Saludo inicial
1 1 Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser
Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, 2 que él
había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, 3
acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor,
nacido de la estirpe de David
según la carne,
4 y constituido Hijo de Dios con poder
según el Espíritu santificador,
por su resurrección de entre los muertos.
5 Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
a fin de conducir a la obediencia de la fe,
para gloria de su Nombre,
a todos los pueblos paganos,
6 entre los cuales se encuentran también vosotros,
que han sido llamados por Jesucristo.
7 A todos los que están en Roma,
amados de Dios, llamados a ser santos,
llegue la gracia y la paz,
que proceden de Dios, nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo.
8
En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo, a causa de
todos vosotros, porque su fe es alabada en el mundo entero. 9 Dios,
a quien tributo un culto espiritual anunciando la Buena Noticia de su Hijo, es
testigo de que yo los recuerdo constantemente, 10 pidiendo siempre
en mis oraciones que pueda encontrar, si Dios quiere, la ocasión favorable para
ir a visitarlos. 11 Porque tengo un gran deseo de verlos, a fin de
comunicarles algún don del Espíritu que los fortalezca, 12 mejor
dicho, a fin de que nos reconfortemos unos a otros, por la fe que tenemos en
común. 13 Hermanos, quiero que sepan que muchas veces intenté
visitarlos para recoger algún fruto también entre vosotros, como lo he recogido
en otros pueblos paganos; pero hasta ahora no he podido hacerlo. 14
Yo me debo tanto a los griegos como a los que no lo son, a los sabios como a
los ignorantes. 15 De ahí mi ardiente deseo de anunciarles la Buena
Noticia también a vosotros, los que habitan en Roma.
16
Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación
de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y después de los que no
lo son. 17 En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe
y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la
fe.
18
En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad y la
injusticia de los hombres, que por su injusticia retienen prisionera la verdad.
19 Porque todo cuanto se puede conocer acerca de Dios está patente
ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer, 20 ya que sus atributos
invisibles –su poder eterno y su divinidad– se hacen visibles a los ojos de la
inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras. Por lo
tanto, aquellos no tienen ninguna excusa: 21 en efecto, habiendo
conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por
el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó
en la oscuridad. 22 Haciendo alarde de sabios se convirtieron en
necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por
imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y
reptiles.
24
Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a
una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, 25 ya que han
sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las
criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén. 26
Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron
las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. 27
Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron
en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y
recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. 28
Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente
depravada para que hicieran lo que no se debe. 29 Están llenos de
toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia,
crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones. 30 Son
detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para
el mal, rebeldes con sus padres, 31 insensatos, desleales,
insensibles, despiadados. 32 Y a pesar de que conocen el decreto de
Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las
practican, sino que también aprueban a los que las hacen.
2
1 Por eso, tú que pretendes ser juez de los demás –no importa quién
seas– no tienes excusa, porque al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya
que haces lo mismo que condenas. 2 Sabemos que Dios juzga de acuerdo
con la verdad a los que se comportan así. 3 Tú que juzgas a los que
hacen esas cosas e incurres en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de
Dios? 4 ¿O desprecias la riqueza de la bondad de Dios, de su
tolerancia y de su paciencia, sin reconocer que esa bondad te debe llevar a la
conversión? 5 Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas
acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios
de Dios, 6 que retribuirá a cada uno según sus obras. 7
Él dará la Vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien,
buscan la gloria, el honor y la inmortalidad. 8 En cambio, castigará
con la ira y la violencia a los rebeldes, a los que no se someten a la verdad y
se dejan arrastrar por la injusticia. 9 Es decir, habrá tribulación
y angustia para todos los que hacen el mal: para los judíos, en primer lugar, y
también para los que no lo son. 10 Y habrá gloria, honor y paz para
todos los que obran el bien: para los judíos, en primer lugar, y también para
los que no lo son, 11 porque Dios no hace acepción de personas.
12
En efecto, todos los que hayan pecado sin tener la Ley de Moisés perecerán sin
esa Ley; y los que hayan pecado teniendo la Ley serán juzgados por ella, 13
porque a los ojos de Dios, no son justos los que oyen la Ley, sino los que la
practican. 14 Cuando los paganos, que no tienen la Ley, guiados por
la naturaleza, cumplen las prescripciones de la Ley, aunque no tengan la Ley,
ellos son ley para sí mismos, 15 y demuestran que lo que ordena la
Ley está inscrito en sus corazones. Así lo prueba el testimonio de su propia
conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa, 16 hasta
el Día en que Dios juzgará las intenciones ocultas de los hombres por medio de
Cristo Jesús, conforme a la Buena Noticia que yo predico. 17 Pero
tú, que te precias de ser judío; tú que te apoyas en la Ley y te glorías en
Dios; 18 tú que dices conocer su voluntad e, instruido por la Ley,
pretendes discernir lo mejor, 19 presumiendo ser guía de ciegos y
luz para los que andan en tinieblas; 20 tú que instruyes a los
ignorantes y eres maestro de los simples, porque tienes en la Ley la norma de
la ciencia y de la verdad; 21 ¡tú, que enseñas a los otros, no te
enseñas a ti mismo! Tú, que hablas contra el robo, también robas. 22
Tú, que condenas el adulterio, también lo cometes. Tú, que aborreces a los
ídolos, saqueas sus templos. 23 Tú, que te glorías en la Ley,
deshonras a Dios violando la Ley. 24 Porque como dice la Escritura: Por
culpa de vosotros, el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones.
25
La circuncisión es útil si practicas la Ley, pero si no la practicas, es lo
mismo que si fueras un incircunciso. 26 Al contrario, el que no está
circuncidado, pero observa las prescripciones de la Ley, será tenido por un
verdadero circunciso. 27 Más aún, el que físicamente no está
circuncidado pero observa la Ley, te juzgará a ti, que teniendo la letra de la
Ley y la circuncisión, no practicas la Ley. 28 Porque no es
verdadero judío el que lo es exteriormente, ni la verdadera circuncisión es la
que se nota en la carne. 29 El verdadero judío lo es interiormente,
y la verdadera circuncisión es la del corazón, la que se hace según el espíritu
y no según la letra de la Ley. A este le corresponde la alabanza, no de los
hombres, sino de Dios.
3
1 ¿Cuál es entonces la superioridad del judío, y qué utilidad tiene
la circuncisión? 2 Las ventajas son muchas desde todo punto de
vista. Ante todo, Dios confió su Palabra a los judíos. 3 ¿Y qué
importa que algunos no hayan creído? ¿Acaso su incredulidad anulará la
fidelidad de Dios? 4 De ninguna manera: Dios es veraz, y todo
hombre, mentiroso, porque como dice la Escritura: Serás reconocido como
justo por lo que dices y triunfarás cuando seas juzgado. 5 Ahora
bien, si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué conclusión
sacaremos? ¿Dios será injusto –me expreso en términos humanos– al dar libre
curso a su ira? 6 De ningún modo. De lo contrario, ¿cómo podría Dios
juzgar al mundo? 7 Pero si con mi mentira, la verdad de Dios sale
ganando, para gloria suya, ¿por qué todavía voy a ser condenado como pecador? 8
¿O debemos hacer el mal para que resulte el bien, como algunos calumniadores
nos hacen decir? ¡Estos sí merecen ser condenados!
9
En definitiva, entonces, ¿somos o no superiores a los paganos? De ninguna
manera. 10 Porque acabamos de probar que todos están sometidos al
pecado, tanto los judíos como los que no lo son. Así lo afirma la Escritura:
No hay ningún justo, ni siquiera uno;
11 no hay nadie que comprenda,
nadie que busque a Dios.
12 Todos están extraviados,
igualmente corrompidos;
nadie practica el bien,
ni siquiera uno solo.
13 Su garganta es un sepulcro abierto;
engañan con su lengua,
sus labios destilan veneno de víboras,
14 su boca está llena de maldición y amargura.
15 Sus pies son rápidos para derramar sangre,
16 en sus caminos hay ruina y miseria,
17 no conocen la senda de la paz.
18 El temor de Dios no está ante sus ojos.
19 Ahora bien, nosotros sabemos que todo lo que dice la Ley es
válido solamente para los que están bajo la Ley, a fin de que nadie pueda
alegar inocencia y todo el mundo sea reconocido culpable delante de Dios. 20
Porque a los ojos de Dios, nadie será justificado por las obras de la
Ley, ya que la Ley se limita a hacernos conocer el pecado.
21
Pero ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por
la Ley y los Profetas: 22 la justicia de Dios, por la fe en
Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay ninguna distinción: 23
todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24 pero son
justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención cumplida en
Cristo Jesús. 25 Él fue puesto por Dios como instrumento de
propiciación por su propia sangre, gracias a la fe. De esa manera, Dios ha
querido mostrar su justicia: 26 en el tiempo de la paciencia divina,
pasando por alto los pecados cometidos anteriormente, y en el tiempo presente,
siendo justo y justificando a los que creen en Jesús.
27
¿Qué derecho hay entonces para gloriarse? Ninguno. Pero, ¿en virtud de qué ley
se excluye ese derecho? ¿Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe.
28 Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe,
sin las obras de la Ley. 29 ¿Acaso Dios es solamente el Dios de los
judíos? ¿No lo es también de los paganos? Evidentemente que sí, 30
porque no hay más que un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud
de la fe y a los incircuncisos por medio de esa misma fe. 31
Entonces, ¿por medio de la fe, anulamos la Ley? ¡Ni pensarlo! Por el contrario,
la confirmamos.
4 1 ¿Y
qué diremos de Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Si él
hubiera sido justificado por las obras tendría de qué gloriarse, pero no
delante de Dios. 3 Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham creyó
en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 4
Ahora bien, al que trabaja no se le da el salario como un regalo, sino como
algo que se le debe. 5 Pero al que no hace nada, sino que cree en
aquel que justifica al impío, se le tiene en cuenta la fe para su
justificación. 6 Por eso David proclama la felicidad de aquel a
quien Dios confiere la justicia sin las obras, diciendo:
7 Felices aquellos
a quienes fueron perdonadas sus faltas
y cuyos pecados han sido cubiertos.
8 Feliz el hombre
a quien Dios no le tiene en cuenta su pecado.
9
Pero esta felicidad, ¿es únicamente para los que han sido circuncidados, o
también para los que no lo han sido? Consideremos lo que ya dijimos: A
Abraham le fue tenida en cuenta la fe para su justificación. 10
¿Cuándo le fue tenida en cuenta? ¿Antes o después de la circuncisión?
Evidentemente antes y no después. 11 Y él recibió el signo de la
circuncisión, como sello de la justicia que alcanzó por medio de la fe,
antes de ser circuncidado. Así llegó a ser padre de aquellos que, a pesar de no
estar circuncidados, tienen la fe que les es tenida en cuenta para su
justificación. 12 Y es también padre de los que se circuncidan pero
no se contentan con esto, sino que siguen el mismo camino de la fe que tuvo
nuestro padre Abraham, antes de ser circuncidado.
13
En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su
posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que
procede de la fe. 14 Porque si la herencia pertenece a los que están
bajo la Ley, la fe no tiene objeto y la promesa carece de valor, 15
ya que la Ley provoca la ira y donde no hay Ley tampoco hay trasgresión. 16
Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia
sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de
Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la
fe. Porque él es nuestro padre común, 17 como dice la Escritura: Te
he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los
ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la
existencia a las cosas que no existen.
18
Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas
naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. 19
Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto –era casi
centenario– y que también lo estaba el seno de Sara. 20 Él no dudó
de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, fortalecido por esa
fe, glorificó a Dios, 21 plenamente convencido de que Dios tiene
poder para cumplir lo que promete. 22 Por eso, la fe le fue
tenida en cuenta para su justificación. 23 Pero cuando dice la
Escritura: Dios tuvo en cuenta su fe, no se refiere únicamente a
Abraham, sino también a nosotros, 24 que tenemos fe en aquel que
resucitó a nuestro Señor Jesús, 25 el cual fue entregado por
nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.
5
1 Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por
medio de nuestro Señor Jesucristo. 2 Por él hemos alcanzado,
mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos
en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Más aún, nos gloriamos hasta
de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la
constancia; 4 la constancia, la virtud probada; la virtud probada,
la esperanza. 5 Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor
de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos
ha sido dado. 6 En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en
el tiempo señalado, murió por los pecadores. 7 Difícilmente se encuentra
alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir
por un bienhechor. 8 Pero la prueba de que Dios nos ama es que
Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9 Y ahora
que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos librados por él
de la ira de Dios. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos
reconciliados, seremos salvados por su vida. 11 Y esto no es todo:
nosotros nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por
quien desde ahora hemos recibido la reconciliación.
12
Por lo tanto, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el
pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos
pecaron. 13 En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la
Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. 14 Sin
embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no
habían pecado, cometiendo una trasgresión semejante a la de Adán, que es figura
del que debía venir. 15 Pero no hay proporción entre el don y la
falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de
Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron
derramados mucho más abundantemente sobre todos. 16 Tampoco se puede
comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre,
ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de
la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. 17 En
efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón,
vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han
recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia. 18 Por
consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos,
también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la
justificación que conduce a la Vida. 19 Y de la misma manera que por
la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también
por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos. 20 Es
verdad que la Ley entró para que se multiplicaran las transgresiones, pero
donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 21 Porque así como el
pecado reinó produciendo la muerte, también la gracia reinará por medio de la
justicia para la Vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.
