Su luz brilla en medio del lodo
José Luis Restán. 15/03/2010
Quizás esté siendo
Con una precisión de relojero saltan
los casos perfectamente medidos, como bombas que persiguen su objetivo. Y
mientras se espera la carta dirigida a los católicos de Irlanda tras las
terribles denuncias del Informe Ryan, la prensa destapa historias ya viejas en
Holanda, en Alemania y en Austria, muchas de ellas juzgadas y archivadas veinte
o treinta años atrás. Material inflamable para construir una historia tan sucia
como mentirosa. Se trata de instalar en el imaginario colectivo la figura
de una Iglesia que ya no es sólo un cuerpo extraño en la sociedad postmoderna,
sino una especie de monstruo cuya propuesta moral y cuya disciplina interna
abocan a sus miembros a la anormalidad y al abuso. Sí, ésta es
Ya escucho la pregunta: ¿pero es verdad
o no lo que se nos cuenta? Veamos los datos. En Alemania, por ejemplo, de los
210.000 casos de abusos a menores denunciados desde 1995, 94 corresponden a
eclesiásticos. Cierto que 94 casos en parroquias y colegios son una enormidad,
constituyen una llaga en el cuerpo de
El horror de estos casos no puede
minimizarse, y por eso Benedicto XVI (ya desde que era Prefecto de
El sociólogo Massimo Introvigne ha
publicado al respecto un magnífico artículo en el que explica que el huracán
mediático de estas semanas responde a lo que se conoce como un fenómeno de
"pánico moral", perfectamente teledirigido desde determinados centros
de influencia. Según su explicación se trata de una "hiperconstrucción
social" tendente a crear una figura predeterminada (el monstruo del que
hablamos al principio) con materiales fragmentarios y desperdigados en el
tiempo. Existe ciertamente un problema real: sacerdotes (siempre demasiados)
que han realizado el nefando crimen del abuso a menores. Pero las
dimensiones, los tiempos y el contexto histórico son sistemáticamente alterados
o silenciados. Nadie pone esos números de la vergüenza eclesial en relación
a la totalidad brutal del problema; nadie dice, por ejemplo, que en los Estados
Unidos eran cinco veces más los casos imputados a pastores de comunidades
protestantes, o que en el mismo periodo en que en ese país fueron condenados
cien sacerdotes católicos, fueron cinco mil los profesores de gimnasia y
entrenadores deportivos que sufrieron idéntica condena. ¡Y nadie ha pedido cuentas
a
La semana pasada el "pánico
moral" teledirigido ha centrado bien alto su objetivo. La caza ha buscado
una pieza mayor, el propio Benedicto XVI, el Papa que ha abierto ventanas y ha
establecido una batería de disposiciones de máxima transparencia, colaboración
con las autoridades y, sobre todo, sanación de las víctimas. Ha sido el Papa
que en Estados Unidos y Australia se encontró cara a cara con quienes habían
padecido esa terrible experiencia, para pedirles perdón en nombre de una
Iglesia de la que ellos son miembros heridos, y merecen por tanto una
preferencia total. Las insinuaciones sobre el Papa Ratzinger en esta materia
merecerían simple desprecio si no fuese porque indican algo importante de este
momento histórico. Hay un poder cultural, político y mediático que ha puesto
a Pedro en su punto de mira, ya sin rubor y sin embozo. Cierto que no es la
primera vez, y conviene recordarlo. Pero el furor y las armas de esta
hora son, si cabe, más insidiosas que los de otros momentos de la historia.
Es posible imaginar la conciencia
lúcida con que Benedicto XVI contempla este oleaje, y el consiguiente dolor que
le acompaña en este momento dramático en que él mismo se ha convertido, dentro
de
(Nota de transmisor: En España el
órgano mediático encargado de esta insidia ha sido, cómo no, el diario EL PAÍS.
Aunque no sólo. IDEAL, del grupo VODAFONE, se ha hecho eco de un artículo del
detestable H. Küng, que no puede disimular su aversión hacia el Papa y la
Iglesia).