(CAMINAYVEN.COM) - El pasado día 1 de
febrero la película Camino, la última película de Javier Fesser, consiguió
6 premios Goyas otorgados por la Academia de las Artes y las Ciencias
Cinematográficas de España. Obtuvo el premio la Mejor película
española del pasado 2008. Ofrecemos a continuación la crítica de Juan
Orellana publicada en Pantalla90:
Javier Fesser nos ofrece una interminable
y aburrida película cuya primera intención es tan sorprendente como carente
de interés: “demostrar” que el proceso de beatificación de Alexia
González-Barrios es un fraude. Extraña motivación para una película comercial.
Pero vayamos por partes. ¿Quién es esta Alexia? Fue una chica madrileña, nacida
en 1971, estudiante del Colegio Jesús Maestro, que a los trece años cayó
gravemente enferma a causa de un tumor cerebral y murió en 1985, en el Hospital
Universitario de Navarra, después de un año de gran sufrimiento. Alexia era una
ferviente creyente, y vivió su enfermedad con la esperanza y la alegría que
nacían de su fe en Cristo, una fe que ella había recibido de sus padres y que
había cultivado en el ámbito del Opus Dei. En 1994 se abrió en Roma su causa de
beatificación, avalada por numerosos testimonios de la identificación con
Cristo de esta adolescente madrileña.
Pues bien, Javier Fesser, por motivos que
este crítico desconoce, decide que eso no puede ser, que hay engaño en el
asunto, aunque sea involuntario, y que el Opus Dei ha utilizado a esta chica
para inventarse una santa que diera impulso a su institución. Entonces teje una
historia de ficción, en torno a una niña llamada Camino -como el famoso libro
del fundador del Opus Dei- y cuyas peripecias argumentales siguen paralelas en
lo fundamental a la vida de Alexia. Pero esta dulce y simpática Camino está
enamorada de un chaval del grupo de teatro del barrio, grupo al que ella
siempre quiso pertenecer. Este chico se llama Jesús, que ya es casualidad, y
cada vez que en el lecho de muerte Camino dice “Amo a Jesús”, “Quiero estar con
Jesús”, etc... todos interpretan en clave cristiana lo
que es un sencillo romance adolescente. El planteamiento no puede ser más
pueril, ciertamente hilarante, pero eso es en esencia lo que sucede en el film.
Los diálogos de la niña, en general se corresponden con los testimonios
verificados, pero Fesser invierte permanentemente su sentido. Cuando la niña se
refiere al ángel “negro”, Satanás, el film afirma que se refiere a un chico de
color del grupo de teatro. Esta inconsistente paranoia es mucho más compleja de
lo que parece, ya que cuando el espectador asiste a esa esquizofrenia entre lo
que creen oír los curas y los padres de Camino, y lo que ella dice y ve en su
imaginación, el capellán deposita sobre el regazo de la enferma una estampa de
Escrivá de Balaguer, de las que se hicieron para rezar por su canonización. No
es difícil ver ahí una nueva vuelta de tuerca del director, en la que quiere
establece un paralelismo entre ambos procesos canónicos. Es una interpretación
discutible, pero al que suscribe le resultó inevitable ver esa metáfora
cinematográfica, tan sutil como elocuente.
Un guión de trazo grueso
La película abre y cierra con la misma
escena y los mismos planos. Pero con significados opuestos. Este recurso
narrativo ya lo usó eficazmente Bertolucci en Novecento. En la primera
escena vemos morir a una niña santa enamorada de Jesucristo; en la última vemos
una adolescente delirante con ensoñaciones en torno al chico con el que está
obsesionada. El espectador se da cuenta de que “estaba engañado”, como lo están
los familiares y amigos de Camino. Y lo que era una escena conmovedora se torna
algo surrealista. Pero lo que propone este recurso no es creíble en absoluto,
no se entiende que una niña lista y sagaz como Camino no haya deshecho el
entuerto a la primera de cambio. ¿O quieren decirnos que ella es cómplice y que
mantiene el engaño para contentar a su madre? Lo cual sería menos creíble aun.
Pero inconsistencias de guión hay muchas.
Curiosamente, en el film hay alguien que
descubre la verdad del verdadero amor de Camino, y la mentira de las
estrategias de Gloria, su madre, para apartar a Nuria (la hermana numeraria de
Camino) de su antiguo novio: hablamos de José, el padre. Él entiende realmente
los sentimientos de Camino y las manipulaciones de su esposa. Y cuando va a
revelarlo todo y llevarnos a un final feliz, zas, se traga un camión con el
coche y se mata. No se nota nada la mano del guionista. Otra patética
casualidad. Por cierto que este desenlace nada tiene que ver con la historia
real del padre de Alexia.
Así pues, para Fesser, la felicidad
terminal de la niña no se debe a un estado de gracia que la santifica, sino a
la efusión de su imaginación que la hace figurarse una escena de baile con el
chico de sus sueños. Como si eso bastara para afrontar el tremendo trance de la
muerte. Como si fuera posible evadirse de la realidad de una forma tan frágil
cuando se padece tanto dolor.
La caricatura del Opus Dei
El tratamiento del asunto de Camino/Alexia
es tan ridículo que no merece más atención, y es increíble que Jaume Roures
(Mediapro) haya dado su dinero para una historia tan delirante. Pero hay otro
gran pilar sobre el que se construye la película: el ataque directo y
malintencionado al Opus Dei. Lo primero que hay que decir es que para quien no
sepa nada del Opus, lo que es una numeraria, un centro de la Obra, etc... no va a entender nada de la película y se va a quedar
sumamente perplejo. Fesser no ahorra esfuerzos a la hora de exponer
minuciosamente todos aquellos aspectos que debidamente contextualizados en el
film -o descontextualizados de la realidad- pueden contribuir a transmitir una
imagen oscurantista, represora y claustrofóbica del Opus Dei y sus miembros.
Así, airea tópico sobre tópico con la osadía de quién cree saber de qué habla,
pero con la cobardía de quien oculta la verdad. El resultado es una gran
caricatura del Opus, que apoyándose en exabruptos de cualquier “ex”
problematizado, a algunos puede irritar, a otros mover a risa, pero nadie se la
tomará en serio.
Hay dos personajes a los que Fesser quiere
colgar “la identidad” del Opus. Gloria, la madre, y el capellán del Hospital.
Ella -personaje aburrido y plano como pocos- encarna la censura: reprime sus
sentimientos y los de los demás, oculta lo que le da miedo, desconfía de la
libertad, se autoprotege. El capellán representa lo contrario, el cálculo frío,
la sentencia tajante, el poder de manipulación. Su alter ego es el
director espiritual de la madre, cómplice del capellán en la gestión del asunto
de la enfermedad de Camino. Por su parte, Nuria, la hermana de Camino, aparece
como la “víctima”, como la joven a la que han quitado
el novio, a la que quitan su guitarra, su familia, sus gustos,... Lo que ocurre
es que la construcción de estos personajes es tan “evidente”, es tan clara la
mano ideológica y plana del guionista, que nos recuerda al cura de Mar
adentro: todas caricaturas carentes de drama real, de conflicto creíble, de
estatura humana plausible.
Conclusión
La bella historia de Alexia queda pendiente de ser llevada al cine. A cambio
Fesser nos ofrece un patético boceto de un miedo a la muerte no resuelto, de
una incomprensión nada inocente de una visión cristiana de la vida, de la
enfermedad y de la muerte, y un rechazo agresivo hacia aquello que no
comprende: el odio a la diferencia. Qué pena que el cine caiga tan bajo en
ocasiones como esta.