariencias y no
consigue escapar de lo efímero… volviéndose él también efímero. Ese es el
precio de este mismo pecado.
B) La ceguera del Espíritu, el
espesamiento de la mente, conduce a la ceguera del espíritu. La zona de estos
pecados contra la luz, consecuencia directa
o indirecta de la falta de fe, abarca los estados de las almas de
pueblos enteros, creyentes por rutina, y de solo nombre, estando en “tinieblas
y sombras de muerte” han perdido el sentido de la fe, de sus exigencias de sus delicadezas y
esplendores”. “Los Dones del E.
Santo” de P. Miguel María Philipon. Sobre el Don de inteligencia.
Don de Ciencia: que nos hace
experimentar la grandeza… como la miseria de las creaturas. Su Grandeza al
llevarnos al Creador, (Reveladoras de su creador) (Canto a las criaturas de S.
F.Asis) (o Daniel 3, 52-90) o su miseria, sin nos aparta de Él. Este es el
pecado contra la Ciencia de Dios:
La ignorancia de las cosas divinas, tras la creación.
El don de Sabiduría, explicando todo por referencia a Dios. Nos
comunica la Mirada de Dios. Nos hace juzgar todo a la luz de Dios, rechazar a
Dios será la mayor locura.
Cada uno de los dones tiene su función específica en el desarrollo del
alma: La inteligencia nos hace entrar en las profundidades de Dios, nos da el
sentido divino.
La ciencia no lleva de las cosas creadas a su creador, no nos deja
deslumbrar del brillo efímero de las cosas, sopesándolas en su justa medida y
como reflejo del semblante de Dios.
La Sabiduría, dándonos las mismas pupilas de Dios.
Consejo, que
perfecciona la virtud de la prudencia.
El don de Consejo es al don de Ciencia, lo que el arte de sanar a los enfermos
es a la teoría de la medicina.
Es tener la palabra oportuna, consejo conforme a los planes de Dios… sus enemigos: complicidades…y adulaciones.
Fortaleza, Reviste
al hombre de la fuerza misma de Dios: Con ella vencemos el temor, decir verdad,
de perseverar en las virtudes, de rechazar el mal. No negarle cuando todos le nieguen.
Sus pecados: tres por exceso:
Presunción, ambición y vanagloria, uno por defecto: pusilanimidad.
Piedad, que nos
impulsa a comportarnos en nuestras relaciones con Dios, como un niño con su
padre que admira, e intenta imitar a su padre, que gusta de las cosas de Dios,
se deleita, se goza, se recrea en su palabra, en su misterios, en su corazón. y su pecado: banalización
de las cosas de Dios, o el Jansenismo, (implacable)
El Temor, don que nos
salva del orgullo, y nos hace ponernos en manos de Dios en toda situación. Temor
a Dios que nuestro mundo ha despreciado, escalando el Cielo, bajo arena y
barro… y no con amor, justicia, lealtad, … sus
pecados: la presunción, (que le lleva a una confianza excesiva de sí mismo,
olvidando a Dios) opuesto a la humildad, 2.El descorazonamiento, que en sentido
inverso, vuelve demasiado sus ojos sobre sí, y los retira de la misericordia
divina.
Falta de Temor que lleva a vanalizar, ridiculizar las cosas de Dios… El
mundo de hoy ha perdido el sentido del pecado y el sentido de Dios. Dios se
convierte en una “encuesta”. Y esta falta de Temor, introduce a los pueblos en el laxismo y la
frivolidad.
Un
objetivo, una finalidad, edificar el cuerpo de Cristo, para el
bien común, este es también un criterio, un crisol de estos Dones. Si edifican
a la comunidad o no. Edificar a la comunidad: Unidad y Paz. Si no es así, San
Pablo recomienda:
Callar y sentarse en la comunidad (Hay quien reza
para que me convierta) .
¿Cómo
se sabe que estamos en sintonía con el Espíritu? Por los frutos… los nuestros deberán ser frutos del Espíritu.
Caridad, es ese
idioma que partos, medos y elamitas, de
Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y de Asia, Frigia Panfilia, Egipto Libia Roma, cretenses y árabes; entienden, un lenguaje, el del amor, que
todos entienden, la sonrisa amable, la mirada limpia, el gesto cariñoso y de acogida…
no necesitan traducción. Es el lenguaje que todo hombre entiende.
Gozo, paz...de
poseer el Reino, que deseas compartir, porque el bien necesita ser compartido
mediante la benignidad, la longanimidad
y la bondad. paciencia, con los demás y con uno mismo, modestia, templanza y castidad …
porque te sabes en manos de Dios, y para no salirte de ellas, precisas de la mansedumbre y moderación, palabra que
suena a mano abierta, a caricia con la
mirada, y así, perseverando a la primera contradicción y guiado por la fe, caminado con la Confianza, puesta en Dios Padre, como
un niño, lleguemos a lo alto de esa torre no ya de babel, sino de la Santidad,
donde luce como estrella que guía nuestros pasos, la Esposa del Espíritu, María Santísima.
Son estos los frutos de nuestra sociedad? Nadie da lo que no tiene… y si deseamos
transformar el mundo… primero hemos de transformar, cambiar nuestros corazones. Como la sal, discretamente, pero que si falta, la vida se vuelve sosa,
amarga...
Decimos que el E.
Santo es el Gran desconocido, que nos cuesta reconocerlo…
Allí donde hay un
corazón inocente, incapaz de engaño o maldad, allí está el Espíritu Santo.
Allí donde hay un
corazón incapaz de dobleces y
conformismos… allí está el Espíritu Santo.
Allí donde nace un
amor sincero, limpio y alegre, allí está el Espíritu Santo.
Allí donde el
arrebato de la venganza se convierte en brisa suave de perdón, allí está el
Espíritu Santo.
Allí donde la
indiferencia egoísta hacia el hermano se transforma en cálida acogida, allí
está el Espíritu Santo.
Allí donde se toma
una decisión heroica en la honda paz del corazón, allí está el Espíritu Santo.
Que bien resume S. Pablo estos dones: 1 Cor
13, 1 : Aunque hablara las lenguas
de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena
o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los
misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar
montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y
entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La
caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es
jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no
toma en cuenta el mal; no se alegra de la
injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo
espera. Todo lo soporta.Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba
como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño”.
El Espíritu Santo
es el que nos hace crecer, madurar y descubrir la grandeza de una vida, que
muchas veces chata y superficial, adquiere dimensiones divinas. Desde esta
madurez, descubrimos la mano de Dios tras la vida o tras la muerte, Todo está
en Él, y hacia Él nos encaminamos.
Miguel
Ángel Schiller Villalta.