6
1 ¿Qué diremos entonces? ¿Que debemos seguir pecando para que abunde
la gracia? 2 ¡Ni pensarlo! ¿Cómo es posible que los que hemos muerto
al pecado sigamos viviendo en él? 3 ¿No saben vosotros que todos los
que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo
resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. 5
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya,
también nos identificaremos con él en la resurrección. 6
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera
destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. 7
Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. 8 Pero si hemos
muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. 9 Sabemos
que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene
poder sobre él. 10 Al morir, él murió al pecado, una vez por todas;
y ahora que vive, vive para Dios. 11 Así también vosotros, considérense
muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
12
No permitan que el pecado reine en sus cuerpos mortales, obedeciendo a sus
malos deseos. 13 Ni hagan de sus miembros instrumentos de injusticia
al servicio del pecado, sino ofrézcanse vosotros mismos a Dios, como quienes
han pasado de la muerte a la Vida, y hagan de sus miembros instrumentos de
justicia al servicio de Dios. 14 Que el pecado no tenga más dominio
sobre vosotros, ya que no están sometidos a la Ley, sino a la gracia. 15
¿Entonces qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos sometidos a la Ley sino a la
gracia? ¡De ninguna manera! 16 ¿No saben que al someterse a alguien
como esclavos para obedecerle, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen, sea
del pecado, que conduce a la muerte, sea de la obediencia que conduce a la
justicia? 17 Pero gracias a Dios, vosotros, después de haber sido
esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina, a la cual
fueron confiados, 18 y ahora, liberados del pecado, han llegado a
ser servidores de la justicia. 19 Voy a hablarles de una manera
humana, teniendo en cuenta la debilidad natural de vosotros. Si antes
entregaron sus miembros, haciéndolos esclavos de la impureza y del desorden
hasta llegar a sus excesos, pónganlos ahora al servicio de la justicia para
alcanzar la santidad.
20
Cuando eran esclavos del pecado, vosotros estaban libres con respecto de la
justicia. 21 Pero, ¿qué provecho sacaron entonces de las obras que
ahora los avergüenzan? El resultado de esas obras es la muerte. 22
Ahora, en cambio, vosotros están libres del pecado y sometidos a Dios: el fruto
de esto es la santidad y su resultado, la Vida eterna. 23 Porque el
salario del pecado es la muerte, mientras que el don gratuito de Dios es la
Vida eterna, en Cristo Jesús, nuestro Señor.
7
1 ¿Acaso vosotros ignoran, hermanos –hablo a gente que entiende de
leyes– que el hombre está sujeto a la ley únicamente mientras vive? 2
Así, una mujer casada permanece ligada por la ley a su esposo mientras él viva;
pero al morir el esposo, queda desligada de la ley que la unía a él. 3
Por lo tanto, será tenida por adúltera si en vida de su marido, se une a otro
hombre. En cambio, si su esposo muere, quedará desligada de la ley, y no será
considerada adúltera si se casa con otro hombre. 4 De igual manera,
hermanos, por la unión con el cuerpo de Cristo, vosotros han muerto a la Ley,
para pertenecer a otro, a aquel que resucitó a fin de que podamos dar frutos
para Dios. 5 Porque mientras vivíamos según la naturaleza carnal,
las malas pasiones, estimuladas por la Ley, obraban en nuestros miembros para
hacernos producir frutos de muerte. 6 Pero ahora, muertos a todo
aquello que nos tenía esclavizados, hemos sido liberados de la Ley, de manera que
podamos servir a Dios con un espíritu nuevo y no según una letra envejecida.
7
¿Diremos entonces que la Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Pero yo no hubiera
conocido el pecado si no fuera por la Ley. En efecto, hubiera ignorado la
codicia, si la Ley no dijera: No codiciarás. 8 Pero el
pecado, aprovechando la oportunidad que le daba el precepto, provocó en mí toda
suerte de codicia, porque sin la Ley, el pecado es cosa muerta. 9
Hubo un tiempo en que yo vivía sin Ley, pero al llegar el precepto, tomó vida
el pecado, 10 y yo, en cambio, morí. Así resultó que el mandamiento
que debía darme la vida, me llevó a la muerte. 11 Porque el pecado,
aprovechando la oportunidad que le daba el precepto, me sedujo y, por medio del
precepto, me causó la muerte.12 De manera que la Ley es santa, como
es santo, justo y bueno el precepto. 13 ¿Pero es posible que lo bueno me
cause la muerte? ¡De ningún modo! Lo que pasa es que el pecado, a fin de mostrarse
como tal, se valió de algo bueno para causarme la muerte, y así el pecado, por
medio del precepto, llega a la plenitud de su malicia.
14
Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, y estoy vendido
como esclavo al pecado. 15 Y ni siquiera entiendo lo que hago,
porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco. 16 Pero si hago
lo que no quiero, con eso reconozco que la Ley es buena. 17 Pero
entonces, no soy yo quien hace eso, sino el pecado que reside en mí, 18
porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo
de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. 19 Y así,
no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. 20 Pero
cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside
en mí. 21 De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer
el bien, se me presenta el mal. 22 Porque de acuerdo con el hombre
interior, me complazco en la Ley de Dios, 23 pero observo que hay en
mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me ata a la ley del
pecado que está en mis miembros. 24 ¡Ay de mí! ¿Quién podrá librarme
de este cuerpo que me lleva a la muerte? 25 ¡Gracias a Dios, por
Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a la Ley de Dios,
pero con mi carne sirvo a la ley del pecado.
8
1 Por lo tanto, ya no hay condenación para aquellos que viven unidos
a Cristo Jesús. 2 Porque la ley del Espíritu, que da la Vida, te ha
librado, en Cristo Jesús, de la ley del pecado y de la muerte. 3 Lo
que no podía hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios lo hizo,
enviando a su propio Hijo, en una carne semejante a la del pecado, y como
víctima por el pecado. Así él condenó el pecado en la carne, 4 para
que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que ya no vivimos conforme a
la carne sino al espíritu.
5
En efecto, los que viven según la carne desean lo que es carnal; en cambio, los
que viven según el espíritu, desean lo que es espiritual. 6 Ahora
bien, los deseos de la carne conducen a la muerte, pero los deseos del espíritu
conducen a la vida y a la paz, 7 porque los deseos de la carne se
oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo. 8
Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. 9
Pero vosotros no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el
Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no
puede ser de Cristo. 10 Pero si Cristo vive en vosotros, aunque el
cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa
de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús
habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus
cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en vosotros. 12
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera
carnal. 13 Si vosotros viven según la carne, morirán. Al contrario,
si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.
14
Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15
Y vosotros no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el
temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!,
es decir, ¡Padre! 16 El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu
para dar testimonio de que somos hijos de Dios. 17 Y si somos hijos,
también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque
sufrimos con él para ser glorificados con él.
18
Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con
la gloria futura que se revelará en nosotros. 19 En efecto, toda la
creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. 20
Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la
sometió, pero conservando una esperanza. 21 Porque también la
creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la
gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Sabemos que la creación
entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. 23 Y no
sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos
interiormente anhelando que se realice la plena filiación adoptiva, la
redención de nuestro cuerpo. 24 Porque solamente en esperanza
estamos salvados. Ahora bien, cuando se ve lo que se espera, ya no se espera
más: ¿acaso se puede esperar lo que se ve? 25 En cambio, si
esperamos lo que no vemos, lo esperamos con constancia.
26
Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no
sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con
gemidos inefables. 27 Y el que sondea los corazones conoce el deseo
del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo
con la voluntad divina.
28
Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo
aman, de aquellos que él llamó según su designio. 29 En efecto, a
los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su
Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; 30 y a
los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó;
y a los que justificó, también los glorificó.
31
¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará
contra nosotros? 32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? 33
¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. 34
¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió,
más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?
35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las
tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los
peligros, la espada? 36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos
entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas
al matadero. 37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria,
gracias a aquel que nos amó. 38 Porque tengo la certeza de que ni la
muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo
futuro, ni los poderes espirituales, 39 ni lo alto ni lo profundo,
ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado
en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Los privilegios de Israel
9 1 Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me
lo atestigua en el Espíritu Santo. 2 Siento una gran tristeza y un
dolor constante en mi corazón. 3 Yo mismo desearía ser maldito,
separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza. 4
Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las
alianzas, la legislación, el culto y las promesas. 5 A ellos
pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su
condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente.
Amén.
6
No es cierto que la palabra de Dios haya caído en el vacío. Porque no todos los
que descienden de Israel son realmente israelitas. 7 Como tampoco
todos los descendientes de Abraham son hijos suyos, sino que como dice la
Escritura: De Isaac nacerá tu descendencia. 8 Esto quiere
decir que los hijos de Dios no son los que han nacido de la carne, y que la
verdadera descendencia son los hijos de la promesa. 9 Porque así
dice la promesa: Para esta misma fecha volveré, y entonces Sara tendrá un
hijo. 10 Y esto no es todo: está también el caso de Rebeca que
concibió dos hijos de un solo hombre, Isaac, nuestro padre. 11 Antes
que nacieran los niños, antes que pudieran hacer el bien o el mal –para que
resaltara la libertad de la elección divina, 12 que no depende de
las obras del hombre, sino de aquel que llama– Dios le dijo a Rebeca: El
mayor servirá al menor, 13 según lo que dice la Escritura: Preferí
a Jacob, en lugar de Esaú.
14
¿Diremos por eso que Dios es injusto? ¡De ninguna manera! 15 Porque
él dijo a Moisés: Seré misericordioso con el que yo quiera, y me compadeceré
del que quiera compadecerme. 16 En consecuencia, todo depende no
del querer o del esfuerzo del hombre, sino de la misericordia de Dios. 17
Porque la Escritura dice al Faraón: Precisamente para eso te he exaltado,
para que en ti se manifieste mi poder y para que mi Nombre sea celebrado en
toda la tierra. 18 De manera que Dios tiene misericordia del que
él quiere y endurece al que él quiere. 19 Tú me podrás objetar:
Entonces, ¿qué puede reprocharnos Dios? ¿Acaso alguien puede resistir a su
voluntad? 20 Pero tú, ¿quién eres para discutir con Dios? ¿Puede
el objeto modelado decir al que lo modela: Por qué me haces así? 21
¿No es el alfarero dueño de su arcilla, para hacer de un mismo material una
vasija fina o una ordinaria? 22 ¿Qué podemos reprochar a Dios, si
queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, soportó con gran
paciencia a quienes atrajeron su ira y merecieron la perdición? 23 Y si
él quiso manifestar la riqueza de su gloria en los que recibieron su
misericordia, en los que él predestinó para la gloria, 24 en
nosotros, que fuimos llamados por él, no sólo de entre los judíos, sino también
de entre los paganos, ¿qué podemos reprocharle?
25
Esto es lo que dice Dios por medio de Oseas: Al que no era mi pueblo, lo
llamaré «Mi pueblo», y a la que no era mi amada la llamaré «Mi amada». 26 Y en
el mismo lugar donde se les dijo: «Vosotros no son mi pueblo», allí mismo serán
llamados «Hijos del Dios viviente». 27 A su vez, Isaías proclama
acerca de Israel: Aunque los israelitas fueran tan numerosos como la arena
del mar, sólo un resto se salvará, 28 porque el Señor cumplirá plenamente y sin
tardanza su palabra sobre la tierra. 29 Y como había anticipado
el profeta Isaías: Si el Señor del universo no nos hubiera dejado un germen,
habríamos llegado a ser como Sodoma, seríamos semejantes a Gomorra. 30
¿Qué conclusión sacaremos de todo esto? Que los paganos que no buscaban la
justicia, alcanzaron la justicia, la que proviene de la fe; 31
mientras que Israel, que buscaba una ley de justicia, no llegó a cumplir esa
ley. 32 ¿Por qué razón? Porque no recurrieron a la fe sino a las
obras. De este modo chocaron contra la piedra de tropiezo, 33
como dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca
que hace caer, pero el que cree en él, no quedará confundido.
10
1 Hermanos, mi mayor deseo y lo que pido en mi oración a Dios es que
ellos se salven. 2 Yo atestiguo en favor de ellos que tienen celo
por Dios, pero un celo mal entendido. 3 Porque desconociendo la
justicia de Dios y tratando de afirmar la suya propia, rehusaron someterse a la
justicia de Dios, 4 ya que el término de la Ley es Cristo, para
justificación de todo el que cree. 5 Moisés, en efecto, escribe
acerca de la justicia que proviene de la Ley: El hombre que la practique
vivirá por ella. 6 En cambio, la justicia que proviene de la fe
habla así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, esto
es, para hacer descender a Cristo. 7 O bien: ¿Quién descenderá al
Abismo?, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. 8
¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu
boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros
predicamos. 9 Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor
y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.
10 Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca
se confiesa para obtener la salvación. 11 Así lo afirma la
Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. 12
Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el
mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. 13 Ya que
todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
14
Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de
él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? 15 ¿Y quiénes
predicarán, si no se los envía? Como dice la Escritura: ¡Qué hermosos son
los pasos de los que anuncian buenas noticias! 16 Pero no todos
aceptan la Buena Noticia. Así lo dice Isaías: Señor, ¿quién creyó en nuestra
predicación? 17 La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la
predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo. 18 Yo me
pregunto: ¿Acaso no la han oído? Sí, por supuesto: Por toda la tierra se
extiende su voz y sus palabras llegan hasta los confines del mundo. 19
Pero vuelvo a preguntarme: ¿Es posible que Israel no haya comprendido? Ya lo
dijo Moisés: Yo los pondré celosos con algo que no es un pueblo, los
irritaré con una nación insensata. 20 E Isaías se atreve a
decir: Me encontraron los que no me buscaban y me manifesté a aquellos que
no preguntaban por mí. 21 De Israel, en cambio, afirma: Durante
todo el día tendí mis manos a un pueblo infiel y rebelde.
11
1 Entonces me pregunto: ¿Dios habrá rechazado a su Pueblo? ¡Nada de
eso! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de
Benjamín. 2 Dios no ha rechazado a su Pueblo, al que eligió
de antemano. ¿Vosotros no saben acaso lo que dice la Escritura en la historia
de Elías? Él se quejó de Israel delante de Dios, diciendo: 3 Señor, han
matado a tus profetas, destruyeron tus altares; he quedado yo solo y tratan de
quitarme la vida. 4 ¿Y qué le respondió el oráculo divino?: Me
he reservado siete mil hombres que no doblaron su rodilla ante Baal. 5
Así, en el tiempo presente, hay también un resto elegido gratuitamente. 6
Y si es por gracia, no es por las obras; de lo contrario, la gracia no sería
gracia.
7
¿Qué conclusión sacaremos de esto? Que Israel no alcanzó lo que buscaba, sino
que lo consiguieron los elegidos; en cuanto a los demás, se endurecieron, 8
según la palabra de la Escritura: Dios los insensibilizó, para que sus ojos
no vean y sus oídos no escuchen hasta el día de hoy. 9 Y David
añade: Que su mesa se convierta en una trampa y en un lazo, en
ocasión de caída y en justo castigo. 10 Que se nublen sus
ojos para que no puedan ver, y doblégales la espalda para siempre.
