Algunas desviaciones sobre los Sacramentales

 

Los Sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia invisible de Dios a través de los cuales se otorga la vida divina, es decir, ofrecen al creyente el ser hijos adoptivos de Dios. Fueron instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia.

 

Los sacramentos se administran en distintos momentos de la vida del cristiano y simbólicamente la abarcan por entero, desde el bautismo (que se suele administrar a los niños) hasta la unción de los enfermos (que antes del Concilio Vaticano II se aplicaba sólo a los que estuvieran en peligro de muerte).

 

La mayoría de los sacramentos sólo pueden ser administrados por un sacerdote. El bautismo, en ocasiones excepcionales, puede ser administrado por cualquier seglar, o incluso no cristiano, que tenga la intención de hacer con el signo lo que la Iglesia hace. Además, en el sacramento del matrimonio los ministros son los mismos contrayentes.

 

Lo cierto es que las personas que administran los Sacramentos, deberían tener una vida acorde con la grandeza de aquello que administran. Pero la eficacia de cada Sacramento no depende de la Santidad de quienes lo administran. O son de ellos, sino del mismo Cristo, depositados en la Iglesia. De echo, su “validez” es tanto en cuanto, se administran queriendo hacer lo que hace la Iglesia.

 

Los sacramentales son "signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida" -Catecismo 1667; Cf. Ley Canónica (Canon 1166).

 

Los sacramentales santifican una gran variedad de momentos en la vida de las familias, personas y comunidades. Se pueden celebrar cada vez que hay necesidad de la oración de la Iglesia y la bendición de Dios. 

 

Diferencia entre Sacramentos y Sacramentales:

Institución: Los sacramentos: instituidos por Cristo para otorgar gracia.

Los sacramentales: instituidos por la Iglesia con la autoridad investida a ella por Cristo para cumplir su misión.

 

Forma en que la gracia se recibe:

 

Los sacramentos confieren la gracia ex opere operato (por la misma acción del sacramento). Un sacramento no puede dejar de comunicar la gracia prometida por Cristo siempre que se administre válidamente. El sacramento confiere gracia mientras la persona que lo recibe no ponga un obstáculo en el camino. La gracia del sacramento no depende de los méritos ni la santidad del ministro.

 

Los sacramentales comunican la gracia ex opere operantis ecclesiae. Literalmente del latín: "por la acción de la Iglesia que obra".  Los sacramentales reciben su eficacia de los méritos de la persona que reza y de los méritos y oraciones de La Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.

 

Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella. "La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los acontecimientos de la vida sean santificados por la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y a la alabanza de Dios" (SC 61). Catecismo 1670

Características de los sacramentales

 

Catecismo1668: Los sacramentales "han sido instituidos por la Iglesia en orden a la santificación de ciertos ministerios eclesiales, de ciertos estados de vida, de circunstancias muy variadas de la vida cristiana, así como del uso de cosas útiles al hombre. Según las decisiones pastorales de los obispos pueden también responder a las necesidades, a la cultura, y a la historia propias del pueblo cristiano de una región o de una época. Comprenden siempre una oración, con frecuencia acompañada de un signo determinado, como la imposición de la mano, la señal de la cruz, la aspersión con agua bendita (que recuerda el Bautismo)".

 

Los laicos pueden ministrar algunos sacramentales según las provisiones en los libros litúrgicos. Ejemplos: padres bendicen a sus hijos.

 

El Catecismo en el número 1669 nos recuerda que “Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una "bendición" (Cf. Gn 12:2) y a bendecir. (Cf. Lc 6:28; Rm 12:14; 1P3:9) Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones;(Cf. SC 79; CIC can. 1168); la presidencia de una bendición se  reserva al ministerio ordenado (Obispos, presbíteros o diáconos Cf. Ben 16;18), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.

 

Diversas formas de sacramentales

 

Catecismo:

 

1671 Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef. 1:3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.

 

1672 Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrar personas a Dios y reservar para el uso litúrgico objetos y lugares. Entre las que están destinadas a personas -que no se han de confundir con la ordenación sacramental- figuran la bendición del abad o de la abadesa de un monasterio, la consagración de vírgenes, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones para ciertos ministerios de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.). Como ejemplo de las que se refieren a objetos, se puede señalar la dedicación o bendición de una iglesia o de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos y ornamentos sagrados, de las campanas, etc.

 

1673 Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (Cf. Mc 1:25s), de El tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. (Cf. Mc 3:15; 6:7.13; 16:17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia.

 

Deberíamos aclarar ciertas “peticiones” que si bien las impulsa  la mayoría de las veces la buena voluntad, también son movidas por una visión errónea de la religión que entabla una relación con Dios un tanto mágica y deformada. (la superstición, lo mágico, el temor, u otras motivaciones  pueden estar entrelazadas con esta buena voluntad.) Es cada vez mas frecuente que se solicite la bendición de “Agua” para uso personal, o la bendición de los hogares para que desaparezcan los “malos espíritus”, o fenómenos que los califican de sobrenaturales. Esta costumbre es laudable y recomendado por la Iglesia, pero de ningún modo suplen  la relación amorosa y en gracia que Dios espera que tengamos con Él. Es más, una vida no cimentada en la Gracia, que no frecuenta los Sacramentos, más bien poco, puede beneficiarse de estos “Sacramentales”. Una persona que no se acerca al Sacramento de la penitencia para recibir el perdón de sus pecados y poder así recibir la Eucaristía, alimentándose con frecuencia de ella, el cumplimiento de la Ley de Dios (Decálogo)la Asistencia a la Sta. Misa Dominical, etc.…  en definitiva, una vida Cristiana, hacen ineficaz estos otros ritos “sacramentales”.

Las bendiciones siempre recaen no sobre las “cosas”, sino sobre el “uso” que las personas hacen de ellas.