La Cuaresma y la Crisis Económica

 

A modo de “reflexión” se ha elaborado este escribo siendo su base una entrevista a Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real

Este año, la Cuaresma se enmarca en una situación en la que muchos hermanos nuestros se encuentran. Una crisis acuciante, progresiva, y sin esperanzas.

Una Crisis que tiene claras raíces morales. Por ello, esta cuaresma, os invito a hacer vida el proyecto de humanización del Evangelio y poner a Cristo en el centro de nuestras ocupaciones. La Iglesia no calla, ni puede hacerlo ante la crisis.

La Iglesia aboga por una nueva economía que instaure el “trabajo decente” que proporcione un bienestar menos ligado al consumir y  al poseer, y más ligado al ser.

La pobreza se ha ido generando en la medida en que se nos empujaba a consumir lo que ni necesitábamos ni podíamos pagar, pero podíamos obtener a crédito. 

Caritas, Manos unidas… (la red solidaria de la Iglesia) juegan un papel importante en estos momentos. Nadie discute ya la cantidad de ayuda que, a través de Cáritas  y de otras instituciones de la Iglesia, llega a multitud de familias cada día para poder afrontar esta situación.

¿Pretendemos salvar un sistema económico o a las personas? ¿ Quizá retrasar la jubilación o reducir las pensiones resuelve el problema radical de este sistema? ¿Se quiere ir de verdad a la raíz de los problemas o, simplemente, mantener el sistema actual con algún lifting?

La Iglesia aboga por un trabajo decente, mas que por el derecho al trabajo. Trabajo decente es el que hace posible una sociedad decente, que es más que una sociedad justa, una sociedad cuyas instituciones no humillan a las personas La política no puede tener sentido más que cuando se plantea como la función de servicio al bien común, y nunca en propio provecho.

Los bancos ya tienen beneficios y las grandes empresas han recuperado sus cotizaciones en Bolsa, pero los trabajadores, especialmente los más pobres, siguen angustiados. La acción del Gobierno ha sido decisiva poniendo en manos de la banca 160.000 millones para que saneara sus cuentas y facilitara créditos a empresas y familias. La banca ha utilizado ese dinero para comprar deuda pública y otros productos financieros. Algunos cálculos afirman que, por este procedimiento, la banca ha ganado 6.000 millones de euros. En cambio, muchas pequeñas empresas y familias se han hundido por falta de crédito. El desempleo es la cara más dramática de esta situación, porque manifiesta la imposibilidad de hacer frente a la vida. Familias, individuos y jóvenes viven la angustia del desempleo. 

Existen Jóvenes sin futuro, que siguen el camino de sus padres como si de una enfermedad genética se tratara, cuando sólo son víctimas del pecado personal y estructural. 

Esta crisis ha producido un cambio muy sutil: los trabajadores han pasado de ser víctimas a ser culpables. La crisis, nos dicen, se ha producido porque los bancos han concedido hipotecas a pobres desgraciados que ahora no pueden pagarlas. Todos somos víctimas de la crisis, pero en la medida en que nos hemos imbuido en el sistema dominante, hemos contribuido a ella.

A los trabajadores también se les debe pedir la capacidad y el esfuerzo de recobrar valores básicos para humanizar nuestra existencia, y la honradez y la austeridad son dos de ellos, junto con la solidaridad. 

Cuando los pobres sufren, los profetas son una necesidad. Y todos los bautizados somos llamados a ejercer ese ministerio profético. La Iglesia debe seguir haciendo lo que está haciendo: estar al lado de las víctimas, desde la encarnación y la solidaridad.

No siempre todo lo que hace de bueno la Iglesia, ni todo lo que dice, encuentra eco, cuando no se apaga con noticias que desprestigian a la Iglesia o distraen la opinión.

La nueva humanidad que va naciendo no la van a refundar los responsables del G-20. Nacerá de poner a Cristo en el centro de la vida personal, social, económica y política, haciendo vida el proyecto de humanización del Evangelio. San Ireneo ya lo decía: la gloria de Dios es que el hombre viva. Ésos son los verdaderos brotes verdes, y a esta crisis la podemos convertir en ocasión de hacerlos crecer más y mejor.