11
Yo me pregunto entonces: ¿El tropiezo de Israel significará su caída
definitiva? De ninguna manera. Por el contrario, a raíz de su caída, la
salvación llegó a los paganos, a fin de provocar los celos de Israel. 12
Ahora bien, si su caída enriqueció al mundo y su disminución a los paganos,
¿qué no conseguirá su conversión total? 13 A vosotros, que son de
origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago
honor a mi ministerio 14 provocando los celos de mis hermanos de
raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. 15 Porque si la
exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su
reintegración, ¿no será un retorno a la vida?
16
Si las primicias son santas, también lo es toda la masa; si la raíz es santa,
también lo son las ramas. 17 Si algunas de las ramas fueron
cortadas, y tú, que eres un olivo silvestre, fuiste injertado en lugar de
ellas, haciéndote partícipe de la raíz y de la savia del olivo, 18
no te enorgullezcas frente a las ramas. Y si lo haces, recuerda que no eres tú
quien mantiene a la raíz, sino la raíz a ti. 19 Me dirás: Estas ramas
han sido cortadas para que yo fuera injertado. 20 De acuerdo, pero
ellas fueron cortadas por su falta de fe; tú, en cambio, estás firme gracias a
la fe. No te enorgullezcas por eso; más bien, teme. 21 Porque si
Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdonará a ti. 22
Considera tanto la bondad cuanto la severidad de Dios: él es severo para con
los que cayeron y es bueno contigo, siempre y cuando seas fiel a su bondad; de
lo contrario, también tú serás arrancado. 23 Y si ellos no persisten
en su incredulidad, también serán injertados, porque Dios es suficientemente
poderoso para injertarlos de nuevo. 24 En efecto, si tú fuiste
cortado de un olivo silvestre, al que pertenecías naturalmente, y fuiste
injertado contra tu condición natural en el olivo bueno, ¡cuánto más ellos
podrán ser injertados en su propio olivo, al que pertenecen por naturaleza!
25
Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, a fin de que no presuman de vosotros
mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya
entrado la totalidad de los paganos. 26 Y entonces todo Israel será
salvado, según lo que dice la Escritura: De Sión vendrá el Libertador. Él
apartará la impiedad de Jacob. 27 Y esta será mi alianza con
ellos, cuando los purifique de sus pecados.28 Ahora bien, en lo
que se refiere a la Buena Noticia, ellos son enemigos de Dios, a causa de vosotros;
pero desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a
sus padres. 29 Porque los dones y el llamado de Dios son
irrevocables.30 En efecto, vosotros antes desobedecieron a Dios,
pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. 31
De la misma manera, ahora que vosotros han alcanzado misericordia, ellos se
niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia.
32 Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener
misericordia de todos.
33
¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué
insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! 34 ¿Quién
penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? 35
¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido? 36
Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la
gloria eternamente! Amén.
LAS
EXIGENCIAS PRÁCTICAS DE LA FE
12
1 Por lo tanto, hermanos, yo os exhorto por la misericordia de Dios
a ofrecerse vosotros mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios:
este es el culto espiritual que deben ofrecer. 2 No tomen como
modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su
mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que
es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
3
En virtud de la gracia que me fue dada, le digo a cada uno de vosotros: no se
estimen más de lo que conviene; pero tengan por vosotros una estima razonable,
según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno. 4 Porque así
como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, 5
también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta
a cada uno, somos miembros los unos de los otros. 6 Conforme a la
gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes. El que tiene
el don de la profecía, que lo ejerza según la medida de la fe. 7 El
que tiene el don del ministerio, que sirva. El que tiene el don de enseñar, que
enseñe. 8 El que tiene el don de exhortación, que exhorte. El que
comparte sus bienes, que dé con sencillez. El que preside la comunidad, que lo
haga con solicitud. El que practica misericordia, que lo haga con alegría.
9
Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. 10
Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. 11
Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. 12
Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en
la oración. 13 Consideren como propias las necesidades de los santos
y practiquen generosamente la hospitalidad.
14
Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. 15
Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. 16
Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de
los más humildes. No presuman de sabios. 17 No devuelvan a
nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. 18
En cuanto dependa de vosotros, tratad de vivir en paz con todos. 19
Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a
la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución,
dice el Señor. 20 Y en otra parte está escrito: Si tu enemigo
tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto,
amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. 21 No te dejes
vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien.
13
1 Todos deben someterse a las autoridades constituidas, porque no
hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas
por él. 2 En consecuencia, el que resiste a la autoridad se opone al
orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación. 3 Los
que hacen el bien no tienen nada que temer de los gobernantes, pero sí los que
obran mal. Si no quieres sentir temor de la autoridad, obra bien y recibirás su
elogio. 4 Porque la autoridad es un instrumento de Dios para tu
bien. Pero teme si haces el mal, porque ella no ejerce en vano su poder, sino
que está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal. 5
Por eso es necesario someterse a la autoridad, no sólo por temor al castigo
sino por deber de conciencia. 6 Y por eso también, vosotros deben
pagar los impuestos: los gobernantes, en efecto, son funcionarios al servicio
de Dios encargados de cumplir este oficio. 7 Den a cada uno lo que
le corresponde: al que se debe impuesto, impuesto; al que se debe contribución,
contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor, a quien le es debido.
8
Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo
ya cumplió toda la Ley. 9 Porque los mandamientos: No cometerás
adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se
resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El
amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.
11
Vosotros saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertarse, porque la
salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. 12
La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de
la noche y vistámonos con la armadura de la luz. 13 Como en pleno
día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta
de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. 14 Por el
contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer
los deseos de la carne.
14
1 Sean comprensivos con el que es débil en la fe, sin entrar en
discusiones. 2 Mientras algunos creen que les está permitido comer
de todo, los débiles sólo comen verduras. 3 Aquel que come de todo
no debe despreciar al que se abstiene, y este a su vez, no debe criticar al que
come de todo, porque Dios ha recibido también a este. 4 ¿Quién eres
tú para criticar al servidor de otro? Si él se mantiene firme o cae, es cosa
que incumbe a su dueño, pero se mantendrá firme porque el Señor es poderoso
para sostenerlo. 5 Unos tienen preferencia por algunos días,
mientras que para otros, todos los días son iguales. Que cada uno se atenga a
su propio juicio. 6 El que distingue un día de otro lo hace en honor
del Señor; y el que come, también lo hace en honor del Señor, puesto que da
gracias a Dios; del mismo modo, el que se abstiene lo hace en honor del Señor,
y también da gracias a Dios.
7
Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. 8 Si
vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en
la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. 9 Porque Cristo
murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos. 10
Entonces, ¿con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos,
en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios, 11
porque está escrito: Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua
dará gloria a Dios, dice el Señor. 12 Por lo tanto, cada uno de
nosotros tendrá que rendir cuenta de sí mismo a Dios. 13 Dejemos
entonces de juzgarnos mutuamente; tratad más bien de no poner delante de su
hermano nada que lo haga tropezar o caer. 14 Estoy plenamente
convencido en el Señor Jesús de que nada es impuro por sí mismo; pero si alguien
estima que una cosa es impura, para él sí es impura. 15 Si por un
alimento, afliges a tu hermano, ya no obras de acuerdo con el amor. ¡No
permitas que por una cuestión de alimentos se pierda aquel por quien murió
Cristo!
16
No expongan a la maledicencia el buen uso de su libertad. 17 Después
de todo, el Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida, sino de
justicia, de paz y de gozo en el Espíritu Santo. 18 El que sirve a
Cristo de esta manera es agradable a Dios y goza de la aprobación de los
hombres. 19 Busquemos, por lo tanto, lo que contribuye a la paz y a
la mutua edificación. 20 No arruines la obra de Dios por un
alimento. En realidad, todo es puro, pero se hace malo para el que come
provocando escándalo. 21 Lo mejor es no comer carne ni beber vino ni
hacer nada que pueda escandalizar a tu hermano. 22 Guarda para ti,
delante de Dios, lo que te dicta tu propia convicción. ¡Feliz el que no tiene
nada que reprocharse por aquello que elige! 23 Pero el que come a
pesar de sus dudas, es culpable porque obra de mala fe. Y todo lo que no se
hace de buena fe es pecado.
15
1 Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas
de los débiles y no complacernos a nosotros mismos. 2 Que cada uno
trate de agradar a su prójimo para el bien y la edificación común. 3
Porque tampoco Cristo buscó su propia complacencia, como dice la Escritura: Cayeron
sobre mí los ultrajes de los que te agravian. 4 Ahora bien, todo
lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción,
a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras,
mantengamos la esperanza. 5 Que el Dios de la constancia y del
consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo
de Cristo Jesús, 6 para que con un solo corazón y una sola voz,
glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
7
Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a vosotros para la gloria de
Dios. 8 Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos
para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho
a nuestros padres, 9 y para que los paganos glorifiquen a Dios por
su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice: Yo te alabaré en
medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu Nombre. 10
Y en otra parte dice: ¡Pueblos extranjeros, alégrense con el Pueblo de Dios!
11 Y también afirma: ¡Alaben al Señor todas las naciones;
glorifíquenlo todos los pueblos! 12 Y el profeta Isaías dice a
su vez: Aparecerá el brote de Jesé, el que se alzará para gobernar las
naciones paganas: y todos los pueblos pondrán en él su esperanza.13
Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y de paz en la fe, para que la
esperanza sobreabunde en vosotros por obra del Espíritu Santo.
14
Por mi parte, hermanos, estoy convencido de que vosotros están llenos de buenas
disposiciones y colmados del don de la ciencia, y también de que son capaces de
aconsejarse mutuamente. 15 Sin embargo, les he escrito, en algunos
pasajes con una cierta audacia, para recordarles lo que ya saben,
correspondiendo así a la gracia que Dios me ha dado: 16 la de ser
ministro de Jesucristo entre los paganos, ejerciendo el oficio sagrado de
anunciar la Buena Noticia de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una
ofrenda agradable a Dios, santificada por el Espíritu Santo. 17 ¡Yo
tengo de qué gloriarme en Cristo Jesús, en lo que se refiere al servicio de
Dios! 18 Porque no me atrevería a hablar sino de aquello que hizo
Cristo por mi intermedio, para conducir a los paganos a la obediencia, mediante
la palabra y la acción, 19 por el poder de signos y prodigios y por
la fuerza del Espíritu de Dios. Desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria,
he llevado a su pleno cumplimiento la Buena Noticia de Cristo, 20
haciendo cuestión de honor no predicar la Buena Noticia allí donde el nombre de
Cristo ya había sido invocado, para no edificar sobre un fundamento puesto por
otros. 21 Así dice la Escritura: Lo verán aquellos a los que no
se les había anunciado y comprenderán aquellos que no habían oído hablar de él.
22
Por eso en todo este tiempo no he podido ir a verlos. 23 Pero como
ya he terminado mi trabajo en esas regiones y desde hace varios años tengo un
gran deseo de visitarlos, 24 espero verlos de paso cuando vaya a
España, y que me ayuden a proseguir mi viaje a ese país, una vez que haya
disfrutado, aunque sea un poco, de la compañía de vosotros. 25 Pero
ahora, voy a Jerusalén para llevar una ayuda a los santos de allí. 26
Porque Macedonia y Acaya resolvieron hacer una colecta en favor de los santos
de Jerusalén que están necesitados. 27 Lo hicieron espontáneamente,
aunque en realidad, estaban en deuda con ellos. Porque si los paganos
participaron de sus bienes espirituales, deben a su vez retribuirles con bienes
materiales. 28 Y una vez que haya terminado esa misión y entregado
oficialmente la ofrenda recogida, iré a España, pasando por allí. 29
Y estoy seguro de que llegaré hasta vosotros con la plenitud de las bendiciones
de Cristo. 30 Les ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor
Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchen junto conmigo,
intercediendo ante Dios por mí, 31 a fin de que, en Judea, no caiga
en manos de los incrédulos, y los santos de Jerusalén reciban con agrado la
ofrenda que les llevo. 32 Así tendré la alegría de ir a verlos, y si
Dios quiere, podré descansar un poco entre vosotros. 33 Que el Dios
de la paz esté con todos vosotros. Amén.
Saludos
16 1 Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la
Iglesia de Cencreas, 2 para que la reciban en el Señor, como
corresponde a los santos, ayudándola en todo lo que necesite de vosotros: ella
ha protegido a muchos hermanos y también a mí. 3 Saludad a Prisca y
a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús. 4 Ellos arriesgaron su
vida para salvarme, y no sólo yo, sino también todas las Iglesias de origen
pagano, tienen con ellos una deuda de gratitud. 5 Saludad,
igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa. No se olviden de saludar a mi
amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor. 6
Saludad a María, que tanto ha trabajado por vosotros; 7 a Andrónico y
a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y
creyeron en Cristo antes que yo. 8 Saludad a Ampliato, mi amigo
querido en el Señor; 9 a Urbano, nuestro colaborador en
Cristo, y también a Estaquis, mi querido amigo. 10 Saludad a
Apeles, que ha dado pruebas de fidelidad a Cristo, y también a los de la
familia de Aristóbulo. 11 Saludad a mi pariente Herodión, y a los de
la familia de Narciso que creen en Cristo. 12 Saludad a Trifena y a
Trifosa, que tanto se esfuerzan por el Señor; a la querida Persis, que también
ha trabajado mucho por el Señor. 13 Saludad a Rufo, el elegido del
Señor, y a su madre, que lo es también mía; 14 a Asíncrito, a
Flegonte, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos. 15
Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, así como también a
Olimpia, y a todos los santos que viven con ellos. 16 Salúdense
mutuamente con el beso de paz. Todas las Iglesias de Cristo les envían saludos.
17
Les ruego, hermanos, que se cuiden de los que provocan disensiones y escándalos,
contrariamente a la enseñanza que vosotros han recibido. Eviten su trato, 18
porque ellos no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio interés,
seduciendo a los simples con palabras suaves y aduladoras. 19 En
todas partes se conoce la obediencia de vosotros, y esto me alegra; pero quiero
que sean hábiles para el bien y sencillos para el mal. 20 El Dios de
la paz aplastará muy pronto a Satanás, dándoles la victoria sobre él. La gracia
de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros. 21 Timoteo, mi
colaborador, les envía saludos, así como también mis parientes Lucio, Jasón y
Sosípatro. 22 Yo, Tercio, que he servido de amanuense, los saludo en
el Señor. 23 También los saluda Gayo, que me brinda hospedaje a mí y
a toda la Iglesia. Finalmente, les envían saludos Erasto, el tesorero de la
ciudad y nuestro hermano Cuarto. 24 .
