RABANO MAURO,
EXEGETA, FILOSOFO, POETA Y PASTOR
CIUDAD DEL
VATICANO, 3 JUN 2009 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia
general de los miércoles a Rabano Mauro, abad del monasterio de Fulda,
arzobispo de Maguncia y "praeceptor Germaniae". A la audiencia,
celebrada en la Plaza de San Pedro, asistieron más de 17.000 personas.
Rabano, nacido en Maguncia alrededor del 780,
entró muy joven en un monasterio benedictino y "con su excepcional
capacidad de trabajo contribuyó quizá más que ningún otro a mantener viva y en
parte a desarrollar con aportaciones personales, la cultura teológica,
exegética y espiritual que atesoraron los siglos sucesivos".
Gracias a esa "extraordinaria
cultura" fue "consejero de príncipes", y no obstante su
elección, primero como abad de Fulda y luego como arzobispo de Maguncia,
"no dejó de proseguir en sus estudios demostrando con el ejemplo de su
vida que se puede estar simultáneamente a disposición de los demás sin privarse
por eso de tiempo para la reflexión, el estudio y la meditación. Así Rabano
Mauro fue exegeta, filósofo, poeta, pastor y hombre de Dios".
"Sus obras -prosiguió el Santo Padre-
abarcan seis volúmenes de la Patrología Latina de Migne y es el autor, con toda
probabilidad, de uno de los himnos más hermosos y conocidos de la Iglesia
latina, el "Veni Creator
Spiritus", síntesis extraordinaria de pneumatología cristiana".
Uno de sus textos más significativos es
"De laudibus Sanctae Crucis", donde utiliza "la forma poética y
la pictórica en el mismo código manuscrito. (...) Ese método, (...) que
procedía de Oriente, tuvo un gran desarrollo en Occidente, alcanzando cumbres
inigualables en los códigos miniados de la Biblia y en otras obras que
florecieron en Europa hasta la invención de la imprenta y después de
ésta".
Rabano Mauro se caracteriza por "su
conciencia extraordinaria de la necesidad de implicar, en la experiencia de la
fe, no solamente la mente y el corazón, sino también los sentidos mediante los
aspectos del gusto estético y de la sensibilidad, que llevan al ser humano a
disfrutar de la verdad con toda su persona "espíritu, alma y cuerpo".
Es muy importante porque la fe no es solo pensamiento; la fe abarca todo
nuestro ser".
Muy interesado por la liturgia, el autor de
los "Carmina" "no se dedicaba al arte poética como un fin en sí
misma, sino que la supeditaba, como cualquier otro tipo de conocimiento, a la
profundización de la Palabra de Dios". Así, se preocupó por "introducir
a sus contemporáneos, pero sobre todo los obispos, presbíteros y diáconos, a la
comprensión del significado profundamente teológico y espiritual de todos los
elementos de la celebración litúrgica". Y, dado que parte integrante de la
liturgia es la Palabra de Dios, Rabano Mauro, a lo largo de su vida,
"produjo explicaciones exegéticas apropiadas para casi todos los libros
bíblicos del Antiguo y el Nuevo Testamento con una intención claramente
pastoral".
Su faceta de pastor se pone de relieve también
en los "Penitenciarios", donde "según la sensibilidad de la
época se enumeraban los pecados y las penas correspondientes, utilizando
siempre que le era posible motivos basados en la Biblia, en la decisión de los
Concilios y los decretos de los Papas". A la misma faceta corresponden
obras como "De disciplina ecclesiastica" y "De institutione
clericorum", donde "explicaba a las personas sencillas y al clero de
su diócesis los elementos fundamentales de la fe cristiana, una especie de pequeño catecismo".
"Rabano
Mauro también nos habla hoy -concluyó el pontífice-, incluso en el tiempo del
trabajo con sus ritmos frenéticos o en las vacaciones, de que tenemos que
reservar tiempo para Dios (...) y no olvidarnos del domingo como el día del
Señor, el día de la liturgia, para percibir en la belleza de nuestras iglesias,
de la música sacra, de la Palabra, la belleza de Dios y dejarlo entrar en
nuestra vida, porque solo así se vuelve grande y verdadera".
Finalizada la catequesis, el Papa saludó
entre otros a los fieles polacos, y recordó que "estos días la Iglesia en
Polonia celebra el 30 aniversario del primer peregrinaje de Juan Pablo II a su
patria. Me uno a la acción de gracias por todo lo que se cumplió en Polonia y
Europa merced a aquella visita".