Carta a los Romanos

 

 

Saludo inicial
1 1 Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, 2 que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor,
nacido de la estirpe de David
según la carne,
4 y constituido Hijo de Dios con poder
según el Espíritu santificador,
por su resurrección de entre los muertos.
5 Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
a fin de conducir a la obediencia de la fe,
para gloria de su Nombre,
a todos los pueblos paganos,
6 entre los cuales se encuentran también vosotros,
que han sido llamados por Jesucristo.
7 A todos los que están en Roma,
amados de Dios, llamados a ser santos,
llegue la gracia y la paz,
que proceden de Dios, nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo.

Acción de gracias y súplica

 

8 En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo, a causa de todos vosotros, porque su fe es alabada en el mundo entero. 9 Dios, a quien tributo un culto espiritual anunciando la Buena Noticia de su Hijo, es testigo de que yo los recuerdo constantemente, 10 pidiendo siempre en mis oraciones que pueda encontrar, si Dios quiere, la ocasión favorable para ir a visitarlos. 11 Porque tengo un gran deseo de verlos, a fin de comunicarles algún don del Espíritu que los fortalezca, 12 mejor dicho, a fin de que nos reconfortemos unos a otros, por la fe que tenemos en común. 13 Hermanos, quiero que sepan que muchas veces intenté visitarlos para recoger algún fruto también entre vosotros, como lo he recogido en otros pueblos paganos; pero hasta ahora no he podido hacerlo. 14 Yo me debo tanto a los griegos como a los que no lo son, a los sabios como a los ignorantes. 15 De ahí mi ardiente deseo de anunciarles la Buena Noticia también a vosotros, los que habitan en Roma.

 

LA SALVACIÓN POR LA FE EN JESUCRISTO

 

El tema de la Carta

 

16 Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y después de los que no lo son. 17 En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.

Los paganos, objeto de la ira divina

 

18 En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad y la injusticia de los hombres, que por su injusticia retienen prisionera la verdad. 19 Porque todo cuanto se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer, 20  ya que sus atributos invisibles –su poder eterno y su divinidad– se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras. Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa: 21 en efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad. 22 Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles.

La corrupción y el castigo de los paganos

 

24 Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, 25 ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén. 26 Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. 27 Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. 28 Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe. 29 Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones. 30 Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres, 31 insensatos, desleales, insensibles, despiadados. 32 Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen.

Los judíos, objeto de la ira divina

 

2 1 Por eso, tú que pretendes ser juez de los demás –no importa quién seas– no tienes excusa, porque al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que condenas. 2 Sabemos que Dios juzga de acuerdo con la verdad a los que se comportan así. 3 Tú que juzgas a los que hacen esas cosas e incurres en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de Dios? 4 ¿O desprecias la riqueza de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, sin reconocer que esa bondad te debe llevar a la conversión? 5 Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios, 6 que retribuirá a cada uno según sus obras. 7 Él dará la Vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien, buscan la gloria, el honor y la inmortalidad. 8 En cambio, castigará con la ira y la violencia a los rebeldes, a los que no se someten a la verdad y se dejan arrastrar por la injusticia. 9 Es decir, habrá tribulación y angustia para todos los que hacen el mal: para los judíos, en primer lugar, y también para los que no lo son. 10 Y habrá gloria, honor y paz para todos los que obran el bien: para los judíos, en primer lugar, y también para los que no lo son, 11 porque Dios no hace acepción de personas.

La Ley y el pecado

 

12 En efecto, todos los que hayan pecado sin tener la Ley de Moisés perecerán sin esa Ley; y los que hayan pecado teniendo la Ley serán juzgados por ella, 13 porque a los ojos de Dios, no son justos los que oyen la Ley, sino los que la practican. 14 Cuando los paganos, que no tienen la Ley, guiados por la naturaleza, cumplen las prescripciones de la Ley, aunque no tengan la Ley, ellos son ley para sí mismos, 15 y demuestran que lo que ordena la Ley está inscrito en sus corazones. Así lo prueba el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa, 16 hasta el Día en que Dios juzgará las intenciones ocultas de los hombres por medio de Cristo Jesús, conforme a la Buena Noticia que yo predico. 17 Pero tú, que te precias de ser judío; tú que te apoyas en la Ley y te glorías en Dios; 18 tú que dices conocer su voluntad e, instruido por la Ley, pretendes discernir lo mejor, 19 presumiendo ser guía de ciegos y luz para los que andan en tinieblas; 20 tú que instruyes a los ignorantes y eres maestro de los simples, porque tienes en la Ley la norma de la ciencia y de la verdad; 21 ¡tú, que enseñas a los otros, no te enseñas a ti mismo! Tú, que hablas contra el robo, también robas. 22 Tú, que condenas el adulterio, también lo cometes. Tú, que aborreces a los ídolos, saqueas sus templos. 23 Tú, que te glorías en la Ley, deshonras a Dios violando la Ley. 24 Porque como dice la Escritura: Por culpa de vosotros, el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones.

La verdadera circuncisión

 

25 La circuncisión es útil si practicas la Ley, pero si no la practicas, es lo mismo que si fueras un incircunciso. 26 Al contrario, el que no está circuncidado, pero observa las prescripciones de la Ley, será tenido por un verdadero circunciso. 27 Más aún, el que físicamente no está circuncidado pero observa la Ley, te juzgará a ti, que teniendo la letra de la Ley y la circuncisión, no practicas la Ley. 28 Porque no es verdadero judío el que lo es exteriormente, ni la verdadera circuncisión es la que se nota en la carne. 29 El verdadero judío lo es interiormente, y la verdadera circuncisión es la del corazón, la que se hace según el espíritu y no según la letra de la Ley. A este le corresponde la alabanza, no de los hombres, sino de Dios.

La situación de los judíos

 

3 1 ¿Cuál es entonces la superioridad del judío, y qué utilidad tiene la circuncisión? 2 Las ventajas son muchas desde todo punto de vista. Ante todo, Dios confió su Palabra a los judíos. 3 ¿Y qué importa que algunos no hayan creído? ¿Acaso su incredulidad anulará la fidelidad de Dios? 4 De ninguna manera: Dios es veraz, y todo hombre, mentiroso, porque como dice la Escritura: Serás reconocido como justo por lo que dices y triunfarás cuando seas juzgado. 5 Ahora bien, si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué conclusión sacaremos? ¿Dios será injusto –me expreso en términos humanos– al dar libre curso a su ira? 6 De ningún modo. De lo contrario, ¿cómo podría Dios juzgar al mundo? 7 Pero si con mi mentira, la verdad de Dios sale ganando, para gloria suya, ¿por qué todavía voy a ser condenado como pecador? 8 ¿O debemos hacer el mal para que resulte el bien, como algunos calumniadores nos hacen decir? ¡Estos sí merecen ser condenados!

La universalidad del pecado

 

9 En definitiva, entonces, ¿somos o no superiores a los paganos? De ninguna manera. 10 Porque acabamos de probar que todos están sometidos al pecado, tanto los judíos como los que no lo son. Así lo afirma la Escritura:


No hay ningún justo, ni siquiera uno;
11 no hay nadie que comprenda,
nadie que busque a Dios.
12 Todos están extraviados,
igualmente corrompidos;
nadie practica el bien,
ni siquiera uno solo.
13 Su garganta es un sepulcro abierto;
engañan con su lengua,
sus labios destilan veneno de víboras,
14 su boca está llena de maldición y amargura.
15 Sus pies son rápidos para derramar sangre,
16 en sus caminos hay ruina y miseria,
17 no conocen la senda de la paz.
18 El temor de Dios no está ante sus ojos.
19 Ahora bien, nosotros sabemos que todo lo que dice la Ley es válido solamente para los que están bajo la Ley, a fin de que nadie pueda alegar inocencia y todo el mundo sea reconocido culpable delante de Dios. 20 Porque a los ojos de Dios, nadie será justificado por las obras de la Ley, ya que la Ley se limita a hacernos conocer el pecado.

La revelación de la justicia de Dios

 

21 Pero ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas: 22 la justicia de Dios, por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay ninguna distinción: 23 todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24 pero son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención cumplida en Cristo Jesús. 25 Él fue puesto por Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, gracias a la fe. De esa manera, Dios ha querido mostrar su justicia: 26 en el tiempo de la paciencia divina, pasando por alto los pecados cometidos anteriormente, y en el tiempo presente, siendo justo y justificando a los que creen en Jesús.

La justificación por la fe

 

27 ¿Qué derecho hay entonces para gloriarse? Ninguno. Pero, ¿en virtud de qué ley se excluye ese derecho? ¿Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. 29 ¿Acaso Dios es solamente el Dios de los judíos? ¿No lo es también de los paganos? Evidentemente que sí, 30 porque no hay más que un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de esa misma fe. 31 Entonces, ¿por medio de la fe, anulamos la Ley? ¡Ni pensarlo! Por el contrario, la confirmamos.

La justificación de Abraham

 

4 1 ¿Y qué diremos de Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Si él hubiera sido justificado por las obras tendría de qué gloriarse, pero no delante de Dios. 3 Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 4 Ahora bien, al que trabaja no se le da el salario como un regalo, sino como algo que se le debe. 5 Pero al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación. 6 Por eso David proclama la felicidad de aquel a quien Dios confiere la justicia sin las obras, diciendo:
7 Felices aquellos
a quienes fueron perdonadas sus faltas
y cuyos pecados han sido cubiertos.
8 Feliz el hombre
a quien Dios no le tiene en cuenta su pecado.

 

Abraham, padre de los creyentes

 

9 Pero esta felicidad, ¿es únicamente para los que han sido circuncidados, o también para los que no lo han sido? Consideremos lo que ya dijimos: A Abraham le fue tenida en cuenta la fe para su justificación. 10 ¿Cuándo le fue tenida en cuenta? ¿Antes o después de la circuncisión? Evidentemente antes y no después. 11 Y él recibió el signo de la circuncisión, como sello de la justicia que alcanzó por medio de la fe, antes de ser circuncidado. Así llegó a ser padre de aquellos que, a pesar de no estar circuncidados, tienen la fe que les es tenida en cuenta para su justificación. 12 Y es también padre de los que se circuncidan pero no se contentan con esto, sino que siguen el mismo camino de la fe que tuvo nuestro padre Abraham, antes de ser circuncidado.

La promesa hecha a Abraham

 

13 En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. 14 Porque si la herencia pertenece a los que están bajo la Ley, la fe no tiene objeto y la promesa carece de valor, 15 ya que la Ley provoca la ira y donde no hay Ley tampoco hay trasgresión. 16 Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común, 17 como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

La fe de Abraham y la fe del cristiano

 

18 Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. 19 Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto –era casi centenario– y que también lo estaba el seno de Sara. 20 Él no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, fortalecido por esa fe, glorificó a Dios, 21 plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete. 22 Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación. 23 Pero cuando dice la Escritura: Dios tuvo en cuenta su fe, no se refiere únicamente a Abraham, sino también a nosotros, 24 que tenemos fe en aquel que resucitó a nuestro Señor Jesús, 25 el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

 

El fruto de la justificación

 

5 1 Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. 2 Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; 4 la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. 5 Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. 6 En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. 7 Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. 8 Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9 Y ahora que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos librados por él de la ira de Dios. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida. 11 Y esto no es todo: nosotros nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien desde ahora hemos recibido la reconciliación.