25
¡Gloria a Dios,
que tiene el poder de afianzarlos,
según la Buena Noticia que yo anuncio,
proclamando a Jesucristo,
y revelando un misterio que fue
guardado en secreto desde la eternidad
26 y que ahora se ha manifestado!
Este es el misterio
que, por medio de los escritos proféticos
y según el designio del Dios eterno,
fue dado a conocer a todas las naciones
para llevarlas a la obediencia de la fe.
27 ¡A Dios, el único sabio,
por Jesucristo,
sea la gloria eternamente! Amén.
Iª Corintios
1
1 Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de
Dios, y el hermano Sóstenes, 2 saludan a la Iglesia de Dios que
reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a
ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre
de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro. 3 Llegue a vosotros
la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
4
No dejo de dar gracias a Dios por vosotros, por la gracia que él les ha
concedido en Cristo Jesús. 5 En efecto, vosotros han sido colmados
en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, 6
en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en vosotros. 7
Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les
falta ningún don de la gracia. 8 ´El os mantendrá firmes hasta el
fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo.
9 Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su
Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Reprobación de las discordias
10
Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se
pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre vosotros y vivan en perfecta
armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. 11 Porque
los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre vosotros. 12
Me refiero a que cada uno afirma: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas,
yo de Cristo». 13 ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue
crucificado por vosotros? ¿O será que vosotros fueron bautizados en el nombre
de Pablo? 14 Felizmente yo no he bautizado a ninguno de vosotros,
excepto a Crispo y a Gayo. 15 Así nadie puede decir que ha sido
bautizado en mi nombre. 16 Sí, también he bautizado a la familia de
Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. 17 Porque
Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin
recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su
eficacia.
18
El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que
se salvan –para nosotros– es fuerza de Dios. 19 Porque está escrito:
Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los
inteligentes. 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre
culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha
demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad? 21 En efecto,
ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que
manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la
predicación. 22 Mientras los judíos piden milagros y los griegos van
en busca de sabiduría, 23 nosotros, en cambio, predicamos a un
Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, 24
pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos
como griegos. 25 Porque la locura de Dios es más sabia que la
sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza
de los hombres.
26
Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre vosotros
muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.
27 Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para
confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los
fuertes; 28 lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para
aniquilar a lo que vale. 29 Así, nadie podrá gloriarse delante de
Dios. 30 Por él, vosotros están unidos a Cristo Jesús, que por
disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en
santificación y redención, 31 a fin de que, como está escrito: El
que se gloría, que se gloríe en el Señor.
2
1 Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el
misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la
sabiduría. 2 Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo,
y Jesucristo crucificado. 3 Por eso, me presenté ante vosotros
débil, temeroso y vacilante. 4 Mi palabra y mi predicación no tenían
nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran
demostración del poder del Espíritu, 5 para que vosotros no basaran
su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 6 Es
verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas
espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan
los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción. 7 Lo que
anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para
nuestra gloria antes que existiera el mundo; 8 aquella que ninguno
de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran
conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria. 9 Nosotros
anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera
pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.
10
Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra
todo, hasta lo más íntimo de Dios. 11 ¿Quién puede conocer lo más íntimo
del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce
los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no
hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para
que reconozcamos los dones gratuitos que Dios nos ha dado. 13
Nosotros no hablamos de estas cosas con palabras aprendidas de la sabiduría
humana, sino con el lenguaje que el Espíritu de Dios nos ha enseñado,
expresando en términos espirituales las realidades del Espíritu. 14
El hombre puramente natural no valora lo que viene del Espíritu de Dios: es una
locura para él y no lo puede entender, porque para juzgarlo necesita del
Espíritu. 15 El hombre espiritual, en cambio, todo lo juzga, y no
puede ser juzgado por nadie. 16 Porque ¿quién penetró en el
pensamiento del Señor, para poder enseñarle? Pero nosotros tenemos el
pensamiento de Cristo.
3
1 Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino
como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo. 2
Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían
tolerarlo, como tampoco ahora, 3 ya que siguen siendo carnales. Los
celos y discordias que hay entre vosotros, ¿no prueban acaso, que todavía son
carnales y se comportan de una manera puramente humana? 4 Cuando uno
dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo
como lo haría cualquier hombre?
5
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio
de los cuales vosotros han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha
recibido del Señor. 6 Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho
crecer es Dios. 7 Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino
Dios, que hace crecer. 8 No hay ninguna diferencia entre el que
planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con
el trabajo que haya realizado. 9 Porque nosotros somos cooperadores
de Dios, y vosotros son el campo de Dios, el edificio de Dios.
10
Según la gracia que Dios me ha dado, yo puse los cimientos como lo hace un buen
arquitecto, y otro edifica encima. Que cada cual se fije bien de qué manera
construye. 11 El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro,
porque el fundamento es Jesucristo. 12 Sobre él se puede edificar
con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja: 13 la obra
de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará
por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de
la obra de cada uno. 14 Si la obra construida sobre el fundamento
resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; 15 si la
obra es consumida, se perderá. Sin embargo, su autor se salvará, como quien se
libra del fuego. 16 ¿No saben que vosotros son templo de Dios y que
el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17 Si alguno destruye el
templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y vosotros
son ese templo.
18
¡Que nadie se engañe! Si alguno de vosotros se tiene por sabio en este mundo,
que se haga insensato para ser realmente sabio. 19 Porque la
sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la
Escritura: Él sorprende a los sabios en su propia astucia, 20
y además: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que
son vanos. 21 En consecuencia, que nadie se gloríe en los
hombres, porque todo les pertenece a vosotros: 22 Pablo, Apolo o
Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de vosotros,
23 pero vosotros son de Cristo y Cristo es de Dios.
4
1 Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de
Cristo y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, lo
que se pide a un administrador es que sea fiel. 3 En cuanto a mí,
poco me importa que me juzguen vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo
mismo me juzgo. 4 Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero
no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor. 5 Por eso, no
hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que
está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los
corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.
6
En todo esto, hermanos, les puse mi ejemplo y el de Apolo, a fin de que
aprendan de nosotros el refrán: «No vayamos más allá de lo que está escrito», y
así nadie tome partido orgullosamente en favor de uno contra otro. 7
En efecto, ¿con qué derecho te distingues de los demás? ¿Y qué tienes que no
hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo
hubieras recibido? 8 ¡Será que vosotros ya están satisfechos! ¡Será
que se han enriquecido o que se han convertido en reyes, sin necesidad de
nosotros! ¡Ojalá que así fuera, para que nosotros pudiéramos reinar con vosotros!
9 Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el
último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un
espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. 10
Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo, y en cambio, vosotros son
sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles, y vosotros, fuertes. Vosotros gozan
de prestigio, y nosotros somos despreciados. 11 Hasta ahora sufrimos
hambre, sed y frío. Somos maltratados y vivimos errantes. 12 Nos
agotamos, trabajando con nuestras manos. 13 Nos insultan y deseamos
el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a
los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio
para todos hasta el día de hoy.
14
No les escribo estas cosas para avergonzarlos, sino para reprenderlos como a
hijos muy queridos. 15 Porque, aunque tengan diez mil preceptores en
Cristo, no tienen muchos padres: soy yo el que los ha engendrado en Cristo
Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia. 16 Les ruego,
por lo tanto, que sigan mi ejemplo. 17 Por esta misma razón les
envié a Timoteo, mi hijo muy querido y fiel en el Señor; él les recordará mis
normas de conducta, que son las de Cristo, y que yo enseño siempre en todas las
Iglesias. 18 Algunos de vosotros, pensando que yo no regresaría, se
han llenado de orgullo. 19 Pero pronto iré a verlos –si así lo
quiere el Señor– y entonces los juzgaré, no por sus palabras, sino por el poder
que tienen. 20 ¡Porque el Reino de Dios no es cuestión de palabras
sino de poder! 21 ¿Qué prefieren? ¿Que vaya a verlos con la vara en
la mano, o con amor y espíritu de mansedumbre?
5
1 Es cosa pública que se cometen entre vosotros actos deshonestos,
como no se encuentran ni siquiera entre los paganos, ¡a tal extremo que uno
convive con la mujer de su padre! 2 ¡Y todavía se enorgullecen, en
lugar de estar de duelo para que se expulse al que cometió esa acción! 3
En lo que a mí respecta, estando ausente con el cuerpo pero presente con el
espíritu, ya lo he juzgado, como si yo mismo estuviera allí. 4 Es
necesario que vosotros y yo nos reunamos espiritualmente, en el nombre y con el
poder de nuestro Señor Jesús, 5 para que este hombre sea entregado a
Satanás: así se perderá su carne, pero se salvará su espíritu en el Día del
Señor.
6
¡No es como para gloriarse! ¿No saben que «un poco de levadura hace fermentar
toda la masa»? 7 Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva
masa, ya que vosotros mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo,
nuestra Pascua, ha sido inmolado. 8 Celebremos, entonces, nuestra
Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los
panes sin levadura de la pureza y la verdad.
9
En una carta anterior, les advertí que no se mezclaran con los deshonestos. 10
No quiero decir que se aparten por completo de los deshonestos de este mundo,
de los avaros, de los ladrones y de los idólatras: de ser así, tendrían que
abandonar este mundo. 11 Lo que quise decirles es que no se mezclen
con aquellos que, diciéndose hermanos, son deshonestos, avaros, idólatras,
difamadores, bebedores o ladrones: les aconsejo que ni siquiera coman con
ellos. 12 No es asunto mío juzgar a los que están fuera de la
Iglesia. Vosotros juzguen a los que están dentro; 13 porque a los de
afuera los juzga Dios. Expulsen al perverso de en medio de vosotros.
6
1 ¿Cómo es posible que cuando uno de vosotros tiene algún conflicto
con otro, se atreve a reclamar justicia a los injustos, en lugar de someterse
al juicio de los santos? 2 ¿No saben vosotros que los santos
juzgarán al mundo? Y si el mundo va a ser juzgado por vosotros, ¿cómo no van a
ser capaces de juzgar asuntos de mínima importancia? 3 ¿Ignoran que
vamos a juzgar a los mismos ángeles? Con mayor razón entonces, los asuntos de
esta vida. 4 ¡Y pensar que cuando vosotros tienen litigios, buscan
como jueces a los que no son nadie para la Iglesia! 5 Lo digo para
avergonzarlos: ¡por lo visto, no hay entre vosotros ni siquiera un hombre
sensato, que sea capaz de servir de árbitro entre sus hermanos! 6
¡Un hermano pleitea con otro, y esto, delante de los que no creen! 7
Ya está mal que haya litigios entre vosotros: ¿acaso no es preferible sufrir la
injusticia o ser despojado? 8 Pero no, vosotros mismos son los que
cometen injusticias y defraudan a los demás, ¡y esto entre hermanos! 9
¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones:
ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los
pervertidos, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni
los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios. 11
Algunos de vosotros fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y
justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de
nuestro Dios.
12
«Todo me está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo me está permitido»,
pero no me dejaré dominar por nada. 13 Los alimentos son para el
estómago y el estómago para los alimentos, y Dios destruirá a ambos. Pero el
cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el
cuerpo. 14 Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a
nosotros con su poder. 15 ¿No saben acaso que sus cuerpos son
miembros de Cristo? ¿Cómo voy a tomar los miembros de Cristo para convertirlos
en miembros de una prostituta? De ninguna manera. 16 ¿No saben que
el que se une a una prostituta, se hace un solo cuerpo con ella? Porque dice la
Escritura: Los dos serán una sola carne. 17 En cambio, el que
se une al Señor se hace un solo espíritu con él. 18 Eviten la
fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su
cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. 19 ¿O no
saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y
que han recibido de Dios? Por lo tanto, vosotros no se pertenecen, 20
sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en
sus cuerpos
7
1 Ahora responderé a lo que vosotros me han preguntado por escrito:
Es bueno para el hombre abstenerse de la mujer. 2 Sin embargo, por
el peligro de incontinencia, que cada hombre tenga su propia esposa, y cada
mujer, su propio marido. 3 Que el marido cumpla los deberes
conyugales con su esposa; de la misma manera, la esposa con su marido. 4
La mujer no es dueña de su cuerpo, sino el marido; tampoco el marido es dueño
de su cuerpo, sino la mujer. 5 No se nieguen el uno al otro, a no
ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más
intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás
no se aproveche de la incontinencia de vosotros y los tiente. 6 Esto
que les digo es una concesión y no una orden. 7 Mi deseo es que todo
el mundo sea como yo, pero cada uno recibe del Señor su don particular: unos
este, otros aquel. 8 A los solteros y a las viudas, les aconsejo que
permanezcan como yo. 9 Pero si no pueden contenerse, que se casen;
es preferible casarse que arder en malos deseos. 10 A los casados, en
cambio, les ordeno –y esto no es mandamiento mío, sino del Señor– que la esposa
no se separe de su marido. 11 Si se separa, que no vuelva a casarse,
o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer.
12
En cuanto a las otras preguntas, les digo yo, no el Señor: Si un hombre
creyente tiene una esposa que no cree, pero ella está dispuesta a convivir con
él, que no la abandone. 13 Y si una mujer se encuentra en la misma
condición, que tampoco se separe de su esposo. 14 Porque el marido
que no tiene fe es santificado por su mujer, y la mujer que no tiene fe es
santificada por el marido creyente. Si no fuera así, los hijos de vosotros
serían impuros; en cambio, están santificados. 15 Pero si el cónyuge
que no cree desea separarse, que lo haga, y en ese caso, el cónyuge creyente no
permanece ligado al otro, porque Dios nos ha llamado a vivir en paz. 16
Después de todo, ¿qué sabes tú, que eres la esposa, si podrás o no salvar a tu
marido, y tú, marido, si podrás salvar a tu mujer?
