*Presidente
de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid
Aborto, un debate no superado
LA RAZÓN 18-5-09
José
Jara
Recientemente,
la nueva ministra de Sanidad ha manifestado que el debate sobre el aborto es un
tema ya superado en nuestra sociedad. Sin embargo, teniendo en cuenta el número
de artículos publicados en prensa sobre este tema y la amplia movilización de
las últimas manifestaciones a favor del respeto a la vida en diversas ciudades
españolas, no parece que sea ésta la situación real. Más bien parece lo
contrario. Cuando el Tribunal Constitucional, en 1985, dictó sentencia
circunscribiendo la posibilidad de abortar a tres situaciones excepcionales,
tales como el grave peligro para la salud de la madre, la presencia de taras
graves en el feto y el supuesto de violación, el debate, aunque sin consenso social,
aparentemente quedó cerrado para un sector importante de la sociedad.
Actualmente, después de transcurridos más de veinte años y ante la objetivación
de un fraude continuo a esa misma ley por parte de las clínicas acreditadas en
la realización de abortos, el debate ha vuelto a reabrirse y se pide, desde
cada vez instancias más plurales, algún tipo de control. De hecho, el primer
supuesto mencionado ha quedado convertido en un coladero para realizar el 97%
de los abortos que, en número creciente, se llevan a cabo año tras año. Por
ello, se podría afirmar que las clínicas abortistas han perdido toda
credibilidad en el manejo de esta situación que, por intereses propios, parece
habérseles ido de las manos.
Frente a esto, se ha esgrimido el derecho de la mujer a su salud reproductiva
denominándolo sintéticamente como «derecho a decidir». Desde un ángulo
ético, sería lógico preguntarnos ¿derecho a decidir qué?, ¿en beneficio o en
perjuicio de quién? La respuesta ya no puede ser, como en los años 60, que ese
derecho se ejerce sobre el propio cuerpo, ya que el embrión, tal como nos
muestra claramente la ciencia, es un ser innegablemente distinto a la madre. De
ahí que el debate ético siga estando abierto.
Ante este hecho, algunos científicos parecen haberse prestado a lanzar una
cortina de humo intentando llevar la discusión al punto sobre cuándo comienza
la vida humana, pero aquí esa cuestión no es la que está en juego, salvo que
pensemos de modo extremo que el ser humano no lo es hasta el momento del nacimiento,
renegando de todos los conocimientos de embriología. En realidad, de lo
que estamos hablando en el debate ético sobre el aborto no es de embriones de
morfología esférica, objetivables sólo en el microscopio, sino de seres con
cabeza, cuerpo, brazos y piernas que las mujeres embarazadas habitualmente
sienten como sus hijos (deseados o no deseados), y que no son identificables
con «un grupo de células» salvo que alguien las esté engañando para que tomen
una decisión dirigida y desinformada.
Por otra parte, buscando consensos posibles, al menos deberíamos estar de
acuerdo en que la información inicial que se dé a estas mujeres con embarazos
imprevistos debería ser lo más neutra posible, asumiéndola la sanidad pública y
sacándola de las clínicas privadas. En este sentido, son muy de agradecer
iniciativas desarrolladas por los propios profesionales, como la puesta en
marcha de la web www.abortoinformacionmedica.es,
en la que se oferta información sin ningún color político sobre cómo asumir
correctamente una entrevista clínica comprendiendo los sentimientos de la
mujer, mostrando la fase de gestación en la que se encuentra el nasciturus y,
brevemente, la técnica de aborto correspondiente, ofertando también
alternativas de ayuda social a las que derivar a la paciente si se desea acudir
a ellas. En definitiva, éste podría ser el primer paso para acabar con el
oscurantismo y la desinformación que rodean a las mujeres con embarazos no
deseados.
Otro modo de clarificar el debate, quitándonos la venda de los ojos, sería dar
a conocer los estudios que demuestran que el aborto no es una intervención sin
secuelas para las mujeres. La duda no está ya en elegir lo mejor para el feto o
lo mejor para la madre. Entre los muchos estudios que corroboran esto, tiene
especial interés el publicado recientemente en el «British Journal of
Psychiatry» en el que se pone de manifiesto un mayor riesgo de trastornos
psiquiátricos (depresión, trastornos de ansiedad, ideación suicida y hábitos
tóxicos) en mujeres jóvenes que habían abortado en comparación con no
embarazadas o mujeres que llevaron a cabo su embarazo. La evidencia, según
reflejan estos investigadores, es consistente para indicar la asociación con
riesgo de trastornos mentales. Resultados similares se han notificado también
en muy amplios estudios realizados en Finlandia y Canadá.
Por tanto, ¿a quién se beneficia realmente promoviendo más abortos y a edades
más tempranas? Desde luego, no es a la mujer. Lo que se necesita, el
mejor camino de entendimiento, no es promocionar más abortos, sino aportar más
ayudas y menos incertidumbre sobre su futuro a las mujeres con embarazos
imprevistos.
*Presidente
de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid