15 de mayo de 2008

Sobre la Crítica

 

Después de 18 años consagrado al Sacerdocio… y digo bien, pues no se trata de una devoción o afición… que es lo que muchas veces se oculta tras unos candelabros encendidos, un puñado de incienso y humo, y un cuadro del Cristo….  que algún que otro  arrastra sustituyendo una vocación sacerdotal frustrada…  he sido, seré y seremos los Sacerdotes, blanco de críticas en todos los destinos,  situaciones y tiempos. Pertenece esto a la identidad del “profeta”.

 

La Crítica en los hombres suele ser propia de personas que carecen de las virtudes varoniles… o en su caso, de las virtudes femeninas, pero sobre todo, el demonio se ceba  no sólo en esas almas débiles, “fofas” o mediocres… sino que a través de ellas, se sirve para crear divisiones, rupturas, tensiones, mal estar, etc.…

 

El que critica, hace tres asesinatos con un solo estoque de su lengua: mata su alma, mata el alma de quien escucha y mata aquel de quien critica. (después, cuando llegamos al Confesionario, no sabemos de que confesarnos…)

 

Suelen ser, por último, personas que les avala una vida sin brillo, mediocres, resentidos y muchas veces acomplejados. Dicho de manera clara: “Faltos de higiene mental”.  (Es frecuente encontrar en la historia de los recalcitrantes y exacerbados “anti-Iglesia, una vocación frustrada).

 

Es la Crítica un pecado difícil de perdonar, porque atenta contra el cuerpo de Cristo, la “Unidad” en la comunidad (que no es lo mismo que la uniformidad) y contra el Espíritu Santo o lo que es lo mismo, sus siete dones. (¿Verdad que el Espíritu Santo, llegados a este punto, va  dejando de ser una “palomita”?.

 

La experiencia nos enseña que el desenlace de estas personas, ya aquí en la tierra es, y a corto plazo, desastroso. No es que Dios castigue, es algo más sencillo, el veneno que está en sus lengua, pronto es ingerido por ellos mismos.

 

Por último, quiero traer aquí aquella anécdota que leí cierto lugar, que puede ser muy “clarificadora”:  

 

“Una pareja   de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo. En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, mi mujer reparó a través de la ventana, que una vecina colgaba sábanas en el tendedero. ¡¡ Que sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero .. !  Quiza necesita un jabón nuevo..  ¡ Ojalá pudiera ayudarla a lavar las sábanas !

 

Miré y quedó callado. Y así, cada dos o tres días, mi mujer  repetía su discurso, mientras la vecina tendía sus  ropas al sol y el viento. Al mes, mi mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas limpísimas, y  me dijo: Marido:¡ Mira, aprendió a lavar la ropa ! ¿ Le habrá enseñado otra vecina ?. Le respondí:  ¡No, hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana !

Todo depende de la limpieza de la ventana, a través  de la cual observamos los hechos. Antes de criticar, quizá sería conveniente revisar si hemos limpiado el corazón para poder ver más claro. Entonces podremos ver claramente  la limpieza del corazón de los  demás. “

 

                                               Miguel Ángel Schiller Villalta, Párroco de San José. De L ´Alfás del Pi