17
Fuera de este caso, que cada uno siga viviendo en la condición que el Señor le
asignó y en la que se encontraba cuando fue llamado. Esto es lo que prescribo
en todas las Iglesias. 18 Si un hombre estaba circuncidado antes que
Dios lo llamara, que no oculte la señal de la circuncisión; si el llamado lo
encontró incircunciso, que no se circuncide. 19 Lo que vale no es la
circuncisión, sino cumplir los mandamientos de Dios. 20 Que cada uno
permanezca en el estado en que se encontraba cuando Dios lo llamó. 21
¿Eras esclavo al escuchar el llamado de Dios? No te preocupes por ello, y
aunque puedas llegar a ser un hombre libre, aprovecha más bien tu condición de
esclavo. 22 Porque el que era esclavo cuando el Señor lo llamó,
ahora es un hombre libre en el Señor; de la misma manera, el que era libre
cuando el Señor lo llamó, ahora es un esclavo de Cristo. 23 ¡Vosotros
han sido redimidos y a qué precio! No se hagan esclavos de los hombres. 24
Hermanos, que cada uno permanezca delante de Dios en el estado en que se
encontraba cuando fue llamado.
25
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una
advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza. 26
Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el
hombre es vivir sin casarse. 27 ¿Estás unido a una mujer? No te
separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques. 28 Si te casas, no
pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán
tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
29
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los
que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; 30 los que lloran,
como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que
compran, como si no poseyeran nada; 31 los que disfrutan del mundo,
como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.
32
Yo quiero que vosotros vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa
de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. 33 En
cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando
cómo agradar a su mujer, 34 y así su corazón está dividido. También
la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor,
tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en
cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su
marido. 35 Les he dicho estas cosas para el bien de vosotros, no
para ponerles un obstáculo, sino para que vosotros hagan lo que es más
conveniente y se entreguen totalmente al Señor.
36 Si un hombre, encontrándose en plena vitalidad, cree que no podrá
comportarse correctamente con la mujer que ama, y que debe casarse, que haga lo
que le parezca: si se casan, no comete ningún pecado. 37 En cambio,
el que decide no casarse con ella, porque se siente interiormente seguro y
puede contenerse con pleno dominio de su voluntad, también obra correctamente. 38
Por lo tanto, el que se casa con la mujer que ama, hace bien; pero el que no se
casa, obra mejor todavía. 39 La mujer permanece ligada a su marido
mientras este vive; en cambio, si muere el marido, queda en libertad para
casarse con el que quiera. Pero en esto, debe ser guiada por el Señor. 40
Sin embargo, será más feliz si no vuelve a casarse, de acuerdo con mi consejo.
Ahora bien, yo creo tener el Espíritu de Dios.
LA
CARNE SACRIFICADA A LOS ÍDOLOS
8
1 Con respecto a la carne sacrificada a los ídolos, todos tenemos el
conocimiento debido, ya lo sabemos, pero el conocimiento llena de orgullo,
mientras que el amor edifica. 2 Si alguien se imagina que conoce
algo, no ha llegado todavía a conocer como es debido; 3 en cambio,
el que ama a Dios es reconocido por Dios. 4 En cuanto a comer la
carne sacrificada a los ídolos, sabemos bien que los ídolos no son nada y que
no hay más que un solo Dios. 5 Es verdad que algunos son
considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad
de dioses y una cantidad de señores. 6 Pero para nosotros, no hay
más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros
estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por
quien nosotros existimos.
7
Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace
poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera
sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada. 8
Ciertamente, no es un alimento lo que nos acerca a Dios: ni por dejar de comer
somos menos, ni por comer somos más. 9 Pero tengan cuidado que el
uso de esta libertad no sea ocasión de caída para el débil. 10 Si
alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un
templo pagano, ¿no se sentirá autorizado, a causa de la debilidad de su
conciencia, a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos? 11 Y
así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese
hermano por el que murió Cristo! 12 Pecando de esa manera contra sus
hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, vosotros pecan contra Cristo. 13
Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré
carne, a fin de evitar su caída.
9
1 ¿Acaso yo no soy libre? ¿No soy Apóstol? ¿No he visto a Jesús,
nuestro Señor? ¿No son vosotros mi obra en el Señor? 2 Si para otros
yo no soy Apóstol, lo soy al menos para vosotros, porque vosotros son el sello
de mi apostolado en el Señor. 3 ¡Esta es mi defensa contra los que
me acusan! 4 ¿Acaso no tenemos derecho a comer y a beber, 5
a viajar en compañía de una mujer creyente, como lo hacen los demás Apóstoles,
los hermanos del Señor y el mismo Cefas? 6 ¿O bien, Bernabé y yo
somos los únicos que estamos obligados a trabajar para subsistir? 7
¿Qué soldado hace una campaña a sus propias expensas? ¿O quién planta una viña
y no come de sus frutos? ¿O quién apacienta un rebaño y no se alimenta con la
leche de las ovejas? 8 Aunque parezca que hablo en términos
demasiado humanos, la Ley nos enseña lo mismo. 9 Porque está escrito
en la Ley de Moisés: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Será que Dios
se preocupa de los bueyes? 10 ¿No será que él habla de nosotros? Sí,
esto se escribió por nosotros, porque el que ara tiene que arar con esperanza,
y el que trilla el grano debe hacerlo con esperanza de recoger su parte. 11
Si nosotros hemos sembrado en vosotros bienes espirituales, ¿qué tiene de
extraño que recojamos de vosotros bienes temporales?
12
Si otros tienen este derecho sobre vosotros, ¿no lo tenemos nosotros con más
razón? Sin embargo, nunca hemos hecho uso de él; por el contrario, lo hemos
soportado todo para no poner obstáculo a la Buena Noticia de Cristo. 13
¿No saben vosotros que los ministros del culto viven del culto, y que aquellos
que sirven al altar participan del altar? 14 De la misma manera, el
Señor ordenó a los que anuncian el Evangelio que vivan del Evangelio.
15 A pesar de todo, no he usado de ninguno de estos derechos; y no
les digo esto para aprovecharme ahora de ellos; antes preferiría morir. No,
nadie podrá privarme de este motivo de gloria. 16 Si anuncio el
Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad
imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 17 Si yo
realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si
lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. 18
¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia,
renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.
19
En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número
posible. 20 Me hice judío con los judíos para ganar a los judíos; me
sometí a la Ley, con los que están sometidos a ella –aunque yo no lo estoy– a
fin de ganar a los que están sometidos a la Ley. 21 Y con los que no
están sometidos a la Ley, yo, que no vivo al margen de la Ley de Dios –porque
estoy sometido a la Ley de Cristo– me hice como uno de ellos, a fin de ganar a
los que no están sometidos a la Ley. 22 Y me hice débil con los
débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo
menos a algunos, a cualquier precio. 23 Y todo esto, por amor a la
Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.
24
¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran,
entonces, de manera que lo ganen. 25 Los atletas se privan de todo,
y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por
una corona incorruptible. 26 Así, yo corro, pero no sin saber
adónde; peleo, no como el que da golpes en el aire. 27 Al contrario,
castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a
los demás, yo mismo quede descalificado.
10
1 Porque no deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres
fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; 2 y para
todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a
Moisés. 3 También todos comieron la misma comida y bebieron la misma
bebida espiritual. 4 En efecto, bebían el agua de una roca
espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. 5 A pesar de
esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron
tendidos en el desierto. 6 Todo esto aconteció simbólicamente para
ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos,
como lo hicieron nuestros padres. 7 No adoren a falsos dioses, como
hicieron algunos de ellos, según leemos en la Escritura: El pueblo se sentó
a comer y a beber, y luego se levantó para divertirse. 8 No
forniquemos, como algunos de ellos, y por eso, en castigo, murieron veintitrés
mil en un solo día. 9 No provoquemos al Señor, como hicieron algunos
de ellos, y perecieron víctimas de las serpientes. 10 No nos
rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del
Ángel exterminador. 11 Todo esto les sucedió simbólicamente, y está
escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. 12
Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer! 13 Hasta
ahora, vosotros no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios
es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al
contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de
ella, y los ayudará a soportarla.
14
Por esto, queridos míos, eviten la idolatría. 15 Les hablo como a
gente sensata; juzguen vosotros mismos lo que voy a decirles. 16 La
copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo?
Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? 17
Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo
Cuerpo, porque participamos de ese único pan. 18 Pensemos en Israel
según la carne: aquellos que comen las víctimas, ¿no están acaso en comunión
con el altar? 19 ¿Quiero decir con esto que la carne sacrificada a
los ídolos tiene algún valor, o que el ídolo es algo? 20 No, afirmo
sencillamente que los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a
Dios. Ahora bien, yo no quiero que vosotros entren en comunión con los
demonios. 21 Vosotros no pueden beber de la copa del Señor y de la
copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la mesa del Señor y a la mesa
de los demonios. 22 ¿O es que queremos provocar los celos del
Señor? ¿Pretendemos ser más fuertes que él?
23 «Todo está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo
está permitido», pero no todo es edificante. 24 Que nadie busque su
propio interés, sino el de los demás. 25 Coman de todo lo que se
vende en el mercado, sin hacer averiguaciones por escrúpulos de conciencia. 26 Porque del Señor es
la tierra y todo lo que hay en ella. 27 Si un pagano los invita
a comer y vosotros aceptan, coman de todo aquello que les sirva, sin preguntar
nada por motivos de conciencia. 28 Pero si alguien les dice: «Esto ha sido
sacrificado a los ídolos», entonces no lo coman, en consideración del que los
previno y por motivos de conciencia. 29 Me refiero a la
conciencia de ellos, no a la de vosotros: ¿acaso mi libertad va a ser juzgada
por la conciencia de otro? 30 Si yo participo de la comida habiendo
dado gracias, ¿seré reprendido por aquello mismo de lo que he dado gracias?
31 En resumen, sea que vosotros coman, sea que beban, o
cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios. 32 No sean motivo de
escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de
Dios. 33 Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en
todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número,
para que puedan salvarse
11
1 Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.
2 Los felicito porque siempre se acuerdan
de mí y guardan las tradiciones tal como yo se las he transmitido. 3 Sin embargo, quiero que sepan esto: Cristo es
la cabeza del hombre; la cabeza de la mujer es el hombre y la cabeza de Cristo
es Dios. 4 En
consecuencia, el hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta deshonra a
su cabeza; 5 y la mujer que
ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra a su cabeza, exactamente
como si estuviera rapada. 6
Si una mujer no se cubre con el velo, que se corte el cabello. Pero si es
deshonroso para una mujer cortarse el cabello o raparse, que se ponga el velo.
7 El hombre, no debe cubrir
su cabeza, porque él es la imagen y el reflejo de Dios, mientras que la mujer
es el reflejo del hombre. 8
En efecto, no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del
hombre; 9 ni fue creado
el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. 10 Por esta razón, la mujer debe tener sobre su
cabeza un signo de sujeción, por respeto a los ángeles. 11 Por supuesto que para el Señor, la mujer no
existe sin el hombre ni el hombre sin la mujer. 12 Porque si la mujer procede del hombre, a su
vez, el hombre nace de la mujer y todo procede de Dios.
13 Juzguen por vosotros
mismos: ¿Les parece conveniente que la mujer ore con la cabeza descubierta? 14 ¿Acaso la misma naturaleza no nos enseña que es
una vergüenza para el hombre dejarse el cabello largo, 15 mientras que para la mujer es una gloria
llevarlo así? Porque la cabellera le ha sido dada a manera de velo. 16 Por lo demás, si alguien es amigo de
discusiones, le advertimos que entre nosotros se acostumbra usar el velo y
también en las Iglesias de Dios.
17 Y ya que les hago esta
advertencia, no puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de
beneficiarlos, los perjudican. 18
Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay
divisiones entre vosotros, y en parte lo creo. 19 Sin embargo, es preciso que se formen partidos
entre vosotros, para que se pongan de manifiesto los que tienen verdadera
virtud. 20 Cuando se
reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor, 21 porque apenas se sientan a la mesa, cada uno se
apresura a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se pone
ebrio. 22 ¿Acaso no
tienen sus casas para comer y beber? ¿O tan poco aprecio tienen a la Iglesia de
Dios, que quieren hacer pasar vergüenza a los que no tienen nada? ¿Qué les
diré? ¿Los voy a alabar? En esto, no puedo alabarlos.
23 Lo que yo recibí del
Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche
en que fue entregado, tomó el pan, 24
dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros.
Hagan esto en memoria mía». 25
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la
Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en
memoria mía». 26 Y así, siempre
que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que
él vuelva. 27 Por eso, el
que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del
Cuerpo y de la Sangre del Señor.
28 Que cada uno se examine
a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; 29 porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo
del Señor, come y bebe su propia condenación. 30 Por eso, entre vosotros hay muchos enfermos y
débiles, y son muchos los que han muerto. 31 Si nos examináramos a nosotros mismos, no
seríamos condenados. 32
Pero el Señor nos juzga y nos corrige para que no seamos condenados con el
mundo. 33 Así, hermanos,
cuando se reúnan para participar de la Cena, espérense unos a otros. 34 Y si alguien tiene hambre, que coma en su casa,
para que sus asambleas no sean motivo de condenación. Lo demás lo arreglaré
cuando vaya.
12
1 Con relación a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que vosotros
vivan en la ignorancia. 2
Vosotros saben que cuando todavía eran paganos, se dejaban arrastrar ciegamente
al culto de dioses inanimados. 3
Por eso les aseguro que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir:
«Maldito sea Jesús». Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está
impulsado por el Espíritu Santo. 4
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. 5 Hay diversidad de ministerios, pero un solo
Señor. 6 Hay diversidad de
actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. 7 En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el
bien común. 8 El Espíritu da
a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo
Espíritu; 9 a otro, la fe,
también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese
único Espíritu; 10
a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de
juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a
aquel, el don de interpretarlas. 11
Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus
dones a cada uno en particular como él quiere.
12 Así como el cuerpo tiene
muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser
muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. 13 Porque todos hemos sido bautizados en un solo
Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres
libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 14 El cuerpo no se compone de un solo miembro sino
de muchos. 15 Si el pie
dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no
seguiría siendo parte de él? 16
Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso
dejaría de ser parte de él? 17
Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde
estaría el olfato? 18
Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan
establecido. 19 Porque si
todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo
es uno solo. 21 El ojo no
puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo
necesidad de vosotros». 22
Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son
necesarios, 23 y los que
consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así
nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, 24 ya que los otros no necesitan ser tratados de
esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que
más lo necesitan, 25
a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean
mutuamente solidarios. 26
¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido?