Adán y Jesucristo

 

12 Por lo tanto, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. 13 En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. 14 Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una trasgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir. 15 Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. 16 Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. 17 En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia. 18 Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. 19 Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos. 20 Es verdad que la Ley entró para que se multiplicaran las transgresiones, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 21 Porque así como el pecado reinó produciendo la muerte, también la gracia reinará por medio de la justicia para la Vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

La identificación con Cristo por el Bautismo

 

6 1 ¿Qué diremos entonces? ¿Que debemos seguir pecando para que abunde la gracia? 2 ¡Ni pensarlo! ¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos viviendo en él? 3 ¿No saben vosotros que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. 5 Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. 6 Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. 7 Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. 8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. 9 Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. 10 Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. 11 Así también vosotros, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

La liberación del pecado y el servicio de Dios

 

12 No permitan que el pecado reine en sus cuerpos mortales, obedeciendo a sus malos deseos. 13 Ni hagan de sus miembros instrumentos de injusticia al servicio del pecado, sino ofrézcanse vosotros mismos a Dios, como quienes han pasado de la muerte a la Vida, y hagan de sus miembros instrumentos de justicia al servicio de Dios. 14 Que el pecado no tenga más dominio sobre vosotros, ya que no están sometidos a la Ley, sino a la gracia. 15 ¿Entonces qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos sometidos a la Ley sino a la gracia? ¡De ninguna manera! 16 ¿No saben que al someterse a alguien como esclavos para obedecerle, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen, sea del pecado, que conduce a la muerte, sea de la obediencia que conduce a la justicia? 17 Pero gracias a Dios, vosotros, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina, a la cual fueron confiados, 18 y ahora, liberados del pecado, han llegado a ser servidores de la justicia. 19 Voy a hablarles de una manera humana, teniendo en cuenta la debilidad natural de vosotros. Si antes entregaron sus miembros, haciéndolos esclavos de la impureza y del desorden hasta llegar a sus excesos, pónganlos ahora al servicio de la justicia para alcanzar la santidad.

Los frutos del pecado y de la justicia

 

20 Cuando eran esclavos del pecado, vosotros estaban libres con respecto de la justicia. 21 Pero, ¿qué provecho sacaron entonces de las obras que ahora los avergüenzan? El resultado de esas obras es la muerte. 22 Ahora, en cambio, vosotros están libres del pecado y sometidos a Dios: el fruto de esto es la santidad y su resultado, la Vida eterna. 23 Porque el salario del pecado es la muerte, mientras que el don gratuito de Dios es la Vida eterna, en Cristo Jesús, nuestro Señor.

La liberación de la Ley

 

7 1 ¿Acaso vosotros ignoran, hermanos –hablo a gente que entiende de leyes– que el hombre está sujeto a la ley únicamente mientras vive? 2 Así, una mujer casada permanece ligada por la ley a su esposo mientras él viva; pero al morir el esposo, queda desligada de la ley que la unía a él. 3 Por lo tanto, será tenida por adúltera si en vida de su marido, se une a otro hombre. En cambio, si su esposo muere, quedará desligada de la ley, y no será considerada adúltera si se casa con otro hombre. 4 De igual manera, hermanos, por la unión con el cuerpo de Cristo, vosotros han muerto a la Ley, para pertenecer a otro, a aquel que resucitó a fin de que podamos dar frutos para Dios. 5 Porque mientras vivíamos según la naturaleza carnal, las malas pasiones, estimuladas por la Ley, obraban en nuestros miembros para hacernos producir frutos de muerte. 6 Pero ahora, muertos a todo aquello que nos tenía esclavizados, hemos sido liberados de la Ley, de manera que podamos servir a Dios con un espíritu nuevo y no según una letra envejecida.

La Ley, ocasión de pecado

 

7 ¿Diremos entonces que la Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Pero yo no hubiera conocido el pecado si no fuera por la Ley. En efecto, hubiera ignorado la codicia, si la Ley no dijera: No codiciarás. 8 Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le daba el precepto, provocó en mí toda suerte de codicia, porque sin la Ley, el pecado es cosa muerta. 9 Hubo un tiempo en que yo vivía sin Ley, pero al llegar el precepto, tomó vida el pecado, 10 y yo, en cambio, morí. Así resultó que el mandamiento que debía darme la vida, me llevó a la muerte. 11 Porque el pecado, aprovechando la oportunidad que le daba el precepto, me sedujo y, por medio del precepto, me causó la muerte.12 De manera que la Ley es santa, como es santo, justo y bueno el precepto. 13  ¿Pero es posible que lo bueno me cause la muerte? ¡De ningún modo! Lo que pasa es que el pecado, a fin de mostrarse como tal, se valió de algo bueno para causarme la muerte, y así el pecado, por medio del precepto, llega a la plenitud de su malicia.

La oposición entre la carne y el espíritu

 

14 Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, y estoy vendido como esclavo al pecado. 15 Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco. 16 Pero si hago lo que no quiero, con eso reconozco que la Ley es buena. 17 Pero entonces, no soy yo quien hace eso, sino el pecado que reside en mí, 18 porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. 19 Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. 20 Pero cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside en mí. 21 De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el mal. 22 Porque de acuerdo con el hombre interior, me complazco en la Ley de Dios, 23 pero observo que hay en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me ata a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Ay de mí! ¿Quién podrá librarme de este cuerpo que me lleva a la muerte? 25 ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a la Ley de Dios, pero con mi carne sirvo a la ley del pecado.

La ley del Espíritu

 

8 1 Por lo tanto, ya no hay condenación para aquellos que viven unidos a Cristo Jesús. 2 Porque la ley del Espíritu, que da la Vida, te ha librado, en Cristo Jesús, de la ley del pecado y de la muerte. 3 Lo que no podía hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo, en una carne semejante a la del pecado, y como víctima por el pecado. Así él condenó el pecado en la carne, 4 para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que ya no vivimos conforme a la carne sino al espíritu.

Los deseos de la carne y del espíritu

 

5 En efecto, los que viven según la carne desean lo que es carnal; en cambio, los que viven según el espíritu, desean lo que es espiritual. 6 Ahora bien, los deseos de la carne conducen a la muerte, pero los deseos del espíritu conducen a la vida y a la paz, 7 porque los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo. 8 Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. 9 Pero vosotros no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. 10 Pero si Cristo vive en vosotros, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en vosotros. 12 Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. 13 Si vosotros viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.

La filiación divina

 

14 Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15 Y vosotros no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre! 16 El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. 17 Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.

La esperanza de la creación

 

18 Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. 19 En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. 20 Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. 21 Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. 23 Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la plena filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque solamente en esperanza estamos salvados. Ahora bien, cuando se ve lo que se espera, ya no se espera más: ¿acaso se puede esperar lo que se ve? 25 En cambio, si esperamos lo que no vemos, lo esperamos con constancia.

La oración del Espíritu

 

26 Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. 27 Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.

El plan de salvación

 

28 Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. 29 En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; 30 y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.

Himno del amor de Dios

 

31 ¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? 33 ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros? 35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? 36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. 37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. 38 Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, 39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

ISRAEL EN EL PLAN DE DIOS


Los privilegios de Israel


9 1 Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. 2 Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. 3 Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza. 4 Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas. 5 A ellos pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén.

La fidelidad de Dios a sus promesas

 

6 No es cierto que la palabra de Dios haya caído en el vacío. Porque no todos los que descienden de Israel son realmente israelitas. 7 Como tampoco todos los descendientes de Abraham son hijos suyos, sino que como dice la Escritura: De Isaac nacerá tu descendencia. 8 Esto quiere decir que los hijos de Dios no son los que han nacido de la carne, y que la verdadera descendencia son los hijos de la promesa. 9 Porque así dice la promesa: Para esta misma fecha volveré, y entonces Sara tendrá un hijo. 10 Y esto no es todo: está también el caso de Rebeca que concibió dos hijos de un solo hombre, Isaac, nuestro padre. 11 Antes que nacieran los niños, antes que pudieran hacer el bien o el mal –para que resaltara la libertad de la elección divina, 12 que no depende de las obras del hombre, sino de aquel que llama– Dios le dijo a Rebeca: El mayor servirá al menor, 13 según lo que dice la Escritura: Preferí a Jacob, en lugar de Esaú.

La libertad de la elección divina

 

14 ¿Diremos por eso que Dios es injusto? ¡De ninguna manera! 15 Porque él dijo a Moisés: Seré misericordioso con el que yo quiera, y me compadeceré del que quiera compadecerme. 16 En consecuencia, todo depende no del querer o del esfuerzo del hombre, sino de la misericordia de Dios. 17 Porque la Escritura dice al Faraón: Precisamente para eso te he exaltado, para que en ti se manifieste mi poder y para que mi Nombre sea celebrado en toda la tierra. 18 De manera que Dios tiene misericordia del que él quiere y endurece al que él quiere. 19 Tú me podrás objetar: Entonces, ¿qué puede reprocharnos Dios? ¿Acaso alguien puede resistir a su voluntad? 20 Pero tú, ¿quién eres para discutir con Dios? ¿Puede el objeto modelado decir al que lo modela: Por qué me haces así? 21 ¿No es el alfarero dueño de su arcilla, para hacer de un mismo material una vasija fina o una ordinaria? 22 ¿Qué podemos reprochar a Dios, si queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, soportó con gran paciencia a quienes atrajeron su ira y merecieron la perdición? 23  Y si él quiso manifestar la riqueza de su gloria en los que recibieron su misericordia, en los que él predestinó para la gloria, 24 en nosotros, que fuimos llamados por él, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los paganos, ¿qué podemos reprocharle?

La infidelidad de Israel y el llamado a los paganos

 

25 Esto es lo que dice Dios por medio de Oseas: Al que no era mi pueblo, lo llamaré «Mi pueblo», y a la que no era mi amada la llamaré «Mi amada». 26 Y en el mismo lugar donde se les dijo: «Vosotros no son mi pueblo», allí mismo serán llamados «Hijos del Dios viviente». 27 A su vez, Isaías proclama acerca de Israel: Aunque los israelitas fueran tan numerosos como la arena del mar, sólo un resto se salvará, 28 porque el Señor cumplirá plenamente y sin tardanza su palabra sobre la tierra. 29 Y como había anticipado el profeta Isaías: Si el Señor del universo no nos hubiera dejado un germen, habríamos llegado a ser como Sodoma, seríamos semejantes a Gomorra. 30 ¿Qué conclusión sacaremos de todo esto? Que los paganos que no buscaban la justicia, alcanzaron la justicia, la que proviene de la fe; 31 mientras que Israel, que buscaba una ley de justicia, no llegó a cumplir esa ley. 32 ¿Por qué razón? Porque no recurrieron a la fe sino a las obras. De este modo chocaron contra la piedra de tropiezo, 33 como dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer, pero el que cree en él, no quedará confundido.

Israel y la justicia de Dios

 

10 1 Hermanos, mi mayor deseo y lo que pido en mi oración a Dios es que ellos se salven. 2 Yo atestiguo en favor de ellos que tienen celo por Dios, pero un celo mal entendido. 3 Porque desconociendo la justicia de Dios y tratando de afirmar la suya propia, rehusaron someterse a la justicia de Dios, 4 ya que el término de la Ley es Cristo, para justificación de todo el que cree. 5 Moisés, en efecto, escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: El hombre que la practique vivirá por ella. 6 En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, esto es, para hacer descender a Cristo. 7 O bien: ¿Quién descenderá al Abismo?, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. 8 ¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. 9 Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. 10 Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. 11 Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. 12 Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. 13 Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

El misterio de la incredulidad de Israel

 

14 Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? 15 ¿Y quiénes predicarán, si no se los envía? Como dice la Escritura: ¡Qué hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias! 16 Pero no todos aceptan la Buena Noticia. Así lo dice Isaías: Señor, ¿quién creyó en nuestra predicación? 17 La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo. 18 Yo me pregunto: ¿Acaso no la han oído? Sí, por supuesto: Por toda la tierra se extiende su voz y sus palabras llegan hasta los confines del mundo. 19 Pero vuelvo a preguntarme: ¿Es posible que Israel no haya comprendido? Ya lo dijo Moisés: Yo los pondré celosos con algo que no es un pueblo, los irritaré con una nación insensata. 20 E Isaías se atreve a decir: Me encontraron los que no me buscaban y me manifesté a aquellos que no preguntaban por mí. 21 De Israel, en cambio, afirma: Durante todo el día tendí mis manos a un pueblo infiel y rebelde.

