El
Dolor en un mundo que ha expulsado a Dios.
“Decenas de Psicólogos, han sido puestos
al servicio de los familiares que han
perdido a sus seres queridos, en el Trágico accidente de aviación”. Así reza
uno de los titulares de la prensa estos días.
Y parece ser que ese es el modo de
“vendar las heridas”. Recurrimos a ello como si fuera al básalo de
Fierabrás, la pócima que todo lo sana,
todo lo cura, todo lo resuelve. Ciertamente la ayuda psicológica es
importantísima. Hemos de procurar ofertarla en situaciones críticas,
angustiosas… difíciles… pero lo que está enfermo, roto, y herido casi siempre, es el alma, el
espíritu, y no solo la “mente”. Las respuestas
de ésta, dependan en gran parte, de la solidez y basamento del “Espíritu”. De
una vida con Esperanza, de una vida de Fe,
de un modo de entender la vida, y por
ende, la muerte. Depende de aquello por lo que hemos apostado e invertido nuestro
esfuerzos y el tiempo en la vida.
Una sociedad superficial, que se ha
vaciado del “Espíritu” y de todo lo “Espiritual”, solo puede ofrecer soluciones
superficiales, y ocasionales. (escuchamos expresiones como : “condenamos”, “nos manifestamos”, “tendremos
un minuto de silencio”, “nos
solidarizamos”… etc.… y otras expresiones como éstas), parecen que sean la
“solución” a unas causas que irrumpen bruscamente en la vida anodina y
cotidiana. Son expresiones quizá de un indignación o solidaridad, que deben
hacerse, pero nunca alcanzarán el peso
suficiente, la altura necesaria para ser supuestas “soluciones” o “remedios”. He
oído también: “El mundo del Deporte es
tremendamente solidario; pero no podemos suspender los juegos”. Y entonces…
¿ qué? ¿Tendrán razón el refranero
popular?
Se exalta la “exitosa capacidad de reacción y organización” ante la catástrofe, pero
ello sigue sin sanar el corazón; y no
afecta en nada a la raíz que ocasionó el
drama. Se considera como un logro de una sociedad moderna y avanzada, la “rápida capacidad de volver a la serenidad y
normalidad.” Y como tal, se debe proporcionar inmediatamente unos medios de
evasión que “diluyen” del problema y sus efectos visibles.
Se da una tendencia al reduccionismo, a
la banalidad y a lo ocasional, a la noticia y al evento, de aquello que en un
momento determinado puede quedar incrustado para toda la vida de cada uno de nosotros.
Todo menos meterle el “diente” y afrontar cara a cara, no el
efecto, sino las causas; a aquellos resortes desde donde se pueden evitar
dichas situaciones: la legislación, o la
“educación” desde la más temprana edad
en valores y virtudes. Es quizá mas fácil construir una cárcel que educar a
unos hijos.
Se llama “Acontecimiento” a una “Catástrofe”;
se llama “noticia” a un “hecho”, y sólo repercute dicha noticia mientras
dura como noticia, o proporciona audiencia. Se llama “suceso” a aquello que ocurre en el transcurso del tiempo y que el
mismo tiempo borra como las huellas en
la arena por el oleaje del mar; cuando realmente, ese “suceso” se convierte en roca firme en la orilla de nuestras vidas y
con ella puedo edificar y proyectar mi vida, haciéndola más fuerte, más seria,
más recia, más madura; trocando la amargura posible, en experiencia
enriquecedora para mi como para los demás.
Cuando el hombre no dispone de una
esperanza, se vive desesperanzado. Cuando el hombre no dispone de una
proyección hacia el futuro, se vive de la inmediatez caduca, “sueño” troncado por la enfermedad, la muerte, el
fracaso…Cuando el hombre no dispone de una ilusión que le impulsa como motor a
vivir, se queda estancado en la desilusión y en la inmediatez superficial. Me
atrevo a afirmar que sana más las heridas del Corazón y del Alma, una mano
amiga, que un “Manual”. Que educa más y mejor un ejemplo de los padres en
virtudes cívicas y cristianas a un hijo, que una asignatura de “educación para la Ciudadanía”. Mitiga
más el dolor que se sufre en lo más íntimo del alma; un abrazo de hermano; y cauteriza
mas una mirada cariñosa, un silencio compartido o una oración que brota del
corazón por el amigo, que un ansiolítico.
Nuestro mundo dispone de todos los resortes
necesarios para “limpiar”, inmediatamente los “residuos”, como si de un
accidente de carretera se tratase, (tierra que absorbe y tapa; agua que arrastra, o disolventes que eliminan todo rastro).
Disponemos de un grupo de profesionales que saben realizar muy bien su
cometido. Pero esto sólo puede aplicarse al mundo de la Física; en el mundo del
Espíritu es, y debe ser diferente.
El calvario Psicológico es terrible, y
hemos de proporcionar todos los medios para mitigarlo. Pero más terrible
será el calvario Espiritual, cuando
nadie proporciona una esperanza, una fe, una vida plena, más allá de ésta.
Pero no se puede borrar tan fácilmente
aquello que no ha sido un “suceso” para
mí, sino un acontecimiento; o aquello no ha sido un “acontecimiento”, sino una “catástrofe”
para mí; aquello que no ha sido una “noticia” sino un hecho fundamental en mi vida y que quedará anclado en el alma, en
el corazón, en el espíritu y en la vida. Quizá no deseemos que sea “borrado” como se borra el disco Duro de un Ordenador; quizá no deseo olvidar, o ignorar, sino contar con ello, sin ser un
sentimiento y un recuerdo enfermizo, pero sí que me impulse hacia delante mi
vida.
Miguel
Ángel Schiller Villalta, Párroco de San José de L´Alfás del Pi