Todos los demás participan de su alegría.
27 Vosotros son el Cuerpo
de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo. 28 En la Iglesia, hay algunos que han sido
establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como
profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido
el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los
necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. 29 ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas?
¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? 30
¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de
interpretarlas? 31
Vosotros, por su parte, aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a
mostrarles un camino más perfecto todavía.
13
1 Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los
ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que
retiñe. 2 Aunque tuviera
el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque
tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no
soy nada. 3 Aunque
repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a
las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. 4 El amor es paciente, es servicial; el amor no
es envidioso, no hace alarde, no se envanece, 5 no procede con bajeza, no busca su propio
interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, 6 no se alegra de la injusticia, sino que se
regocija con la verdad. 7
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor no pasará jamás. Las profecías
acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; 9 porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras
profecías, limitadas. 10
Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. 11 Mientras yo era niño, hablaba como un niño,
sentía como un niño, razonaba como un niño, 12 pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las
cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos
cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me
conoce a mí. 13 En una
palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más
grande de todas es el amor.
14
1 Procuren alcanzar ese amor, y aspiren también a los dones
espirituales, sobre todo al de profecía. 2
Porque aquel que habla un lenguaje incomprensible no se dirige a los hombres
sino a Dios, y nadie le entiende: dice en éxtasis cosas misteriosas. 3 En cambio, el que profetiza habla a los hombres
para edificarlos, exhortarlos y reconfortarlos. 4 El que habla un lenguaje incomprensible se
edifica a sí mismo, pero el que profetiza edifica a la comunidad. 5 Mi deseo es que todos vosotros tengan el don de
lenguas, pero prefiero que profeticen, porque el que profetiza aventaja al que
habla un lenguaje incomprensible. A no ser que este último también interprete
ese lenguaje, para edificación de la comunidad.
6 Supongamos, hermanos, que yo fuera a
verlos y les hablara en esa forma, ¿de qué les serviría si mi palabra no les
aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza? 7 Sucedería lo mismo que con los instrumentos de
música, por ejemplo, la flauta o la cítara. Si las notas no suenan
distintamente, nadie reconoce lo que se está ejecutando. 8 Y si la trompeta emite un sonido confuso,
¿quién se lanzará al combate? 9
Así les pasa a vosotros: si no hablan de manera inteligible, ¿cómo se
comprenderá lo que dicen? Estarían hablando en vano. 10 No sé cuántos idiomas diversos hay en el mundo,
y cada uno tiene sus propias palabras. 11
Pero si ignoro el sentido de las palabras, seré como un extranjero para el que
me habla y él lo será para mí. 12
Así, ya que vosotros ambicionan tanto los dones espirituales, procuren abundar
en aquellos que sirven para edificación de la comunidad. 13 Por esta razón, el que habla un lenguaje
incomprensible debe orar pidiendo el don de interpretarlo. 14 Porque si oro en un lenguaje incomprensible, mi
espíritu ora, pero mi inteligencia no saca ningún provecho. 15 ¿Qué debo hacer entonces? Orar con el espíritu
y también con la inteligencia, cantar himnos con el espíritu y también con la
inteligencia. 16 Si bendices a
Dios solamente con el espíritu, ¿cómo podrá el no iniciado decir «Amén» a tu
acción de gracias, ya que no entiende lo que estás diciendo? 17 Sin duda, tu acción de gracias es excelente,
pero eso no sirve de edificación para el otro. 18 Yo doy gracias a Dios porque tengo el don de
lenguas más que todos vosotros. 19
Sin embargo, cuando estoy en la asamblea prefiero decir cinco palabras
inteligibles, para instruir a los demás, que diez mil en un lenguaje
incomprensible. 20
Hermanos, no sean como niños para juzgar; séanlo para la malicia, pero juzguen
como personas maduras. 21
En la Ley está escrito: Yo hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por
boca de extranjeros; con todo, ni aun así me escucharán, dice el Señor. 22 Esto quiere decir que el don de lenguas es un
signo, no para los que creen, sino para los que se niegan a creer; la profecía,
en cambio, es para los que tienen fe. 23
Por otra parte, si al reunirse la asamblea, todos se ponen a hablar en un
lenguaje incomprensible y entran algunos que no están iniciados o no son
creyentes, seguramente pensarán que vosotros están locos. 24 En cambio, si todos profetizan y entra alguno
de esos hombres, todos podrán convencerlo y examinarlo. 25 Así quedarán manifiestos los secretos de su
corazón, y él, cayendo de rodillas, adorará a Dios y proclamará que Dios
está realmente entre vosotros.
26 Hermanos, ¿qué
conclusión sacaremos de todo esto? Cuando se reúnen, uno puede cantar salmos,
otro enseñar, o transmitir una revelación, o pronunciar un discurso en un
lenguaje incomprensible, o bien, interpretarlo. Que todo sirva para la
edificación común. 27
¿Se tiene el don de lenguas? Que hablen dos, o a lo sumo tres, y por turno, y
que alguien interprete. 28
Si no hay intérprete, que se callen y que cada uno hable consigo mismo y con
Dios. 29 Con respecto a los
profetas, que hablen dos o tres y que los demás juzguen lo que ellos dicen. 30 Si algún otro asistente recibe una revelación,
que se calle el que está hablando. 31
Así todos tendrán oportunidad de profetizar, uno por uno, para que todos sean
instruidos y animados. 32
Los que tienen el don de profecía deben ser capaces de controlar su
inspiración, 33 porque Dios
quiere la paz y no el desorden. Como en todas las Iglesias de los santos, 34 que las mujeres permanezcan calladas durante
las asambleas: a ellas no les está permitido hablar. Que se sometan, como lo
manda la Ley. 35 Si necesitan
alguna aclaración, que le pregunten al marido en su casa, porque no está bien
que la mujer hable en las asambleas.
36 ¿Acaso la Palabra de
Dios ha salido de vosotros o vosotros son los únicos que la han recibido? 37 Si alguien se tiene por profeta o se cree
inspirado por el Espíritu, reconozca en esto que les escribo un mandato del
Señor, 38 y si alguien
no lo reconoce como tal, es porque Dios no lo ha reconocido a él. 39 En conclusión, hermanos, aspiren al don de la
profecía y no impidan que se hable en un lenguaje incomprensible. 40 Pero todo debe hacerse con decoro y
ordenadamente.
15
1 Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado,
que vosotros han recibido y a la cual permanecen fieles. 2 Por ella son salvados, si la conservan tal como
yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. 3 Les he transmitido en primer lugar, lo que yo
mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. 4 Fue sepultado y resucitó al tercer día, de
acuerdo con la Escritura. 5
Se apareció a Pedro y después a los Doce. 6
Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte
de los cuales vive aún, y algunos han muerto. 7 Además, se apareció a Santiago y a todos los
Apóstoles. 8 Por último, se
me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. 9 Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni
siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de
Dios. 10 Pero por la gracia de
Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado
más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está
conmigo. 11 En resumen,
tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que vosotros han creído.
12 Si se anuncia que Cristo
resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de vosotros afirman que los muertos
no resucitan? 13 ¡Si no hay
resurrección, Cristo no resucitó! 14
Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de vosotros.
15 Incluso, seríamos falsos
testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es
imposible, si los muertos no resucitan. 16
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. 17 Y si Cristo no resucitó, la fe de vosotros es
inútil y sus pecados no han sido perdonados. 18 En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo
han perecido para siempre. 19
Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida,
seríamos los hombres más dignos de lástima. 20 Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos,
el primero de todos. 21
Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de
un hombre viene la resurrección. 22
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en
Cristo, 23 cada uno según
el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que
estén unidos a él en el momento de su Venida. 24 En seguida vendrá el fin, cuando Cristo
entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo
Principado, Dominio y Poder. 25
Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos
debajo de sus pies. 26
El último enemigo que será vencido es la muerte, 27 ya que Dios todo lo sometió bajo sus pies.
Pero cuando él diga: «Todo está sometido», será evidentemente a excepción de
aquel que le ha sometido todas las cosas. 28 Y cuando el universo entero le sea sometido, el
mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de
que Dios sea todo en todos.
29 Si no fuera así, ¿de qué
sirve bautizarse por los que han muerto? Si los muertos no resucitan, ¿qué
sentido tiene bautizarse por ellos? 30
Y nosotros mismos, ¿por qué nos exponemos a cada instante al peligro? 31 Cada día yo me enfrento con la muerte, y esto
es tan cierto, hermanos, como que vosotros son mi orgullo en Cristo Jesús,
nuestro Señor. 32
¿Y qué he ganado, si solamente por motivos humanos, yo tuve que luchar con las
fieras en Éfeso? Si los muertos no resucitan, «comamos y bebamos, porque mañana
moriremos». 33 No se dejen
engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres». 34 Vuelvan a comportarse como es debido y no
pequen más, porque hay algunos entre vosotros que todavía no saben nada de
Dios: lo digo para vergüenza de vosotros.
35 Alguien preguntará:
¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo? 36 Tu pregunta no tiene sentido. Lo que siembras
no llega a tener vida, si antes no muere. 37 Y lo que siembras, no es la planta tal como va
a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de cualquier otra
planta. 38 Y Dios da a
cada semilla la forma que él quiere, a cada clase de semilla, el cuerpo que le
corresponde. 39 No todos los
cuerpos son idénticos: una es la carne de los hombres, otra la de los animales,
otra la de las aves y otra la de los peces. 40 Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrestres, y
cada uno tiene su propio resplandor: 41
uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas, y
aun las estrellas difieren unas de otras por su resplandor. 42 Lo mismo pasa con la resurrección de los
muertos: se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles; 43 se siembran cuerpos humillados y resucitarán
gloriosos; se siembran cuerpos débiles y resucitarán llenos de fuerza; 44 se siembran cuerpos puramente naturales y
resucitarán cuerpos espirituales. Porque hay un cuerpo puramente natural y hay
también un cuerpo espiritual. 45
Esto es lo que dice la Escritura: El primer hombre, Adán, fue creado
como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que
da la Vida. 46 Pero no
existió primero lo espiritual sino lo puramente natural; lo espiritual viene
después. 47 El primer
hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del
cielo. 48 Los hombres
terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial. 49 De la misma manera que hemos sido revestidos de
la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre
celestial.
50 Les aseguro, hermanos,
que lo puramente humano no puede tener parte en el Reino de Dios, ni la
corrupción puede heredar lo que es incorruptible. 51 Les voy a revelar un misterio: No todos vamos a
morir, pero todos seremos transformados. 52
En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final
–porque esto sucederá– los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros
seremos transformados. 53
Lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es
mortal debe revestirse de la inmortalidad. 54 Cuando lo que es corruptible se revista de la
incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad, entonces se
cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido vencida. 55
¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? 56 Porque lo que provoca la muerte es el pecado y
lo que da fuerza al pecado es la ley. 57
¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor
Jesucristo! 58 Por eso,
queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles, progresando
constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos
que realizan por él no serán vanos.
La colecta para la comunidad de Jerusalén
16 1 En cuanto a la colecta en beneficio de los
santos de Jerusalén, sigan las mismas instrucciones que di a las Iglesias de
Galacia. 2 El primer día de la semana, cada uno de vosotros
guarde en su casa lo que haya podido ahorrar, para que las donaciones no se
recojan solamente a mi llegada. 3 Una vez allí,
enviaré a los que vosotros hayan elegido, para que lleven a Jerusalén esas
donaciones con una carta de recomendación. 4 Si
conviene que yo también vaya, ellos viajarán conmigo.
5 Yo iré a verlos, después de atravesar
Macedonia donde estaré de paso. 6
Tal vez me quede con vosotros algún tiempo, a lo mejor durante todo el
invierno, a fin de que me ayuden a proseguir viaje hasta el lugar de mi
destino. 7 Porque no
quiero verlos sólo de paso, sino que espero quedarme algún tiempo entre vosotros,
si el Señor lo permite. 8
Mientras tanto, permaneceré en Éfeso hasta Pentecostés, 9 ya que se ha abierto una gran puerta para mi
predicación, aunque los adversarios son numerosos.
Recomendaciones
y noticias finales
10 Si llega antes Timoteo,
procuren que permanezca entre vosotros sin ninguna clase de temor, porque él
trabaja en la obra del Señor de la misma manera que yo. 11 Que nadie lo menosprecie. Ofrézcanle los medios
necesarios para que se reúna conmigo, porque yo lo estoy esperando con los
hermanos. 12 En cuanto a
nuestro hermano Apolo, le insistí mucho para que fuera a visitarlos junto con
los hermanos, pero él se negó rotundamente a hacerlo por ahora: irá cuando se
le presente la ocasión. 13
Estén atentos, permanezcan firmes en la fe, compórtense varonilmente, sean
fuertes. 14 Todo lo que
hagan, háganlo con amor. 15
Una recomendación más, hermanos. Vosotros saben que Estéfanas y su familia –los
primeros que abrazaron la fe en Acaya– han decidido consagrarse al servicio de
los hermanos. 16 Por eso, les
ruego que vosotros, a su vez, sean solícitos con ellos, y no sólo con ellos,
sino con todos los que colaboran en sus trabajos y esfuerzos. 17 Yo me alegré con la visita de Estéfanas, de
Fortunato y de Acaico. Ellos llenaron el vacío que vosotros habían dejado, 18 y han tranquilizado mi espíritu y el de vosotros.
Sepan apreciarlos como corresponde.
19 Las Iglesias de la
provincia de Asia les envían saludos. También los saludan en el Señor, Aquila y
Priscila, junto con los hermanos que se congregan en su casa. 20 Todos los hermanos les envían saludos.
Salúdense los unos a los otros con el beso santo. 21 Este es mi saludo, de puño y letra: Pablo.
22 ¡Si alguien no ama al
Señor, que sea maldito!
«El Señor viene».
23 Que la gracia del Señor
Jesús permanezca con vosotros.