El resto de Israel

 

11 1 Entonces me pregunto: ¿Dios habrá rechazado a su Pueblo? ¡Nada de eso! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de Benjamín. 2 Dios no ha rechazado a su Pueblo, al que eligió de antemano. ¿Vosotros no saben acaso lo que dice la Escritura en la historia de Elías? Él se quejó de Israel delante de Dios, diciendo: 3 Señor, han matado a tus profetas, destruyeron tus altares; he quedado yo solo y tratan de quitarme la vida. 4 ¿Y qué le respondió el oráculo divino?: Me he reservado siete mil hombres que no doblaron su rodilla ante Baal. 5 Así, en el tiempo presente, hay también un resto elegido gratuitamente. 6 Y si es por gracia, no es por las obras; de lo contrario, la gracia no sería gracia.

7 ¿Qué conclusión sacaremos de esto? Que Israel no alcanzó lo que buscaba, sino que lo consiguieron los elegidos; en cuanto a los demás, se endurecieron, 8 según la palabra de la Escritura: Dios los insensibilizó, para que sus ojos no vean y sus oídos no escuchen hasta el día de hoy. 9 Y David añade: Que su mesa se convierta en una trampa y en un lazo, en ocasión de caída y en justo castigo. 10 Que se nublen sus ojos para que no puedan ver, y doblégales la espalda para siempre.

La esperanza en la salvación de Israel

 

11 Yo me pregunto entonces: ¿El tropiezo de Israel significará su caída definitiva? De ninguna manera. Por el contrario, a raíz de su caída, la salvación llegó a los paganos, a fin de provocar los celos de Israel. 12 Ahora bien, si su caída enriqueció al mundo y su disminución a los paganos, ¿qué no conseguirá su conversión total? 13 A vosotros, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio 14 provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. 15 Porque si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida?

El Pueblo de Dios y los paganos

 

16 Si las primicias son santas, también lo es toda la masa; si la raíz es santa, también lo son las ramas. 17 Si algunas de las ramas fueron cortadas, y tú, que eres un olivo silvestre, fuiste injertado en lugar de ellas, haciéndote partícipe de la raíz y de la savia del olivo, 18 no te enorgullezcas frente a las ramas. Y si lo haces, recuerda que no eres tú quien mantiene a la raíz, sino la raíz a ti. 19 Me dirás: Estas ramas han sido cortadas para que yo fuera injertado. 20 De acuerdo, pero ellas fueron cortadas por su falta de fe; tú, en cambio, estás firme gracias a la fe. No te enorgullezcas por eso; más bien, teme. 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdonará a ti. 22 Considera tanto la bondad cuanto la severidad de Dios: él es severo para con los que cayeron y es bueno contigo, siempre y cuando seas fiel a su bondad; de lo contrario, también tú serás arrancado. 23 Y si ellos no persisten en su incredulidad, también serán injertados, porque Dios es suficientemente poderoso para injertarlos de nuevo. 24 En efecto, si tú fuiste cortado de un olivo silvestre, al que pertenecías naturalmente, y fuiste injertado contra tu condición natural en el olivo bueno, ¡cuánto más ellos podrán ser injertados en su propio olivo, al que pertenecen por naturaleza!

La salvación final de Israel

 

25 Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, a fin de que no presuman de vosotros mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos. 26 Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: De Sión vendrá el Libertador. Él apartará la impiedad de Jacob. 27 Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados.28 Ahora bien, en lo que se refiere a la Buena Noticia, ellos son enemigos de Dios, a causa de vosotros; pero desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a sus padres. 29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.30 En efecto, vosotros antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. 31 De la misma manera, ahora que vosotros han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.

La insondable sabiduría de Dios

 

33 ¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! 34 ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? 35 ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido? 36 Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén.

 

LAS EXIGENCIAS PRÁCTICAS DE LA FE

 

El culto espiritual

 

12 1 Por lo tanto, hermanos, yo os exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse vosotros mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. 2 No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Los carismas al servicio de la comunidad

 

3 En virtud de la gracia que me fue dada, le digo a cada uno de vosotros: no se estimen más de lo que conviene; pero tengan por vosotros una estima razonable, según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno. 4 Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, 5 también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros. 6 Conforme a la gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes. El que tiene el don de la profecía, que lo ejerza según la medida de la fe. 7 El que tiene el don del ministerio, que sirva. El que tiene el don de enseñar, que enseñe. 8 El que tiene el don de exhortación, que exhorte. El que comparte sus bienes, que dé con sencillez. El que preside la comunidad, que lo haga con solicitud. El que practica misericordia, que lo haga con alegría.

El amor fraterno

 

9 Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. 10 Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. 11 Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. 12 Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. 13 Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad.

El amor a los enemigos

 

14 Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. 15 Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. 16 Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. 17 No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. 18 En cuanto dependa de vosotros, tratad de vivir en paz con todos. 19 Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor. 20 Y en otra parte está escrito: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. 21 No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien.

El respeto a las autoridades

 

13 1 Todos deben someterse a las autoridades constituidas, porque no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por él. 2 En consecuencia, el que resiste a la autoridad se opone al orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación. 3 Los que hacen el bien no tienen nada que temer de los gobernantes, pero sí los que obran mal. Si no quieres sentir temor de la autoridad, obra bien y recibirás su elogio. 4 Porque la autoridad es un instrumento de Dios para tu bien. Pero teme si haces el mal, porque ella no ejerce en vano su poder, sino que está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal. 5 Por eso es necesario someterse a la autoridad, no sólo por temor al castigo sino por deber de conciencia. 6 Y por eso también, vosotros deben pagar los impuestos: los gobernantes, en efecto, son funcionarios al servicio de Dios encargados de cumplir este oficio. 7 Den a cada uno lo que le corresponde: al que se debe impuesto, impuesto; al que se debe contribución, contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor, a quien le es debido.

El amor, resumen de la Ley

 

8 Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. 9 Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.

Las obras de los hijos de la luz

 

11 Vosotros saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. 12 La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz. 13 Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. 14 Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne.

La comprensión hacia los débiles en la fe

 

14 1 Sean comprensivos con el que es débil en la fe, sin entrar en discusiones. 2 Mientras algunos creen que les está permitido comer de todo, los débiles sólo comen verduras. 3 Aquel que come de todo no debe despreciar al que se abstiene, y este a su vez, no debe criticar al que come de todo, porque Dios ha recibido también a este. 4 ¿Quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si él se mantiene firme o cae, es cosa que incumbe a su dueño, pero se mantendrá firme porque el Señor es poderoso para sostenerlo. 5 Unos tienen preferencia por algunos días, mientras que para otros, todos los días son iguales. Que cada uno se atenga a su propio juicio. 6 El que distingue un día de otro lo hace en honor del Señor; y el que come, también lo hace en honor del Señor, puesto que da gracias a Dios; del mismo modo, el que se abstiene lo hace en honor del Señor, y también da gracias a Dios.

La conciencia y el Juicio de Dios

 

7 Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. 8 Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. 9 Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos. 10 Entonces, ¿con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios, 11 porque está escrito: Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua dará gloria a Dios, dice el Señor. 12 Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí mismo a Dios. 13 Dejemos entonces de juzgarnos mutuamente; tratad más bien de no poner delante de su hermano nada que lo haga tropezar o caer. 14 Estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que nada es impuro por sí mismo; pero si alguien estima que una cosa es impura, para él sí es impura. 15 Si por un alimento, afliges a tu hermano, ya no obras de acuerdo con el amor. ¡No permitas que por una cuestión de alimentos se pierda aquel por quien murió Cristo!

La verdadera libertad cristiana

 

16 No expongan a la maledicencia el buen uso de su libertad. 17 Después de todo, el Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida, sino de justicia, de paz y de gozo en el Espíritu Santo. 18 El que sirve a Cristo de esta manera es agradable a Dios y goza de la aprobación de los hombres. 19 Busquemos, por lo tanto, lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. 20 No arruines la obra de Dios por un alimento. En realidad, todo es puro, pero se hace malo para el que come provocando escándalo. 21 Lo mejor es no comer carne ni beber vino ni hacer nada que pueda escandalizar a tu hermano. 22 Guarda para ti, delante de Dios, lo que te dicta tu propia convicción. ¡Feliz el que no tiene nada que reprocharse por aquello que elige! 23 Pero el que come a pesar de sus dudas, es culpable porque obra de mala fe. Y todo lo que no se hace de buena fe es pecado.

La mutua tolerancia a ejemplo de Cristo

 

15 1 Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos. 2 Que cada uno trate de agradar a su prójimo para el bien y la edificación común. 3 Porque tampoco Cristo buscó su propia complacencia, como dice la Escritura: Cayeron sobre mí los ultrajes de los que te agravian. 4 Ahora bien, todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza. 5 Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús, 6 para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

La fidelidad y la misericordia de Dios

 

7 Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a vosotros para la gloria de Dios. 8 Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho a nuestros padres, 9 y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice: Yo te alabaré en medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu Nombre. 10 Y en otra parte dice: ¡Pueblos extranjeros, alégrense con el Pueblo de Dios! 11 Y también afirma: ¡Alaben al Señor todas las naciones; glorifíquenlo todos los pueblos! 12 Y el profeta Isaías dice a su vez: Aparecerá el brote de Jesé, el que se alzará para gobernar las naciones paganas: y todos los pueblos pondrán en él su esperanza.13 Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en vosotros por obra del Espíritu Santo.

 

EPÍLOGO

 

El ministerio de Pablo entre los paganos

 

14 Por mi parte, hermanos, estoy convencido de que vosotros están llenos de buenas disposiciones y colmados del don de la ciencia, y también de que son capaces de aconsejarse mutuamente. 15 Sin embargo, les he escrito, en algunos pasajes con una cierta audacia, para recordarles lo que ya saben, correspondiendo así a la gracia que Dios me ha dado: 16 la de ser ministro de Jesucristo entre los paganos, ejerciendo el oficio sagrado de anunciar la Buena Noticia de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una ofrenda agradable a Dios, santificada por el Espíritu Santo. 17 ¡Yo tengo de qué gloriarme en Cristo Jesús, en lo que se refiere al servicio de Dios! 18 Porque no me atrevería a hablar sino de aquello que hizo Cristo por mi intermedio, para conducir a los paganos a la obediencia, mediante la palabra y la acción, 19 por el poder de signos y prodigios y por la fuerza del Espíritu de Dios. Desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria, he llevado a su pleno cumplimiento la Buena Noticia de Cristo, 20 haciendo cuestión de honor no predicar la Buena Noticia allí donde el nombre de Cristo ya había sido invocado, para no edificar sobre un fundamento puesto por otros. 21 Así dice la Escritura: Lo verán aquellos a los que no se les había anunciado y comprenderán aquellos que no habían oído hablar de él.

Proyectos de viaje de Pablo

 

22 Por eso en todo este tiempo no he podido ir a verlos. 23 Pero como ya he terminado mi trabajo en esas regiones y desde hace varios años tengo un gran deseo de visitarlos, 24 espero verlos de paso cuando vaya a España, y que me ayuden a proseguir mi viaje a ese país, una vez que haya disfrutado, aunque sea un poco, de la compañía de vosotros. 25 Pero ahora, voy a Jerusalén para llevar una ayuda a los santos de allí. 26 Porque Macedonia y Acaya resolvieron hacer una colecta en favor de los santos de Jerusalén que están necesitados. 27 Lo hicieron espontáneamente, aunque en realidad, estaban en deuda con ellos. Porque si los paganos participaron de sus bienes espirituales, deben a su vez retribuirles con bienes materiales. 28 Y una vez que haya terminado esa misión y entregado oficialmente la ofrenda recogida, iré a España, pasando por allí. 29 Y estoy seguro de que llegaré hasta vosotros con la plenitud de las bendiciones de Cristo. 30 Les ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchen junto conmigo, intercediendo ante Dios por mí, 31 a fin de que, en Judea, no caiga en manos de los incrédulos, y los santos de Jerusalén reciban con agrado la ofrenda que les llevo. 32 Así tendré la alegría de ir a verlos, y si Dios quiere, podré descansar un poco entre vosotros. 33 Que el Dios de la paz esté con todos vosotros. Amén.