24 Yo los amo a todos vosotros
en Cristo Jesús
IIª Corintios
1 1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por
la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan a la Iglesia de Dios que
reside en Corinto, junto con todos los santos que viven en la provincia de
Acaya. 2 Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios,
nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, 4
que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos
dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. 5
Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo,
también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo. 6 Si sufrimos,
es para consuelo y salvación de vosotros; si somos consolados, también es para
consuelo de vosotros, y esto les permite soportar con constancia los mismos
sufrimientos que nosotros padecemos. 7 Por eso, tenemos una
esperanza bien fundada con respecto a vosotros, sabiendo que si comparten
nuestras tribulaciones, también compartirán nuestro consuelo. 8
Queremos, hermanos, que vosotros conozcan la tribulación que debimos sufrir en
la provincia de Asia: la carga fue tan grande que no podíamos sobrellevarla, al
extremo de pensar que estábamos a punto de perder la vida. 9
Soportamos en nuestra propia carne una sentencia de muerte, y así aprendimos a
no poner nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los
muertos. 10 Él nos libró y nos librará de ese peligro mortal. Sí,
esperamos que también nos librará en el futuro. 11 Vosotros también
nos ayudarán con su oración, y de esa manera, siendo muchos los que interceden
por nosotros, también serán muchos los que darán gracias por el beneficio
recibido.
APOLOGÍA
DEL MINISTERIO DE PABLO Y RECONCILIACIÓN CON LOS CORINTIOS
12 Este es para nosotros un motivo de orgullo: el
testimonio que nos da nuestra conciencia de que siempre, y particularmente en
relación con vosotros, nos hemos comportado con la santidad y la sinceridad que
proceden de Dios, movidos, no por una sabiduría puramente humana, sino por la
gracia de Dios. 13 En efecto, nuestras cartas no son ambiguas: no
hay en ellas más de lo que vosotros pueden leer y entender. Y espero que
comprenderán plenamente 14 –como ya lo han comprendido en parte– que
en el Día de nuestro Señor Jesús, podrán sentirse orgullosos de nosotros, como
nosotros de vosotros. 15 Convencido de esto, me propuse visitarlos
primero a vosotros, para darles una nueva alegría, 16 y de allí
pasar a Macedonia. Después, a mi regreso de Macedonia, vosotros me ayudarían a
proseguir mi viaje a Judea. 17 Al proponerme esto, ¿obré
precipitadamente?, ¿o bien mis proyectos estaban fundados en motivos puramente
humanos, de manera que yo digo al mismo tiempo «sí» y «no»? 18 Les
aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con vosotros no es hoy
«sí», y mañana «no». 19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que
nosotros hemos anunciado entre vosotros –tanto Silvano y Timoteo, como yo
mismo– no fue «sí» y «no», sino solamente «sí». 20 En efecto, todas
las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos
«Amén» a Dios, para gloria suya. 21 Y es Dios el que nos reconforta
en Cristo, a nosotros y a vosotros; el que nos ha ungido, 22 el que
también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las
primicias del Espíritu.
23 Pongo a Dios por testigo, y lo juro por mi
propia vida, que si no volví a Corinto fue por consideración hacia vosotros. 24
Porque no pretendemos imponer nuestro dominio sobre la fe de vosotros, ya que vosotros
permanecen firmes en la fe: lo que queremos es aumentarles el gozo.
2 1 Estoy decidido a no hacerles otra
visita que sea para vosotros motivo de tristeza. 2 Porque si yo los
entristezco, ¿quién me podrá alegrar, sino el mismo a quien yo entristecí? 3
Y si les he escrito lo que vosotros ya saben, fue para no apenarme al llegar, a
causa de aquellos que debían alegrarme, porque estoy convencido de que mi
alegría es también la de vosotros. 4 Verdaderamente les escribí con
gran aflicción y angustia, y con muchas lágrimas, no para entristecerlos, sino
para demostrarles el profundo afecto que les tengo.
5 Si alguien me entristeció, no me entristeció a
mí solamente sino también, en cierta medida –lo digo sin exagerar– a todos vosotros.
6 Pienso que es suficiente el castigo que la mayoría ha impuesto al
ofensor. 7 Conviene ahora perdonarlo y animarlo para que el pobre no
quede agobiado por una pena excesiva. 8 Por eso, les ruego que en
este caso hagan prevalecer el amor. 9 Antes les escribí para
ponerlos a prueba y ver si son capaces de obedecer en todo. 10 Pero
ahora, yo también perdono al que vosotros perdonaron, y lo hago en la presencia
de Cristo por amor de vosotros, 11 para que Satanás no saque ventaja
de nosotros, ya que conocemos bien sus intenciones.
12 Cuando llegué a Tróade para anunciar la Buena
Noticia de Jesús, aunque el Señor abrió una puerta para mi predicación, 13
estaba muy preocupado porque no encontré a mi hermano Tito; por eso, me despedí
de ellos y partí para Macedonia.
14 Demos gracias a Dios, que siempre nos hace
triunfar en Cristo, y por intermedio nuestro propaga en todas partes la
fragancia de su conocimiento. 15 Porque nosotros somos la fragancia
de Cristo al servicio de Dios, tanto entre los que se salvan, como entre los
que se pierden: 16 para estos, aroma de muerte, que conduce a la
muerte; para aquellos, aroma de vida, que conduce a la Vida. ¿Y quién es capaz
de cumplir semejante tarea? 17 Pero nosotros no somos como muchos
que trafican con la Palabra de Dios, sino que hablamos con sinceridad en nombre
de Cristo, como enviados de Dios y en presencia del mismo Dios.
3 1 ¿Comenzamos nuevamente a
recomendarnos a nosotros mismos? ¿Acaso tenemos que presentarles o recibir de vosotros
cartas de recomendación, como hacen algunos? 2 Vosotros mismos son
nuestra carta, una carta escrita en nuestros corazones, conocida y leída por
todos los hombres. 3 Evidentemente vosotros son una carta que Cristo
escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios
viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones.
4 Es Cristo el que nos da esta seguridad delante
de Dios, 5 no porque podamos atribuirnos algo que venga de nosotros
mismos, ya que toda nuestra capacidad viene de Dios. 6 Él nos ha
capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en
la letra, sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 7
Ahora bien, si el ministerio que lleva a la muerte –grabado sobre piedras– fue
inaugurado con tanta gloria que los israelitas no podían fijar sus ojos en el
rostro de Moisés, por el resplandor –aunque pasajero– de ese rostro, 8
¡cuánto más glorioso será el ministerio del Espíritu! 9 Y si el
ministerio que llevaba a la condenación fue tan glorioso, ¡cuál no será la
gloria del ministerio que conduce a la justicia! 10 En realidad,
aquello que fue glorioso bajo cierto aspecto ya no lo es más en comparación con
esta gloria extraordinaria. 11 Porque si lo que era transitorio se
ha manifestado con tanta gloria, ¡cuánto más glorioso será lo que es
permanente!
12 Animados con esta esperanza, nos comportamos
con absoluta franqueza, 13 y no como Moisés, que se cubría el rostro
con un velo para impedir que los israelitas vieran el fin de un esplendor
pasajero. 14 Pero se les oscureció el entendimiento, y ese mismo
velo permanece hasta el día de hoy en la lectura del Antiguo Testamento, porque
es Cristo el que lo hace desaparecer. 15 Sí, hasta el día de hoy
aquel velo les cubre la inteligencia siempre que leen a Moisés. 16
Pero al que se convierte al Señor, se le cae el velo. 17
Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está
la libertad. 18 Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto,
reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su
propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor,
que es Espíritu.
4 1 Por eso, investidos
misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos 2
y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido con astucia o
falsificando la Palabra de Dios. Por el contrario, manifestando abiertamente la
verdad, nos recomendamos a nosotros mismos, delante de Dios, frente a toda
conciencia humana. 3 Si nuestro Evangelio todavía resulta
impenetrable, lo es sólo para aquellos que se pierden, 4 para los
incrédulos, a quienes el dios de este mundo les ha enceguecido el
entendimiento, a fin de que no vean resplandecer el Evangelio de la gloria de
Cristo, que es la imagen de Dios. 5 Porque no nos predicamos a
nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que
servidores de vosotros por amor de Jesús. 6 Porque el mismo Dios que
dijo: «Brille la luz en medio de las tinieblas», es el que hizo brillar su luz
en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de
Dios, reflejada en el rostro de Cristo.
7 Pero nosotros llevamos ese tesoro en
recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no
procede de nosotros, sino de Dios. 8 Estamos atribulados por todas
partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9
perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. 10
Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la
muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro
cuerpo. 11 Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la
muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en
nuestra carne mortal. 12 De esa manera, la muerte hace su obra en
nosotros, y en vosotros, la vida. 13 Pero teniendo ese mismo
espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé,
también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. 14 Y nosotros
sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos
reunirá a su lado junto con vosotros. 15 Todo esto es por vosotros:
para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan
en la acción de gracias para gloria de Dios. 16 Por eso, no nos
desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre
interior se va renovando día a día. 17 Nuestra angustia, que es leve
y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. 18
Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las
invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.
5 1 Nosotros sabemos, en efecto, que
si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, tenemos una
casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios. 2
Por eso, ahora gemimos deseando ardientemente revestirnos de aquella morada
celestial; 3 porque una vez que nos hayamos revestido de ella, ya no
nos encontraremos desnudos. 4 Mientras estamos en esta tienda de
campaña, gemimos angustiosamente, porque no queremos ser desvestidos, sino
revestirnos, a fin de que lo que es mortal sea absorbido por la vida. 5
Y aquel que nos destinó para esto es el mismo Dios que nos dio las primicias
del Espíritu. 6 Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo
que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; 7
porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente. 8
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo
para estar junto al Señor; 9 en definitiva, sea que vivamos en este
cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo. 10 Porque
todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba,
de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.
11 Por lo tanto, compenetrados del temor del
Señor, tratamos de persuadir a los hombres. Dios ya nos conoce plenamente, y
espero que también vosotros nos conozcan de la misma manera. 12 No
pretendemos volver a recomendarnos delante de vosotros: solamente queremos
darles un motivo para que se sientan orgullosos de nosotros y puedan responder
a los que se glorían de lo exterior y no de lo que hay en el corazón. 13
En efecto, si hemos procedido como insensatos, lo hicimos por Dios; y si somos
razonables, es por vosotros. 14 Porque el amor de Cristo nos
apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han
muerto. 15 Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan
más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16 Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no
conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de
esa manera, ya no lo conocemos más así. 17 El que vive en Cristo es
una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho
presente. 18 Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él
por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. 19
Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no
teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la
reconciliación. 20 Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo,
y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les
suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. 21 A
aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor
nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.
6 1 Y porque somos sus colaboradores,
los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. 2 Porque él
nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de
la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la
salvación. 3 En cuanto a nosotros, no damos a nadie ninguna ocasión
de escándalo, para que no se desprestigie nuestro ministerio. 4 Al
contrario, siempre nos comportamos como corresponde a ministros de Dios, con
una gran constancia: en las tribulaciones, en las adversidades, en las
angustias, 5 al soportar los golpes, en la cárcel, en las revueltas,
en las fatigas, en la falta de sueño, en el hambre. 6 Nosotros
obramos con integridad, con inteligencia, con paciencia, con benignidad, con
docilidad al Espíritu Santo, con un amor sincero, 7 con la palabra
de verdad, con el poder de Dios; usando las armas ofensivas y defensivas de la
justicia; 8 sea que nos encontremos en la gloria, o que estemos
humillados; que gocemos de buena o de mala fama; que seamos considerados como
impostores, cuando en realidad somos sinceros; 9 como desconocidos,
cuando nos conocen muy bien; como moribundos, cuando estamos llenos de vida;
como castigados, aunque estamos ilesos; 10 como tristes, aunque
estamos siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como gente
que no tiene nada, aunque lo poseemos todo.
11 Les hemos hablado, corintios, con toda
franqueza y hemos abierto completamente nuestro corazón. 12 En él
hay cabida para todos vosotros; en cambio, en el de vosotros no la hay para
nosotros. 13 Yo deseo que me paguen con la misma moneda. Les hablo
como a mis propios hijos: también vosotros abran su corazón.
14 No tengan relaciones indebidas con los que no creen.
Porque, ¿qué tienen en común la justicia con la iniquidad, o la luz con las
tinieblas? 15 ¿Qué entendimiento puede haber entre Cristo y Belial?,
¿o qué unión entre el creyente y el que no cree? 16 ¿Qué acuerdo
entre el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios
viviente, como lo dijo el mismo Dios: Yo habitaré y caminaré en medio de
ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. 17 Por eso,
salgan de en medio de esa gente y pónganse aparte, dice el Señor. No toquen
nada impuro, y yo los recibiré. 18 Y seré para vosotros un
Padre, y vosotros serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor todopoderoso. 7
1 Ya que poseemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos
de todo lo que mancha el cuerpo o el espíritu, llevando a término la obra de
nuestra santificación en el temor de Dios.
2 Háganme un lugar en sus corazones. Nosotros no
hemos perjudicado ni arruinado ni explotado a nadie. 3 No digo esto
para condenarlos: como ya les dije, vosotros están en mi corazón, unidos en la
vida y en la muerte. 4 Yo siempre les hablo con toda franqueza y
tengo sobrados motivos para gloriarme de vosotros. Esto me llena de consuelo y
me da una inmensa alegría en medio de todas las tribulaciones. 5
Cuando llegamos a Macedonia, no tuvimos descanso. De todas partes nos acosaban
las tribulaciones: luchas por fuera y temores por dentro. 6 Pero
Dios, que consuela a los afligidos, nos consoló con la llegada de Tito, 7
y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que vosotros le
prodigaron. Él nos habló del profundo afecto, del dolor y de la preocupación
que vosotros sienten por mí, con lo cual me alegré más todavía.