APÉNDICE

 

Saludos
16 1 Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la Iglesia de Cencreas, 2 para que la reciban en el Señor, como corresponde a los santos, ayudándola en todo lo que necesite de vosotros: ella ha protegido a muchos hermanos y también a mí. 3 Saludad a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús. 4 Ellos arriesgaron su vida para salvarme, y no sólo yo, sino también todas las Iglesias de origen pagano, tienen con ellos una deuda de gratitud. 5 Saludad, igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa. No se olviden de saludar a mi amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor. 6 Saludad a María, que tanto ha trabajado por vosotros; 7 a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y creyeron en Cristo antes que yo. 8 Saludad a Ampliato, mi amigo querido en el Señor; 9 a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y también a Estaquis, mi querido amigo. 10 Saludad a Apeles, que ha dado pruebas de fidelidad a Cristo, y también a los de la familia de Aristóbulo. 11 Saludad a mi pariente Herodión, y a los de la familia de Narciso que creen en Cristo. 12 Saludad a Trifena y a Trifosa, que tanto se esfuerzan por el Señor; a la querida Persis, que también ha trabajado mucho por el Señor. 13 Saludad a Rufo, el elegido del Señor, y a su madre, que lo es también mía; 14 a Asíncrito, a Flegonte, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos. 15 Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, así como también a Olimpia, y a todos los santos que viven con ellos. 16 Salúdense mutuamente con el beso de paz. Todas las Iglesias de Cristo les envían saludos.

Recomendaciones finales

 

17 Les ruego, hermanos, que se cuiden de los que provocan disensiones y escándalos, contrariamente a la enseñanza que vosotros han recibido. Eviten su trato, 18 porque ellos no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio interés, seduciendo a los simples con palabras suaves y aduladoras. 19 En todas partes se conoce la obediencia de vosotros, y esto me alegra; pero quiero que sean hábiles para el bien y sencillos para el mal. 20 El Dios de la paz aplastará muy pronto a Satanás, dándoles la victoria sobre él. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros. 21 Timoteo, mi colaborador, les envía saludos, así como también mis parientes Lucio, Jasón y Sosípatro. 22 Yo, Tercio, que he servido de amanuense, los saludo en el Señor. 23 También los saluda Gayo, que me brinda hospedaje a mí y a toda la Iglesia. Finalmente, les envían saludos Erasto, el tesorero de la ciudad y nuestro hermano Cuarto. 24 .

Doxología final

 

25 ¡Gloria a Dios,
que tiene el poder de afianzarlos,
según la Buena Noticia que yo anuncio,
proclamando a Jesucristo,
y revelando un misterio que fue
guardado en secreto desde la eternidad
26 y que ahora se ha manifestado!
Este es el misterio
que, por medio de los escritos proféticos
y según el designio del Dios eterno,
fue dado a conocer a todas las naciones
para llevarlas a la obediencia de la fe.
27 ¡A Dios, el único sabio,
por Jesucristo,
sea la gloria eternamente! Amén.

 

 

Iª Corintios

 

Saludo inicial

 

1 1 Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, 2 saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro. 3 Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Acción de gracias

 

4 No dejo de dar gracias a Dios por vosotros, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. 5 En efecto, vosotros han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, 6 en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en vosotros. 7 Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. 8 ´El os mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. 9 Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

 

LAS DIVISIONES EN LA COMUNIDAD


Reprobación de las discordias

 

10 Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre vosotros y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. 11 Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre vosotros. 12 Me refiero a que cada uno afirma: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo». 13 ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por vosotros? ¿O será que vosotros fueron bautizados en el nombre de Pablo? 14 Felizmente yo no he bautizado a ninguno de vosotros, excepto a Crispo y a Gayo. 15 Así nadie puede decir que ha sido bautizado en mi nombre. 16 Sí, también he bautizado a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. 17 Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.

La sabiduría del mundo y la sabiduría cristiana

 

18 El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan –para nosotros– es fuerza de Dios. 19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes. 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad? 21 En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación. 22 Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, 23 nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, 24 pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. 25 Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.

El llamado de Dios a los pobres

 

26 Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre vosotros muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. 27 Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; 28 lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. 29 Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. 30 Por él, vosotros están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, 31 a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

La predicación de Pablo

 

2 1 Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. 2 Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. 3 Por eso, me presenté ante vosotros débil, temeroso y vacilante. 4 Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, 5 para que vosotros no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 6 Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción. 7 Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo; 8 aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria. 9 Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.

 

El poder del Espíritu

 

10 Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios. 11 ¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que reconozcamos los dones gratuitos que Dios nos ha dado. 13 Nosotros no hablamos de estas cosas con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con el lenguaje que el Espíritu de Dios nos ha enseñado, expresando en términos espirituales las realidades del Espíritu. 14 El hombre puramente natural no valora lo que viene del Espíritu de Dios: es una locura para él y no lo puede entender, porque para juzgarlo necesita del Espíritu. 15 El hombre espiritual, en cambio, todo lo juzga, y no puede ser juzgado por nadie. 16 Porque ¿quién penetró en el pensamiento del Señor, para poder enseñarle? Pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo.

La inmadurez de los corintios

 

3 1 Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo. 2 Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora, 3 ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre vosotros, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana? 4 Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?

El ministerio apostólico

 

5 Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales vosotros han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor. 6 Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios. 7 Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer. 8 No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado. 9 Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y vosotros son el campo de Dios, el edificio de Dios.

La edificación del templo de Dios

 

10 Según la gracia que Dios me ha dado, yo puse los cimientos como lo hace un buen arquitecto, y otro edifica encima. Que cada cual se fije bien de qué manera construye. 11 El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. 12 Sobre él se puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja: 13 la obra de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. 14 Si la obra construida sobre el fundamento resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; 15 si la obra es consumida, se perderá. Sin embargo, su autor se salvará, como quien se libra del fuego. 16 ¿No saben que vosotros son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17 Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y vosotros son ese templo.

La verdadera sabiduría

 

18 ¡Que nadie se engañe! Si alguno de vosotros se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. 19 Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: Él sorprende a los sabios en su propia astucia, 20 y además: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos. 21 En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a vosotros: 22 Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de vosotros, 23 pero vosotros son de Cristo y Cristo es de Dios.

El juicio reservado a Cristo

 

4 1 Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel. 3 En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo. 4 Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor. 5 Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.

Situación de los ministros de Cristo

 

6 En todo esto, hermanos, les puse mi ejemplo y el de Apolo, a fin de que aprendan de nosotros el refrán: «No vayamos más allá de lo que está escrito», y así nadie tome partido orgullosamente en favor de uno contra otro. 7 En efecto, ¿con qué derecho te distingues de los demás? ¿Y qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? 8 ¡Será que vosotros ya están satisfechos! ¡Será que se han enriquecido o que se han convertido en reyes, sin necesidad de nosotros! ¡Ojalá que así fuera, para que nosotros pudiéramos reinar con vosotros! 9 Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. 10 Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo, y en cambio, vosotros son sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles, y vosotros, fuertes. Vosotros gozan de prestigio, y nosotros somos despreciados. 11 Hasta ahora sufrimos hambre, sed y frío. Somos maltratados y vivimos errantes. 12 Nos agotamos, trabajando con nuestras manos. 13 Nos insultan y deseamos el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio para todos hasta el día de hoy.

Amonestación paternal

 

14 No les escribo estas cosas para avergonzarlos, sino para reprenderlos como a hijos muy queridos. 15 Porque, aunque tengan diez mil preceptores en Cristo, no tienen muchos padres: soy yo el que los ha engendrado en Cristo Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia. 16 Les ruego, por lo tanto, que sigan mi ejemplo. 17 Por esta misma razón les envié a Timoteo, mi hijo muy querido y fiel en el Señor; él les recordará mis normas de conducta, que son las de Cristo, y que yo enseño siempre en todas las Iglesias. 18 Algunos de vosotros, pensando que yo no regresaría, se han llenado de orgullo. 19 Pero pronto iré a verlos –si así lo quiere el Señor– y entonces los juzgaré, no por sus palabras, sino por el poder que tienen. 20 ¡Porque el Reino de Dios no es cuestión de palabras sino de poder! 21 ¿Qué prefieren? ¿Que vaya a verlos con la vara en la mano, o con amor y espíritu de mansedumbre?


ABUSOS Y DESÓRDENES EN LA COMUNIDAD

 

Un caso de incesto

 

5 1 Es cosa pública que se cometen entre vosotros actos deshonestos, como no se encuentran ni siquiera entre los paganos, ¡a tal extremo que uno convive con la mujer de su padre! 2 ¡Y todavía se enorgullecen, en lugar de estar de duelo para que se expulse al que cometió esa acción! 3 En lo que a mí respecta, estando ausente con el cuerpo pero presente con el espíritu, ya lo he juzgado, como si yo mismo estuviera allí. 4 Es necesario que vosotros y yo nos reunamos espiritualmente, en el nombre y con el poder de nuestro Señor Jesús, 5 para que este hombre sea entregado a Satanás: así se perderá su carne, pero se salvará su espíritu en el Día del Señor.

El pan ácimo de la santidad

 

6 ¡No es como para gloriarse! ¿No saben que «un poco de levadura hace fermentar toda la masa»? 7 Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que vosotros mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. 8 Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.

La actitud frente a los hermanos deshonestos

 

9 En una carta anterior, les advertí que no se mezclaran con los deshonestos. 10 No quiero decir que se aparten por completo de los deshonestos de este mundo, de los avaros, de los ladrones y de los idólatras: de ser así, tendrían que abandonar este mundo. 11 Lo que quise decirles es que no se mezclen con aquellos que, diciéndose hermanos, son deshonestos, avaros, idólatras, difamadores, bebedores o ladrones: les aconsejo que ni siquiera coman con ellos. 12 No es asunto mío juzgar a los que están fuera de la Iglesia. Vosotros juzguen a los que están dentro; 13 porque a los de afuera los juzga Dios. Expulsen al perverso de en medio de vosotros.

El recurso a los tribunales paganos

 

6 1 ¿Cómo es posible que cuando uno de vosotros tiene algún conflicto con otro, se atreve a reclamar justicia a los injustos, en lugar de someterse al juicio de los santos? 2 ¿No saben vosotros que los santos juzgarán al mundo? Y si el mundo va a ser juzgado por vosotros, ¿cómo no van a ser capaces de juzgar asuntos de mínima importancia? 3 ¿Ignoran que vamos a juzgar a los mismos ángeles? Con mayor razón entonces, los asuntos de esta vida. 4 ¡Y pensar que cuando vosotros tienen litigios, buscan como jueces a los que no son nadie para la Iglesia! 5 Lo digo para avergonzarlos: ¡por lo visto, no hay entre vosotros ni siquiera un hombre sensato, que sea capaz de servir de árbitro entre sus hermanos! 6 ¡Un hermano pleitea con otro, y esto, delante de los que no creen! 7 Ya está mal que haya litigios entre vosotros: ¿acaso no es preferible sufrir la injusticia o ser despojado? 8 Pero no, vosotros mismos son los que cometen injusticias y defraudan a los demás, ¡y esto entre hermanos! 9 ¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios. 11 Algunos de vosotros fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.

La fornicación

 

12 «Todo me está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo me está permitido», pero no me dejaré dominar por nada. 13 Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, y Dios destruirá a ambos. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. 14 Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder. 15 ¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Cómo voy a tomar los miembros de Cristo para convertirlos en miembros de una prostituta? De ninguna manera. 16 ¿No saben que el que se une a una prostituta, se hace un solo cuerpo con ella? Porque dice la Escritura: Los dos serán una sola carne. 17 En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu con él. 18 Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. 19 ¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y que han recibido de Dios? Por lo tanto, vosotros no se pertenecen, 20 sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos

 

RESPUESTA A DIVERSAS CUESTIONES EL MATRIMONIO Y EL CELIBATO

 

Los deberes conyugales

 

7 1 Ahora responderé a lo que vosotros me han preguntado por escrito: Es bueno para el hombre abstenerse de la mujer. 2 Sin embargo, por el peligro de incontinencia, que cada hombre tenga su propia esposa, y cada mujer, su propio marido. 3 Que el marido cumpla los deberes conyugales con su esposa; de la misma manera, la esposa con su marido. 4 La mujer no es dueña de su cuerpo, sino el marido; tampoco el marido es dueño de su cuerpo, sino la mujer. 5 No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de vosotros y los tiente. 6 Esto que les digo es una concesión y no una orden. 7 Mi deseo es que todo el mundo sea como yo, pero cada uno recibe del Señor su don particular: unos este, otros aquel. 8 A los solteros y a las viudas, les aconsejo que permanezcan como yo. 9 Pero si no pueden contenerse, que se casen; es preferible casarse que arder en malos deseos. 10 A los casados, en cambio, les ordeno –y esto no es mandamiento mío, sino del Señor– que la esposa no se separe de su marido. 11 Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer.

Los matrimonios entre cristianos y paganos

 

12 En cuanto a las otras preguntas, les digo yo, no el Señor: Si un hombre creyente tiene una esposa que no cree, pero ella está dispuesta a convivir con él, que no la abandone. 13 Y si una mujer se encuentra en la misma condición, que tampoco se separe de su esposo. 14 Porque el marido que no tiene fe es santificado por su mujer, y la mujer que no tiene fe es santificada por el marido creyente. Si no fuera así, los hijos de vosotros serían impuros; en cambio, están santificados. 15 Pero si el cónyuge que no cree desea separarse, que lo haga, y en ese caso, el cónyuge creyente no permanece ligado al otro, porque Dios nos ha llamado a vivir en paz. 16 Después de todo, ¿qué sabes tú, que eres la esposa, si podrás o no salvar a tu marido, y tú, marido, si podrás salvar a tu mujer?

La condición social del cristiano

 

17 Fuera de este caso, que cada uno siga viviendo en la condición que el Señor le asignó y en la que se encontraba cuando fue llamado. Esto es lo que prescribo en todas las Iglesias. 18 Si un hombre estaba circuncidado antes que Dios lo llamara, que no oculte la señal de la circuncisión; si el llamado lo encontró incircunciso, que no se circuncide. 19 Lo que vale no es la circuncisión, sino cumplir los mandamientos de Dios. 20 Que cada uno permanezca en el estado en que se encontraba cuando Dios lo llamó. 21 ¿Eras esclavo al escuchar el llamado de Dios? No te preocupes por ello, y aunque puedas llegar a ser un hombre libre, aprovecha más bien tu condición de esclavo. 22 Porque el que era esclavo cuando el Señor lo llamó, ahora es un hombre libre en el Señor; de la misma manera, el que era libre cuando el Señor lo llamó, ahora es un esclavo de Cristo. 23 ¡Vosotros han sido redimidos y a qué precio! No se hagan esclavos de los hombres. 24 Hermanos, que cada uno permanezca delante de Dios en el estado en que se encontraba cuando fue llamado.

La excelencia de la virginidad

 

25 Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza. 26 Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es vivir sin casarse. 27 ¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques. 28 Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.

La brevedad del tiempo presente

 

29 Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; 30 los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; 31 los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

La consagración a Dios

 

32 Yo quiero que vosotros vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. 33 En cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, 34 y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido. 35 Les he dicho estas cosas para el bien de vosotros, no para ponerles un obstáculo, sino para que vosotros hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor.
36 Si un hombre, encontrándose en plena vitalidad, cree que no podrá comportarse correctamente con la mujer que ama, y que debe casarse, que haga lo que le parezca: si se casan, no comete ningún pecado. 37 En cambio, el que decide no casarse con ella, porque se siente interiormente seguro y puede contenerse con pleno dominio de su voluntad, también obra correctamente. 38 Por lo tanto, el que se casa con la mujer que ama, hace bien; pero el que no se casa, obra mejor todavía. 39 La mujer permanece ligada a su marido mientras este vive; en cambio, si muere el marido, queda en libertad para casarse con el que quiera. Pero en esto, debe ser guiada por el Señor. 40 Sin embargo, será más feliz si no vuelve a casarse, de acuerdo con mi consejo. Ahora bien, yo creo tener el Espíritu de Dios.


LA CARNE SACRIFICADA A LOS ÍDOLOS

 

El aspecto teórico de la cuestión

 

8 1 Con respecto a la carne sacrificada a los ídolos, todos tenemos el conocimiento debido, ya lo sabemos, pero el conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica. 2 Si alguien se imagina que conoce algo, no ha llegado todavía a conocer como es debido; 3 en cambio, el que ama a Dios es reconocido por Dios. 4 En cuanto a comer la carne sacrificada a los ídolos, sabemos bien que los ídolos no son nada y que no hay más que un solo Dios. 5 Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores. 6 Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos.

El punto de vista del amor fraternal

 

7 Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada. 8 Ciertamente, no es un alimento lo que nos acerca a Dios: ni por dejar de comer somos menos, ni por comer somos más. 9 Pero tengan cuidado que el uso de esta libertad no sea ocasión de caída para el débil. 10 Si alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, ¿no se sentirá autorizado, a causa de la debilidad de su conciencia, a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos? 11 Y así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo! 12 Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, vosotros pecan contra Cristo. 13 Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.

El ejemplo de Pablo: los derechos del Apóstol

 

9 1 ¿Acaso yo no soy libre? ¿No soy Apóstol? ¿No he visto a Jesús, nuestro Señor? ¿No son vosotros mi obra en el Señor? 2 Si para otros yo no soy Apóstol, lo soy al menos para vosotros, porque vosotros son el sello de mi apostolado en el Señor. 3 ¡Esta es mi defensa contra los que me acusan! 4 ¿Acaso no tenemos derecho a comer y a beber, 5 a viajar en compañía de una mujer creyente, como lo hacen los demás Apóstoles, los hermanos del Señor y el mismo Cefas? 6 ¿O bien, Bernabé y yo somos los únicos que estamos obligados a trabajar para subsistir? 7 ¿Qué soldado hace una campaña a sus propias expensas? ¿O quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿O quién apacienta un rebaño y no se alimenta con la leche de las ovejas? 8 Aunque parezca que hablo en términos demasiado humanos, la Ley nos enseña lo mismo. 9 Porque está escrito en la Ley de Moisés: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Será que Dios se preocupa de los bueyes? 10 ¿No será que él habla de nosotros? Sí, esto se escribió por nosotros, porque el que ara tiene que arar con esperanza, y el que trilla el grano debe hacerlo con esperanza de recoger su parte. 11 Si nosotros hemos sembrado en vosotros bienes espirituales, ¿qué tiene de extraño que recojamos de vosotros bienes temporales?

El desprendimiento de Pablo

 

12 Si otros tienen este derecho sobre vosotros, ¿no lo tenemos nosotros con más razón? Sin embargo, nunca hemos hecho uso de él; por el contrario, lo hemos soportado todo para no poner obstáculo a la Buena Noticia de Cristo. 13 ¿No saben vosotros que los ministros del culto viven del culto, y que aquellos que sirven al altar participan del altar? 14 De la misma manera, el Señor ordenó a los que anuncian el Evangelio que vivan del Evangelio.


15 A pesar de todo, no he usado de ninguno de estos derechos; y no les digo esto para aprovecharme ahora de ellos; antes preferiría morir. No, nadie podrá privarme de este motivo de gloria. 16 Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 17 Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. 18 ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.

El celo apostólico de Pablo

 

19 En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. 20 Me hice judío con los judíos para ganar a los judíos; me sometí a la Ley, con los que están sometidos a ella –aunque yo no lo estoy– a fin de ganar a los que están sometidos a la Ley. 21 Y con los que no están sometidos a la Ley, yo, que no vivo al margen de la Ley de Dios –porque estoy sometido a la Ley de Cristo– me hice como uno de ellos, a fin de ganar a los que no están sometidos a la Ley. 22 Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. 23 Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.

El ejemplo de los deportistas

 

24 ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen. 25 Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. 26 Así, yo corro, pero no sin saber adónde; peleo, no como el que da golpes en el aire. 27 Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado.

Las lecciones de la historia de Israel

 

10 1 Porque no deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; 2 y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a Moisés. 3 También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. 4 En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. 5 A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. 6 Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. 7 No adoren a falsos dioses, como hicieron algunos de ellos, según leemos en la Escritura: El pueblo se sentó a comer y a beber, y luego se levantó para divertirse. 8 No forniquemos, como algunos de ellos, y por eso, en castigo, murieron veintitrés mil en un solo día. 9 No provoquemos al Señor, como hicieron algunos de ellos, y perecieron víctimas de las serpientes. 10 No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. 11 Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. 12 Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer! 13 Hasta ahora, vosotros no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla.

Los sacrificios paganos y la Eucaristía

 

14 Por esto, queridos míos, eviten la idolatría. 15 Les hablo como a gente sensata; juzguen vosotros mismos lo que voy a decirles. 16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? 17 Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan. 18 Pensemos en Israel según la carne: aquellos que comen las víctimas, ¿no están acaso en comunión con el altar? 19 ¿Quiero decir con esto que la carne sacrificada a los ídolos tiene algún valor, o que el ídolo es algo? 20 No, afirmo sencillamente que los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios. Ahora bien, yo no quiero que vosotros entren en comunión con los demonios. 21 Vosotros no pueden beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la mesa del Señor y a la mesa de los demonios. 22 ¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Pretendemos ser más fuertes que él?

La libertad de conciencia

 

23 «Todo está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo está permitido», pero no todo es edificante. 24 Que nadie busque su propio interés, sino el de los demás. 25 Coman de todo lo que se vende en el mercado, sin hacer averiguaciones por escrúpulos de conciencia. 26 Porque del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella. 27 Si un pagano los invita a comer y vosotros aceptan, coman de todo aquello que les sirva, sin preguntar nada por motivos de conciencia. 28 Pero si alguien les dice: «Esto ha sido sacrificado a los ídolos», entonces no lo coman, en consideración del que los previno y por motivos de conciencia. 29 Me refiero a la conciencia de ellos, no a la de vosotros: ¿acaso mi libertad va a ser juzgada por la conciencia de otro? 30 Si yo participo de la comida habiendo dado gracias, ¿seré reprendido por aquello mismo de lo que he dado gracias?

La gloria de Dios y la salvación del prójimo

 

31 En resumen, sea que vosotros coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios. 32 No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios. 33 Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse

 

11 1 Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.

LAS ASAMBLEAS LITÚRGICAS  Y LOS DONES DEL ESPÍRITU

 

El velo de las mujeres

2 Los felicito porque siempre se acuerdan de mí y guardan las tradiciones tal como yo se las he transmitido. 3 Sin embargo, quiero que sepan esto: Cristo es la cabeza del hombre; la cabeza de la mujer es el hombre y la cabeza de Cristo es Dios. 4 En consecuencia, el hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta deshonra a su cabeza; 5 y la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra a su cabeza, exactamente como si estuviera rapada. 6 Si una mujer no se cubre con el velo, que se corte el cabello. Pero si es deshonroso para una mujer cortarse el cabello o raparse, que se ponga el velo.

7 El hombre, no debe cubrir su cabeza, porque él es la imagen y el reflejo de Dios, mientras que la mujer es el reflejo del hombre. 8 En efecto, no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del hombre; 9 ni fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. 10 Por esta razón, la mujer debe tener sobre su cabeza un signo de sujeción, por respeto a los ángeles. 11 Por supuesto que para el Señor, la mujer no existe sin el hombre ni el hombre sin la mujer. 12 Porque si la mujer procede del hombre, a su vez, el hombre nace de la mujer y todo procede de Dios.