8 Porque, si bien es verdad que los entristecí
con mi carta, no me lamento de haberlo hecho. Si antes lo lamenté –al saber que
aquella carta, aunque sólo fuera momentáneamente, los entristeció– 9
ahora me regocijo, no porque vosotros se hayan puesto tristes, sino porque esa
tristeza fue motivo de arrepentimiento. Vosotros, en efecto, han experimentado
la tristeza que proviene de Dios, de manera que nosotros no les hemos hecho
ningún daño. 10 Esa tristeza produce un arrepentimiento que lleva a
la salvación y no se debe lamentar; en cambio, la tristeza del mundo produce la
muerte. 11 Fíjense bien lo que ha producido en vosotros la tristeza
que proviene de Dios. ¡Cuánta solicitud! ¿Qué digo? ¡Cuántas excusas! ¡Qué
indignación! ¡Qué temor! ¡Cuántos deseos ardientes! ¡Qué preocupación! ¡Qué
castigo ejemplar! De todas las maneras posibles, vosotros han demostrado que
son inocentes en este asunto. 12 En realidad, yo no les escribí a
causa del ofensor, ni siquiera a causa del ofendido, sino para que se ponga de
manifiesto, delante de Dios, la solicitud que vosotros tienen por nosotros. 13
Esto nos ha servido de consuelo; y a este
consuelo personal, se agregó una alegría mucho mayor todavía: la de ver el gozo
de Tito, después que fue tranquilizado por vosotros. 14 Y si delante
de él me glorié un poco de vosotros, no me avergüenzo de ello. Todo lo
contrario, de la misma manera que siempre les he dicho la verdad, también en
esta ocasión se comprobó que era legítimo el orgullo que sentí por vosotros
delante de Tito. 15 Y el afecto que él les tiene se acrecienta
cuando recuerda la obediencia, el respeto y la reverencia con que lo
recibieron. 16 Por eso me alegro de poder confiar plenamente en vosotros.
Un ejemplo de generosidad
8 1 Ahora, hermanos, queremos informarles acerca de la gracia
que Dios ha concedido a las Iglesias de Macedonia. 2 Porque, a pesar
de las grandes tribulaciones con que fueron probadas, la abundancia de su gozo
y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad. 3
Puedo asegurarles que ellos estaban dispuestos a dar según sus posibilidades y
más todavía: por propia iniciativa, 4 nos pidieron, con viva
insistencia, que les permitiéramos participar de este servicio en favor de los
hermanos de Jerusalén. 5 Y superando nuestras esperanzas, ellos se
entregaron, en primer lugar al Señor, y luego a nosotros, por la voluntad de
Dios.
6 Por eso, hemos rogado a Tito que lleve a feliz
término entre vosotros esta obra de generosidad, de la misma manera que la
había comenzado. 7 Y ya que vosotros se distinguen en todo: en fe,
en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el
amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en
generosidad. 8 Esta no es una orden: solamente quiero que
manifiesten la sinceridad de su amor, mediante la solicitud por los demás. 9
Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo
pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. 10 Por
eso, quiero darles un consejo que les será provechoso, ya que vosotros, el año
pasado, fueron los primeros, no sólo en emprender esta obra, sino también en
decidir su realización. 11 Llévenla ahora a término, para que los
hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la
voluntad. 12 Porque cuando existe esa decisión, a uno se
lo acepta con lo que tiene y no se hace cuestión de lo que no tiene. 13 No se trata de que vosotros sufran necesidad para que otros vivan en
la abundancia, sino de que haya igualdad. 14 En el
caso presente, la abundancia de vosotros suple la necesidad de ellos, para que
un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de vosotros. Así habrá igualdad,
15 de acuerdo con lo que dice la Escritura: El que
había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió
escasez.
16 Doy gracias a Dios,
porque ha puesto en el corazón de Tito la misma solicitud que yo tengo por vosotros.
17 Él, no solamente respondió
a mi llamado, sino que, con más solicitud que nunca y por propia iniciativa, ha
decidido ir a verlos. 18
Con él les enviamos al hermano que ha merecido el elogio de todas las Iglesias,
por el servicio que ha prestado al Evangelio. 19 Además, él ha sido designado por las Iglesias
como nuestro compañero de viaje en esta obra de generosidad, a la cual nos
consagramos para gloria del Señor y como prueba de nuestra buena voluntad. 20 Nuestra intención, es evitar toda crítica con
respecto a la abundante colecta que tenemos a nuestro cuidado, 21 procurando hacer lo que está bien, no
solamente delante de Dios, sino también delante de los hombres. 22 Con ellos, les enviamos a otro de nuestros
hermanos, cuyo celo hemos comprobado muchas veces y de varias maneras, y que
ahora se muestra más solícito todavía, por la confianza que les tiene. 23 En cuanto a Tito, él es mi compañero y mi
colaborador entre vosotros, y los demás hermanos son los delegados de las
Iglesias y la gloria de Cristo. 24
Pruébenles entonces su amor, y lo bien fundado de nuestro orgullo por vosotros
delante de las Iglesias.
9
1 Está de más que les escriba acerca de este servicio en favor de
los hermanos de Jerusalén, 2
porque conozco la buena disposición de vosotros. Ya les he dicho con orgullo a
los hermanos de Macedonia: «La Acaya está preparada desde el año pasado». Y el
entusiasmo de vosotros ha servido de estímulo para muchos. 3 A pesar de todo, envié a los hermanos, para que
nuestro orgullo respecto de vosotros no se vea defraudado en esta ocasión y,
además, para que estén preparados, como ya les advertí. 4 No sea que si alguno de los hermanos de
Macedonia va a visitarlos conmigo y los encuentra desprevenidos, nuestra gran
confianza se convierta en vergüenza para nosotros, por no decir para vosotros. 5 Por esta razón, creí necesario rogar a los
hermanos que se me adelantaran, para ir organizando con tiempo esa obra buena
que vosotros habían prometido, de manera que aparezca como una muestra de
generosidad y no de mezquindad.
6 Sepan que el que siembra mezquinamente,
tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad,
cosechará abundantemente. 7
Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o
por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría. 8 Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos
de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún
les sobre para hacer toda clase de buenas obras. 9 Como dice la Escritura: El justo ha
prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente.
10 El que da al
agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a vosotros
la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia. 11 Así, serán colmados de riquezas y podrán dar
con toda generosidad; y esa generosidad, por intermedio nuestro, se
transformará en acciones de gracias a Dios. 12 Porque este servicio sagrado, no sólo satisface
las necesidades de los santos, sino que también es una fuente abundante de
acciones de gracias a Dios. 13
En efecto, al comprobar el verdadero carácter de la ayuda que vosotros les
prestan, ellos glorificarán a Dios por la obediencia con que vosotros confiesan
la Buena Noticia de Cristo y por la generosidad con que están unidos a ellos y
a todos. 14 Y la oración
que ellos harán por vosotros pondrá de manifiesto el cariño que les profesan, a
causa de la gracia sobreabundante que Dios derramó sobre vosotros. 15 ¡Demos gracias a Dios por su don inefable!
La respuesta de Pablo a la acusación de debilidad
10 1 Yo mismo los exhorto por la mansedumbre y la
benevolencia de Cristo; yo, Pablo, que soy tan apocado cuando estoy delante de vosotros,
y tan audaz cuando estoy lejos. 2 Les ruego que
cuando esté entre vosotros no me vea obligado a ejercer esa severidad que
pienso emplear resueltamente contra aquellos que suponen que nuestra conducta
se inspira en motivos carnales. 3 Porque, aunque
vivimos en la carne, no combatimos con medios carnales. 4 No, las armas de nuestro combate no son carnales, pero, por la fuerza
de Dios, son suficientemente poderosas para derribar fortalezas. Por eso
destruimos los sofismas 5 y toda clase de altanería
que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometemos toda inteligencia
humana para que obedezca a Cristo. 6 Y estamos
dispuestos a castigar cualquier desobediencia, una vez que vosotros lleguen a
obedecer perfectamente. 7 Acepten las cosas como son.
El que hace alarde de ser de Cristo, reconozca que también lo somos nosotros, 8 y aunque yo me gloriara más de la cuenta en la autoridad que me dio el
Señor, no me avergüenzo, porque es para edificación y no para destrucción de vosotros.
9 Les digo esto para que no piensen que pretendo
atemorizarlos con mis cartas. 10 Porque algunos
dicen: «Sus cartas son enérgicas y severas; en cambio, su presencia resulta
insignificante y su palabra despreciable». 11 A los
que dicen eso, les respondo: Lo que somos en nuestras cartas, cuando estamos
ausentes, también lo seremos con nuestros actos, cuando estemos presentes.
12 En realidad, no
pretendemos ponernos a la altura de algunos que se elogian a sí mismos, ni
compararnos con ellos. El hecho de que se midan con su propia medida y se
comparen consigo mismos, demuestra que proceden neciamente. 13 Nosotros, por nuestra parte, no nos gloriamos
más allá de lo debido, sino que usamos la medida que Dios mismo nos ha fijado
al hacernos llegar hasta vosotros. 14
En efecto, no nos excedemos en nuestro derecho: nos excederíamos, si no
hubiéramos ido; pero nosotros fuimos para anunciarles la Buena Noticia de
Cristo. 15 Nosotros no
nos gloriamos más allá de lo que corresponde, aprovechándonos de los trabajos
ajenos. Al contrario, abrigamos la esperanza de que, al crecer la fe de vosotros,
se amplíe nuestro campo de acción, siempre de acuerdo con nuestra norma de
conducta. 16 Así podremos
llevar la Buena Noticia a regiones más alejadas todavía, sin entrar en campo
ajeno ni gloriarnos en el trabajo de otros. 17 El que se gloría, que se gloríe en el Señor.
18 Porque el que vale no es
el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien Dios recomienda.
11
1 ¡Ojalá quisieran tolerar un poco de locura de mi parte! De hecho,
ya me toleran. 2 Yo estoy
celoso de vosotros con el celo de Dios, porque los he unido al único Esposo,
Cristo, para presentarlos a él como una virgen pura. 3 Pero temo que, así como la serpiente, con su
astucia, sedujo a Eva, también vosotros se dejen corromper interiormente,
apartándose de la sinceridad debida a Cristo. 4 Si alguien viniera a predicarles otro
Jesucristo, diferente del que nosotros hemos predicado, o si recibieran un
Espíritu distinto del que han recibido, u otro Evangelio diverso del que han
aceptado, ¡ciertamente lo tolerarían! 5
Yo pienso, sin embargo, que no soy inferior a esos que se consideran «apóstoles
por excelencia». 6
Porque, aunque no soy más que un profano en cuanto a la elocuencia, no lo soy
en cuanto al conocimiento; y esto lo he demostrado en todo y delante de todos.
7 ¿Acaso procedí mal al anunciarles
gratuitamente la Buena Noticia de Dios, humillándome a mí mismo para elevarlos
a vosotros? 8 Yo he
despojado a otras Iglesias, aceptando su ayuda, para poder servirlos a vosotros.
9 Y cuando estaba entre vosotros,
aunque me encontré necesitado, no fui gravoso para nadie, porque los hermanos
que habían venido de Macedonia me proveyeron de lo que necesitaba. Siempre
evité serles una carga, y así lo haré siempre. 10 Les aseguro por la verdad de Cristo que reside
en mí, que yo no quiero perder este motivo de orgullo en la región de Acaya. 11 ¿Será acaso porque no los amo? Dios lo sabe. 12 Y lo que hago, lo seguiré haciendo, para quitar
todo pretexto a los que buscan una ocasión de gloriarse por los mismos motivos
que nos gloriamos nosotros. 13
Estos son falsos apóstoles, que proceden engañosamente, haciéndose pasar por
apóstoles de Cristo. 14
Su táctica no debe sorprendernos, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel
de luz. 15 No es de
extrañar, entonces, que sus servidores se disfracen de servidores de la
justicia. Pero su fin será digno de sus obras.
16 Les vuelvo a repetir:
que nadie me tome por insensato, y si me toma por tal, que me permita, a mi
vez, gloriarme un poco. 17
Lo que voy a decir ahora no lo diré movido por el Señor, sino como si fuera un
necio, con la seguridad de que también yo tengo de qué gloriarme. 18 Ya que tantos otros se glorían según la carne,
yo también voy a gloriarme. 19
¡Con qué gusto soportan a los necios, vosotros que se tienen por tan sensatos! 20 ¡Toleran que los esclavicen, que los exploten,
que les roben, que los tratad con prepotencia, que los abofeteen! 21 Dicen que hemos sido demasiado débiles: lo
admito para mi vergüenza. Pero de lo mismo que otros se jactan –y ahora hablo
como un necio– también yo me puedo jactar. 22 ¿Ellos son hebreos? Yo también lo soy. ¿Son
israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. 23 ¿Son ministros de Cristo? Vuelvo a hablar como
un necio: yo lo soy más que ellos. Mucho más por los trabajos, mucho más por
las veces que estuve prisionero, muchísimo más por los golpes que recibí. Con
frecuencia estuve al borde de la muerte, 24
cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, 25 tres veces fui flagelado, una vez fui
apedreado, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche en medio del mar. 26 En mis innumerables viajes, pasé peligros en
los ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas,
peligros de parte de los extranjeros, peligros en la ciudad, peligros en
lugares despoblados, peligros en el mar, peligros de parte de los falsos
hermanos, 27 cansancio y
hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y
desnudez. 28 Y dejando de
lado otras cosas, está mi preocupación cotidiana: el cuidado de todas las
Iglesias. 29 ¿Quién es
débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me
sienta como sobre ascuas? 30 Si hay que gloriarse de algo, yo me gloriaré de
mi debilidad. 31 Dios, el Padre
del Señor Jesús –bendito sea eternamente– sabe que no miento. 32 En Damasco, el etnarca del rey Aretas hizo
custodiar la ciudad para apoderarse de mí, 33 y tuvieron que bajarme por una ventana de la
muralla, metido en una canasta: así escapé de sus manos.
12
1 ¿Hay que seguir gloriándose? Aunque no esté bien, pasaré a las
visiones y revelaciones del Señor. 2
Conozco a un discípulo de Cristo que hace catorce años –no sé si con el cuerpo
o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al tercer cielo. 3 Y sé que este hombre –no sé si con el cuerpo o
fuera de él, ¡Dios lo sabe!– 4
fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables que el hombre es incapaz de
repetir. 5 De ese hombre
podría jactarme, pero en cuanto a mí, sólo me glorío de mis debilidades. 6 Si quisiera gloriarme, no sería un necio,
porque diría la verdad; pero me abstengo de hacerlo, para que nadie se forme de
mí una idea superior a lo que ve o me oye decir.
7 Y para que la grandeza de las
revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de
Satanás que me hiere. 8
Tres veces pedí al Señor que me librara, 9
pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la
debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que
resida en mí el poder de Cristo. 10
Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones,
en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque
cuando soy débil, entonces soy fuerte.