13 Juzguen por vosotros mismos: ¿Les parece conveniente que la mujer ore con la cabeza descubierta? 14 ¿Acaso la misma naturaleza no nos enseña que es una vergüenza para el hombre dejarse el cabello largo, 15 mientras que para la mujer es una gloria llevarlo así? Porque la cabellera le ha sido dada a manera de velo. 16 Por lo demás, si alguien es amigo de discusiones, le advertimos que entre nosotros se acostumbra usar el velo y también en las Iglesias de Dios.

Abusos en las celebraciones eucarísticas

 

17 Y ya que les hago esta advertencia, no puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de beneficiarlos, los perjudican. 18 Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo. 19 Sin embargo, es preciso que se formen partidos entre vosotros, para que se pongan de manifiesto los que tienen verdadera virtud. 20 Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor, 21 porque apenas se sientan a la mesa, cada uno se apresura a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se pone ebrio. 22 ¿Acaso no tienen sus casas para comer y beber? ¿O tan poco aprecio tienen a la Iglesia de Dios, que quieren hacer pasar vergüenza a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Los voy a alabar? En esto, no puedo alabarlos.

La Cena del Señor

 

23 Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, 24 dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros. Hagan esto en memoria mía». 25 De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía». 26 Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. 27 Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

Condiciones para celebrar la Eucaristía

 

28 Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; 29 porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. 30 Por eso, entre vosotros hay muchos enfermos y débiles, y son muchos los que han muerto. 31 Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos condenados. 32 Pero el Señor nos juzga y nos corrige para que no seamos condenados con el mundo. 33 Así, hermanos, cuando se reúnan para participar de la Cena, espérense unos a otros. 34 Y si alguien tiene hambre, que coma en su casa, para que sus asambleas no sean motivo de condenación. Lo demás lo arreglaré cuando vaya.

Los dones espirituales

 

12 1 Con relación a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que vosotros vivan en la ignorancia. 2 Vosotros saben que cuando todavía eran paganos, se dejaban arrastrar ciegamente al culto de dioses inanimados. 3 Por eso les aseguro que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Maldito sea Jesús». Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo. 4 Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. 5 Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. 6 Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. 7 En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. 8 El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; 9 a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; 10 a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas. 11 Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.

 

El Cuerpo de Cristo

 

12 Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. 13 Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 14 El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. 15 Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? 16 Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? 17 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato? 18 Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. 19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21 El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de vosotros». 22 Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, 23 y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, 24 ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, 25 a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. 26 ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.

Los ministerios y los carismas

 

27 Vosotros son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo. 28 En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. 29 ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? 30 ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas? 31 Vosotros, por su parte, aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.

 

La preeminencia del amor

 

13 1 Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. 2 Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. 3 Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. 4 El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, 5 no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, 6 no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 7 El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; 9 porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. 10 Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. 11 Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, 12 pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. 13 En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

La profecía y el don de lenguas

 

14 1 Procuren alcanzar ese amor, y aspiren también a los dones espirituales, sobre todo al de profecía. 2 Porque aquel que habla un lenguaje incomprensible no se dirige a los hombres sino a Dios, y nadie le entiende: dice en éxtasis cosas misteriosas. 3 En cambio, el que profetiza habla a los hombres para edificarlos, exhortarlos y reconfortarlos. 4 El que habla un lenguaje incomprensible se edifica a sí mismo, pero el que profetiza edifica a la comunidad. 5 Mi deseo es que todos vosotros tengan el don de lenguas, pero prefiero que profeticen, porque el que profetiza aventaja al que habla un lenguaje incomprensible. A no ser que este último también interprete ese lenguaje, para edificación de la comunidad.

Los carismas al servicio de la comunidad

 

6 Supongamos, hermanos, que yo fuera a verlos y les hablara en esa forma, ¿de qué les serviría si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza? 7 Sucedería lo mismo que con los instrumentos de música, por ejemplo, la flauta o la cítara. Si las notas no suenan distintamente, nadie reconoce lo que se está ejecutando. 8 Y si la trompeta emite un sonido confuso, ¿quién se lanzará al combate? 9 Así les pasa a vosotros: si no hablan de manera inteligible, ¿cómo se comprenderá lo que dicen? Estarían hablando en vano. 10 No sé cuántos idiomas diversos hay en el mundo, y cada uno tiene sus propias palabras. 11 Pero si ignoro el sentido de las palabras, seré como un extranjero para el que me habla y él lo será para mí. 12 Así, ya que vosotros ambicionan tanto los dones espirituales, procuren abundar en aquellos que sirven para edificación de la comunidad. 13 Por esta razón, el que habla un lenguaje incomprensible debe orar pidiendo el don de interpretarlo. 14 Porque si oro en un lenguaje incomprensible, mi espíritu ora, pero mi inteligencia no saca ningún provecho. 15 ¿Qué debo hacer entonces? Orar con el espíritu y también con la inteligencia, cantar himnos con el espíritu y también con la inteligencia. 16 Si bendices a Dios solamente con el espíritu, ¿cómo podrá el no iniciado decir «Amén» a tu acción de gracias, ya que no entiende lo que estás diciendo? 17 Sin duda, tu acción de gracias es excelente, pero eso no sirve de edificación para el otro. 18 Yo doy gracias a Dios porque tengo el don de lenguas más que todos vosotros. 19 Sin embargo, cuando estoy en la asamblea prefiero decir cinco palabras inteligibles, para instruir a los demás, que diez mil en un lenguaje incomprensible. 20 Hermanos, no sean como niños para juzgar; séanlo para la malicia, pero juzguen como personas maduras. 21 En la Ley está escrito: Yo hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por boca de extranjeros; con todo, ni aun así me escucharán, dice el Señor. 22 Esto quiere decir que el don de lenguas es un signo, no para los que creen, sino para los que se niegan a creer; la profecía, en cambio, es para los que tienen fe. 23 Por otra parte, si al reunirse la asamblea, todos se ponen a hablar en un lenguaje incomprensible y entran algunos que no están iniciados o no son creyentes, seguramente pensarán que vosotros están locos. 24 En cambio, si todos profetizan y entra alguno de esos hombres, todos podrán convencerlo y examinarlo. 25 Así quedarán manifiestos los secretos de su corazón, y él, cayendo de rodillas, adorará a Dios y proclamará que Dios está realmente entre vosotros.

El orden en las asambleas

 

26 Hermanos, ¿qué conclusión sacaremos de todo esto? Cuando se reúnen, uno puede cantar salmos, otro enseñar, o transmitir una revelación, o pronunciar un discurso en un lenguaje incomprensible, o bien, interpretarlo. Que todo sirva para la edificación común. 27 ¿Se tiene el don de lenguas? Que hablen dos, o a lo sumo tres, y por turno, y que alguien interprete. 28 Si no hay intérprete, que se callen y que cada uno hable consigo mismo y con Dios. 29 Con respecto a los profetas, que hablen dos o tres y que los demás juzguen lo que ellos dicen. 30 Si algún otro asistente recibe una revelación, que se calle el que está hablando. 31 Así todos tendrán oportunidad de profetizar, uno por uno, para que todos sean instruidos y animados. 32 Los que tienen el don de profecía deben ser capaces de controlar su inspiración, 33 porque Dios quiere la paz y no el desorden. Como en todas las Iglesias de los santos, 34 que las mujeres permanezcan calladas durante las asambleas: a ellas no les está permitido hablar. Que se sometan, como lo manda la Ley. 35 Si necesitan alguna aclaración, que le pregunten al marido en su casa, porque no está bien que la mujer hable en las asambleas.

Los carismas y la autoridad

 

36 ¿Acaso la Palabra de Dios ha salido de vosotros o vosotros son los únicos que la han recibido? 37 Si alguien se tiene por profeta o se cree inspirado por el Espíritu, reconozca en esto que les escribo un mandato del Señor, 38 y si alguien no lo reconoce como tal, es porque Dios no lo ha reconocido a él. 39 En conclusión, hermanos, aspiren al don de la profecía y no impidan que se hable en un lenguaje incomprensible. 40 Pero todo debe hacerse con decoro y ordenadamente.

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

 

El Evangelio de Pablo

 

15 1 Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que vosotros han recibido y a la cual permanecen fieles. 2 Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. 3 Les he transmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. 4 Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. 5 Se apareció a Pedro y después a los Doce. 6 Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. 7 Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. 8 Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. 9 Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. 11 En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que vosotros han creído.

La resurrección de Cristo

 

12 Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de vosotros afirman que los muertos no resucitan? 13 ¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó! 14 Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de vosotros. 15 Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. 17 Y si Cristo no resucitó, la fe de vosotros es inútil y sus pecados no han sido perdonados. 18 En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. 19 Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. 20 Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. 21 Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. 22 En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, 23 cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida. 24 En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. 25 Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. 26 El último enemigo que será vencido es la muerte, 27 ya que Dios todo lo sometió bajo sus pies. Pero cuando él diga: «Todo está sometido», será evidentemente a excepción de aquel que le ha sometido todas las cosas. 28 Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.

La resurrección, fundamento de la esperanza

 

29 Si no fuera así, ¿de qué sirve bautizarse por los que han muerto? Si los muertos no resucitan, ¿qué sentido tiene bautizarse por ellos? 30 Y nosotros mismos, ¿por qué nos exponemos a cada instante al peligro? 31 Cada día yo me enfrento con la muerte, y esto es tan cierto, hermanos, como que vosotros son mi orgullo en Cristo Jesús, nuestro Señor. 32 ¿Y qué he ganado, si solamente por motivos humanos, yo tuve que luchar con las fieras en Éfeso? Si los muertos no resucitan, «comamos y bebamos, porque mañana moriremos». 33 No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres». 34 Vuelvan a comportarse como es debido y no pequen más, porque hay algunos entre vosotros que todavía no saben nada de Dios: lo digo para vergüenza de vosotros.

La condición de los cuerpos resucitados

 

35 Alguien preguntará: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo? 36 Tu pregunta no tiene sentido. Lo que siembras no llega a tener vida, si antes no muere. 37 Y lo que siembras, no es la planta tal como va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de cualquier otra planta. 38 Y Dios da a cada semilla la forma que él quiere, a cada clase de semilla, el cuerpo que le corresponde. 39 No todos los cuerpos son idénticos: una es la carne de los hombres, otra la de los animales, otra la de las aves y otra la de los peces. 40 Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrestres, y cada uno tiene su propio resplandor: 41 uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas, y aun las estrellas difieren unas de otras por su resplandor. 42 Lo mismo pasa con la resurrección de los muertos: se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles; 43 se siembran cuerpos humillados y resucitarán gloriosos; se siembran cuerpos débiles y resucitarán llenos de fuerza; 44 se siembran cuerpos puramente naturales y resucitarán cuerpos espirituales. Porque hay un cuerpo puramente natural y hay también un cuerpo espiritual. 45 Esto es lo que dice la Escritura: El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida. 46 Pero no existió primero lo espiritual sino lo puramente natural; lo espiritual viene después. 47 El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo. 48 Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial. 49 De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial.

 

La victoria sobre la muerte

 

50 Les aseguro, hermanos, que lo puramente humano no puede tener parte en el Reino de Dios, ni la corrupción puede heredar lo que es incorruptible. 51 Les voy a revelar un misterio: No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados. 52 En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final –porque esto sucederá– los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. 53 Lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad. 54 Cuando lo que es corruptible se revista de la incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido vencida. 55 ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? 56 Porque lo que provoca la muerte es el pecado y lo que da fuerza al pecado es la ley. 57 ¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo! 58 Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por él no serán vanos.

 

CONCLUSIÓN


La colecta para la comunidad de Jerusalén


16 1 En cuanto a la colecta en beneficio de los santos de Jerusalén, sigan las mismas instrucciones que di a las Iglesias de Galacia. 2 El primer día de la semana, cada uno de vosotros guarde en su casa lo que haya podido ahorrar, para que las donaciones no se recojan solamente a mi llegada. 3 Una vez allí, enviaré a los que vosotros hayan elegido, para que lleven a Jerusalén esas donaciones con una carta de recomendación. 4 Si conviene que yo también vaya, ellos viajarán conmigo.

 

La próxima visita de Pablo

 

5 Yo iré a verlos, después de atravesar Macedonia donde estaré de paso. 6 Tal vez me quede con vosotros algún tiempo, a lo mejor durante todo el invierno, a fin de que me ayuden a proseguir viaje hasta el lugar de mi destino. 7 Porque no quiero verlos sólo de paso, sino que espero quedarme algún tiempo entre vosotros, si el Señor lo permite. 8 Mientras tanto, permaneceré en Éfeso hasta Pentecostés, 9 ya que se ha abierto una gran puerta para mi predicación, aunque los adversarios son numerosos.

 

Recomendaciones y noticias finales

 

10 Si llega antes Timoteo, procuren que permanezca entre vosotros sin ninguna clase de temor, porque él trabaja en la obra del Señor de la misma manera que yo. 11 Que nadie lo menosprecie. Ofrézcanle los medios necesarios para que se reúna conmigo, porque yo lo estoy esperando con los hermanos. 12 En cuanto a nuestro hermano Apolo, le insistí mucho para que fuera a visitarlos junto con los hermanos, pero él se negó rotundamente a hacerlo por ahora: irá cuando se le presente la ocasión. 13 Estén atentos, permanezcan firmes en la fe, compórtense varonilmente, sean fuertes. 14 Todo lo que hagan, háganlo con amor. 15 Una recomendación más, hermanos. Vosotros saben que Estéfanas y su familia –los primeros que abrazaron la fe en Acaya– han decidido consagrarse al servicio de los hermanos. 16 Por eso, les ruego que vosotros, a su vez, sean solícitos con ellos, y no sólo con ellos, sino con todos los que colaboran en sus trabajos y esfuerzos. 17 Yo me alegré con la visita de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico. Ellos llenaron el vacío que vosotros habían dejado, 18 y han tranquilizado mi espíritu y el de vosotros. Sepan apreciarlos como corresponde.

 

Saludos y despedida

 

19 Las Iglesias de la provincia de Asia les envían saludos. También los saludan en el Señor, Aquila y Priscila, junto con los hermanos que se congregan en su casa. 20 Todos los hermanos les envían saludos. Salúdense los unos a los otros con el beso santo. 21 Este es mi saludo, de puño y letra: Pablo.

22 ¡Si alguien no ama al Señor, que sea maldito!

«El Señor viene».

23 Que la gracia del Señor Jesús permanezca con vosotros.

24 Yo los amo a todos vosotros en Cristo Jesús

 

IIª Corintios

 

Saludo inicial

 

1 1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, junto con todos los santos que viven en la provincia de Acaya. 2 Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Acción de gracias

 

3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, 4 que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. 5 Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo. 6 Si sufrimos, es para consuelo y salvación de vosotros; si somos consolados, también es para consuelo de vosotros, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. 7 Por eso, tenemos una esperanza bien fundada con respecto a vosotros, sabiendo que si comparten nuestras tribulaciones, también compartirán nuestro consuelo. 8 Queremos, hermanos, que vosotros conozcan la tribulación que debimos sufrir en la provincia de Asia: la carga fue tan grande que no podíamos sobrellevarla, al extremo de pensar que estábamos a punto de perder la vida. 9 Soportamos en nuestra propia carne una sentencia de muerte, y así aprendimos a no poner nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. 10 Él nos libró y nos librará de ese peligro mortal. Sí, esperamos que también nos librará en el futuro. 11 Vosotros también nos ayudarán con su oración, y de esa manera, siendo muchos los que interceden por nosotros, también serán muchos los que darán gracias por el beneficio recibido.

 

APOLOGÍA DEL MINISTERIO DE PABLO Y RECONCILIACIÓN CON LOS CORINTIOS

 

La sinceridad de Pablo

 

12 Este es para nosotros un motivo de orgullo: el testimonio que nos da nuestra conciencia de que siempre, y particularmente en relación con vosotros, nos hemos comportado con la santidad y la sinceridad que proceden de Dios, movidos, no por una sabiduría puramente humana, sino por la gracia de Dios. 13 En efecto, nuestras cartas no son ambiguas: no hay en ellas más de lo que vosotros pueden leer y entender. Y espero que comprenderán plenamente 14 –como ya lo han comprendido en parte– que en el Día de nuestro Señor Jesús, podrán sentirse orgullosos de nosotros, como nosotros de vosotros. 15 Convencido de esto, me propuse visitarlos primero a vosotros, para darles una nueva alegría, 16 y de allí pasar a Macedonia. Después, a mi regreso de Macedonia, vosotros me ayudarían a proseguir mi viaje a Judea. 17 Al proponerme esto, ¿obré precipitadamente?, ¿o bien mis proyectos estaban fundados en motivos puramente humanos, de manera que yo digo al mismo tiempo «sí» y «no»? 18 Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con vosotros no es hoy «sí», y mañana «no». 19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre vosotros –tanto Silvano y Timoteo, como yo mismo– no fue «sí» y «no», sino solamente «sí». 20 En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya. 21 Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a vosotros; el que nos ha ungido, 22 el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu.

Razones de Pablo para no volver a Corinto

 

23 Pongo a Dios por testigo, y lo juro por mi propia vida, que si no volví a Corinto fue por consideración hacia vosotros. 24 Porque no pretendemos imponer nuestro dominio sobre la fe de vosotros, ya que vosotros permanecen firmes en la fe: lo que queremos es aumentarles el gozo.

2 1 Estoy decidido a no hacerles otra visita que sea para vosotros motivo de tristeza. 2 Porque si yo los entristezco, ¿quién me podrá alegrar, sino el mismo a quien yo entristecí? 3 Y si les he escrito lo que vosotros ya saben, fue para no apenarme al llegar, a causa de aquellos que debían alegrarme, porque estoy convencido de que mi alegría es también la de vosotros. 4 Verdaderamente les escribí con gran aflicción y angustia, y con muchas lágrimas, no para entristecerlos, sino para demostrarles el profundo afecto que les tengo.

El perdón al ofensor

 

5 Si alguien me entristeció, no me entristeció a mí solamente sino también, en cierta medida –lo digo sin exagerar– a todos vosotros. 6 Pienso que es suficiente el castigo que la mayoría ha impuesto al ofensor. 7 Conviene ahora perdonarlo y animarlo para que el pobre no quede agobiado por una pena excesiva. 8 Por eso, les ruego que en este caso hagan prevalecer el amor. 9 Antes les escribí para ponerlos a prueba y ver si son capaces de obedecer en todo. 10 Pero ahora, yo también perdono al que vosotros perdonaron, y lo hago en la presencia de Cristo por amor de vosotros, 11 para que Satanás no saque ventaja de nosotros, ya que conocemos bien sus intenciones.

Los frutos del ministerio apostólico

 

12 Cuando llegué a Tróade para anunciar la Buena Noticia de Jesús, aunque el Señor abrió una puerta para mi predicación, 13 estaba muy preocupado porque no encontré a mi hermano Tito; por eso, me despedí de ellos y partí para Macedonia.

14 Demos gracias a Dios, que siempre nos hace triunfar en Cristo, y por intermedio nuestro propaga en todas partes la fragancia de su conocimiento. 15 Porque nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios, tanto entre los que se salvan, como entre los que se pierden: 16 para estos, aroma de muerte, que conduce a la muerte; para aquellos, aroma de vida, que conduce a la Vida. ¿Y quién es capaz de cumplir semejante tarea? 17 Pero nosotros no somos como muchos que trafican con la Palabra de Dios, sino que hablamos con sinceridad en nombre de Cristo, como enviados de Dios y en presencia del mismo Dios.

Las credenciales de Pablo

 

3 1 ¿Comenzamos nuevamente a recomendarnos a nosotros mismos? ¿Acaso tenemos que presentarles o recibir de vosotros cartas de recomendación, como hacen algunos? 2 Vosotros mismos son nuestra carta, una carta escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres. 3 Evidentemente vosotros son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones.

La superioridad de la Nueva Alianza

 

4 Es Cristo el que nos da esta seguridad delante de Dios, 5 no porque podamos atribuirnos algo que venga de nosotros mismos, ya que toda nuestra capacidad viene de Dios. 6 Él nos ha capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 7 Ahora bien, si el ministerio que lleva a la muerte –grabado sobre piedras– fue inaugurado con tanta gloria que los israelitas no podían fijar sus ojos en el rostro de Moisés, por el resplandor –aunque pasajero– de ese rostro, 8 ¡cuánto más glorioso será el ministerio del Espíritu! 9 Y si el ministerio que llevaba a la condenación fue tan glorioso, ¡cuál no será la gloria del ministerio que conduce a la justicia! 10 En realidad, aquello que fue glorioso bajo cierto aspecto ya no lo es más en comparación con esta gloria extraordinaria. 11 Porque si lo que era transitorio se ha manifestado con tanta gloria, ¡cuánto más glorioso será lo que es permanente!

La libertad apostólica

 

12 Animados con esta esperanza, nos comportamos con absoluta franqueza, 13 y no como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para impedir que los israelitas vieran el fin de un esplendor pasajero. 14 Pero se les oscureció el entendimiento, y ese mismo velo permanece hasta el día de hoy en la lectura del Antiguo Testamento, porque es Cristo el que lo hace desaparecer. 15 Sí, hasta el día de hoy aquel velo les cubre la inteligencia siempre que leen a Moisés. 16 Pero al que se convierte al Señor, se le cae el velo. 17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. 18 Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu.

La luz del Evangelio

 

4 1 Por eso, investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos 2 y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido con astucia o falsificando la Palabra de Dios. Por el contrario, manifestando abiertamente la verdad, nos recomendamos a nosotros mismos, delante de Dios, frente a toda conciencia humana. 3 Si nuestro Evangelio todavía resulta impenetrable, lo es sólo para aquellos que se pierden, 4 para los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les ha enceguecido el entendimiento, a fin de que no vean resplandecer el Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de vosotros por amor de Jesús. 6 Porque el mismo Dios que dijo: «Brille la luz en medio de las tinieblas», es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo.

Tribulaciones y esperanzas del ministerio apostólico

 

7 Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. 8 Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. 10 Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11 Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en vosotros, la vida. 13 Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. 14 Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con vosotros. 15 Todo esto es por vosotros: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios. 16 Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. 17 Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. 18 Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.

La morada incorruptible

 

5 1 Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios. 2 Por eso, ahora gemimos deseando ardientemente revestirnos de aquella morada celestial; 3 porque una vez que nos hayamos revestido de ella, ya no nos encontraremos desnudos. 4 Mientras estamos en esta tienda de campaña, gemimos angustiosamente, porque no queremos ser desvestidos, sino revestirnos, a fin de que lo que es mortal sea absorbido por la vida. 5 Y aquel que nos destinó para esto es el mismo Dios que nos dio las primicias del Espíritu. 6 Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; 7 porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente. 8 Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; 9 en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo. 10 Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.

La actitud apostólica de Pablo

 

11 Por lo tanto, compenetrados del temor del Señor, tratamos de persuadir a los hombres. Dios ya nos conoce plenamente, y espero que también vosotros nos conozcan de la misma manera. 12 No pretendemos volver a recomendarnos delante de vosotros: solamente queremos darles un motivo para que se sientan orgullosos de nosotros y puedan responder a los que se glorían de lo exterior y no de lo que hay en el corazón. 13 En efecto, si hemos procedido como insensatos, lo hicimos por Dios; y si somos razonables, es por vosotros. 14 Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. 15 Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

El ministerio de la reconciliación

 

16 Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así. 17 El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. 18 Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. 19 Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. 20 Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. 21 A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

El combate apostólico

 

6 1 Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. 2 Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación. 3 En cuanto a nosotros, no damos a nadie ninguna ocasión de escándalo, para que no se desprestigie nuestro ministerio. 4 Al contrario, siempre nos comportamos como corresponde a ministros de Dios, con una gran constancia: en las tribulaciones, en las adversidades, en las angustias, 5 al soportar los golpes, en la cárcel, en las revueltas, en las fatigas, en la falta de sueño, en el hambre. 6 Nosotros obramos con integridad, con inteligencia, con paciencia, con benignidad, con docilidad al Espíritu Santo, con un amor sincero, 7 con la palabra de verdad, con el poder de Dios; usando las armas ofensivas y defensivas de la justicia; 8 sea que nos encontremos en la gloria, o que estemos humillados; que gocemos de buena o de mala fama; que seamos considerados como impostores, cuando en realidad somos sinceros; 9 como desconocidos, cuando nos conocen muy bien; como moribundos, cuando estamos llenos de vida; como castigados, aunque estamos ilesos; 10 como tristes, aunque estamos siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como gente que no tiene nada, aunque lo poseemos todo.

Desahogo afectuoso de Pablo

 

11 Les hemos hablado, corintios, con toda franqueza y hemos abierto completamente nuestro corazón. 12 En él hay cabida para todos vosotros; en cambio, en el de vosotros no la hay para nosotros. 13 Yo deseo que me paguen con la misma moneda. Les hablo como a mis propios hijos: también vosotros abran su corazón.

Las relaciones con los paganos

 

14 No tengan relaciones indebidas con los que no creen. Porque, ¿qué tienen en común la justicia con la iniquidad, o la luz con las tinieblas? 15 ¿Qué entendimiento puede haber entre Cristo y Belial?, ¿o qué unión entre el creyente y el que no cree? 16 ¿Qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios viviente, como lo dijo el mismo Dios: Yo habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. 17 Por eso, salgan de en medio de esa gente y pónganse aparte, dice el Señor. No toquen nada impuro, y yo los recibiré. 18 Y seré para vosotros un Padre, y vosotros serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor todopoderoso. 7 1 Ya que poseemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que mancha el cuerpo o el espíritu, llevando a término la obra de nuestra santificación en el temor de Dios.

Exhortación fraternal de Pablo

 

2 Háganme un lugar en sus corazones. Nosotros no hemos perjudicado ni arruinado ni explotado a nadie. 3 No digo esto para condenarlos: como ya les dije, vosotros están en mi corazón, unidos en la vida y en la muerte. 4 Yo siempre les hablo con toda franqueza y tengo sobrados motivos para gloriarme de vosotros. Esto me llena de consuelo y me da una inmensa alegría en medio de todas las tribulaciones. 5 Cuando llegamos a Macedonia, no tuvimos descanso. De todas partes nos acosaban las tribulaciones: luchas por fuera y temores por dentro. 6 Pero Dios, que consuela a los afligidos, nos consoló con la llegada de Tito, 7 y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que vosotros le prodigaron. Él nos habló del profundo afecto, del dolor y de la preocupación que vosotros sienten por mí, con lo cual me alegré más todavía.

Las consecuencias de una carta de Pablo

 

8 Porque, si bien es verdad que los entristecí con mi carta, no me lamento de haberlo hecho. Si antes lo lamenté –al saber que aquella carta, aunque sólo fuera momentáneamente, los entristeció– 9 ahora me regocijo, no porque vosotros se hayan puesto tristes, sino porque esa tristeza fue motivo de arrepentimiento. Vosotros, en efecto, han experimentado la tristeza que proviene de Dios, de manera que nosotros no les hemos hecho ningún daño. 10 Esa tristeza produce un arrepentimiento que lleva a la salvación y no se debe lamentar; en cambio, la tristeza del mundo produce la muerte. 11 Fíjense bien lo que ha producido en vosotros la tristeza que proviene de Dios. ¡Cuánta solicitud! ¿Qué digo? ¡Cuántas excusas! ¡Qué indignación! ¡Qué temor! ¡Cuántos deseos ardientes! ¡Qué preocupación! ¡Qué castigo ejemplar! De todas las maneras posibles, vosotros han demostrado que son inocentes en este asunto. 12 En realidad, yo no les escribí a causa del ofensor, ni siquiera a causa del ofendido, sino para que se ponga de manifiesto, delante de Dios, la solicitud que vosotros tienen por nosotros. 13

Esto nos ha servido de consuelo; y a este consuelo personal, se agregó una alegría mucho mayor todavía: la de ver el gozo de Tito, después que fue tranquilizado por vosotros. 14 Y si delante de él me glorié un poco de vosotros, no me avergüenzo de ello. Todo lo contrario, de la misma manera que siempre les he dicho la verdad, también en esta ocasión se comprobó que era legítimo el orgullo que sentí por vosotros delante de Tito. 15 Y el afecto que él les tiene se acrecienta cuando recuerda la obediencia, el respeto y la reverencia con que lo recibieron. 16 Por eso me alegro de poder confiar plenamente en vosotros.

LA COLECTA PARA LA COMUNIDAD DE JERUSALÉN


Un ejemplo de generosidad


8 1 Ahora, hermanos, queremos informarles acerca de la gracia que Dios ha concedido a las Iglesias de Macedonia. 2 Porque, a pesar de las grandes tribulaciones con que fueron probadas, la abundancia de su gozo y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad. 3 Puedo asegurarles que ellos estaban dispuestos a dar según sus posibilidades y más todavía: por propia iniciativa, 4 nos pidieron, con viva insistencia, que les permitiéramos participar de este servicio en favor de los hermanos de Jerusalén. 5 Y superando nuestras esperanzas, ellos se entregaron, en primer lugar al Señor, y luego a nosotros, por la voluntad de Dios.

Llamado a la generosidad de los corintios

 

6 Por eso, hemos rogado a Tito que lleve a feliz término entre vosotros esta obra de generosidad, de la misma manera que la había comenzado. 7 Y ya que vosotros se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. 8 Esta no es una orden: solamente quiero que manifiesten la sinceridad de su amor, mediante la solicitud por los demás. 9 Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. 10 Por eso, quiero darles un consejo que les será provechoso, ya que vosotros, el año pasado, fueron los primeros, no sólo en emprender esta obra, sino también en decidir su realización. 11 Llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad. 12 Porque cuando existe esa decisión, a uno se lo acepta con lo que tiene y no se hace cuestión de lo que no tiene. 13 No se trata de que vosotros sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. 14 En el caso presente, la abundancia de vosotros suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de vosotros. Así habrá igualdad, 15 de acuerdo con lo que dice la Escritura: El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez.

Los colaboradores de Pablo en la colecta

 

16 Doy gracias a Dios, porque ha puesto en el corazón de Tito la misma solicitud que yo tengo por vosotros. 17 Él, no solamente respondió a mi llamado, sino que, con más solicitud que nunca y por propia iniciativa, ha decidido ir a verlos. 18 Con él les enviamos al hermano que ha merecido el elogio de todas las Iglesias, por el servicio que ha prestado al Evangelio. 19 Además, él ha sido designado por las Iglesias como nuestro compañero de viaje en esta obra de generosidad, a la cual nos consagramos para gloria del Señor y como prueba de nuestra buena voluntad. 20 Nuestra intención, es evitar toda crítica con respecto a la abundante colecta que tenemos a nuestro cuidado, 21 procurando hacer lo que está bien, no solamente delante de Dios, sino también delante de los hombres. 22 Con ellos, les enviamos a otro de nuestros hermanos, cuyo celo hemos comprobado muchas veces y de varias maneras, y que ahora se muestra más solícito todavía, por la confianza que les tiene. 23 En cuanto a Tito, él es mi compañero y mi colaborador entre vosotros, y los demás hermanos son los delegados de las Iglesias y la gloria de Cristo. 24 Pruébenles entonces su amor, y lo bien fundado de nuestro orgullo por vosotros delante de las Iglesias.

Nuevo llamado a la generosidad

 

9 1 Está de más que les escriba acerca de este servicio en favor de los hermanos de Jerusalén, 2 porque conozco la buena disposición de vosotros. Ya les he dicho con orgullo a los hermanos de Macedonia: «La Acaya está preparada desde el año pasado». Y el entusiasmo de vosotros ha servido de estímulo para muchos. 3 A pesar de todo, envié a los hermanos, para que nuestro orgullo respecto de vosotros no se vea defraudado en esta ocasión y, además, para que estén preparados, como ya les advertí. 4 No sea que si alguno de los hermanos de Macedonia va a visitarlos conmigo y los encuentra desprevenidos, nuestra gran confianza se convierta en vergüenza para nosotros, por no decir para vosotros. 5 Por esta razón, creí necesario rogar a los hermanos que se me adelantaran, para ir organizando con tiempo esa obra buena que vosotros habían prometido, de manera que aparezca como una muestra de generosidad y no de mezquindad.

Los beneficios de la colecta

 

6 Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente. 7 Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría. 8 Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras. 9 Como dice la Escritura: El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente. 10 El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a vosotros la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia. 11 Así, serán colmados de riquezas y podrán dar con toda generosidad; y esa generosidad, por intermedio nuestro, se transformará en acciones de gracias a Dios. 12 Porque este servicio sagrado, no sólo satisface las necesidades de los santos, sino que también es una fuente abundante de acciones de gracias a Dios. 13 En efecto, al comprobar el verdadero carácter de la ayuda que vosotros les prestan, ellos glorificarán a Dios por la obediencia con que vosotros confiesan la Buena Noticia de Cristo y por la generosidad con que están unidos a ellos y a todos. 14 Y la oración que ellos harán por vosotros pondrá de manifiesto el cariño que les profesan, a causa de la gracia sobreabundante que Dios derramó sobre vosotros. 15 ¡Demos gracias a Dios por su don inefable!

AUTODEFENSA DE PABLO


La respuesta de Pablo a la acusación de debilidad


10 1 Yo mismo los exhorto por la mansedumbre y la benevolencia de Cristo; yo, Pablo, que soy tan apocado cuando estoy delante de vosotros, y tan audaz cuando estoy lejos. 2 Les ruego que cuando esté entre vosotros no me vea obligado a ejercer esa severidad que pienso emplear resueltamente contra aquellos que suponen que nuestra conducta se inspira en motivos carnales. 3 Porque, aunque vivimos en la carne, no combatimos con medios carnales. 4 No, las armas de nuestro combate no son carnales, pero, por la fuerza de Dios, son suficientemente poderosas para derribar fortalezas. Por eso destruimos los sofismas 5 y toda clase de altanería que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometemos toda inteligencia humana para que obedezca a Cristo. 6 Y estamos dispuestos a castigar cualquier desobediencia, una vez que vosotros lleguen a obedecer perfectamente. 7 Acepten las cosas como son. El que hace alarde de ser de Cristo, reconozca que también lo somos nosotros, 8 y aunque yo me gloriara más de la cuenta en la autoridad que me dio el Señor, no me avergüenzo, porque es para edificación y no para destrucción de vosotros. 9 Les digo esto para que no piensen que pretendo atemorizarlos con mis cartas. 10 Porque algunos dicen: «Sus cartas son enérgicas y severas; en cambio, su presencia resulta insignificante y su palabra despreciable». 11 A los que dicen eso, les respondo: Lo que somos en nuestras cartas, cuando estamos ausentes, también lo seremos con nuestros actos, cuando estemos presentes.

La respuesta a la acusación de ambición

 

12 En realidad, no pretendemos ponernos a la altura de algunos que se elogian a sí mismos, ni compararnos con ellos. El hecho de que se midan con su propia medida y se comparen consigo mismos, demuestra que proceden neciamente. 13 Nosotros, por nuestra parte, no nos gloriamos más allá de lo debido, sino que usamos la medida que Dios mismo nos ha fijado al hacernos llegar hasta vosotros. 14 En efecto, no nos excedemos en nuestro derecho: nos excederíamos, si no hubiéramos ido; pero nosotros fuimos para anunciarles la Buena Noticia de Cristo. 15 Nosotros no nos gloriamos más allá de lo que corresponde, aprovechándonos de los trabajos ajenos. Al contrario, abrigamos la esperanza de que, al crecer la fe de vosotros, se amplíe nuestro campo de acción, siempre de acuerdo con nuestra norma de conducta. 16 Así podremos llevar la Buena Noticia a regiones más alejadas todavía, sin entrar en campo ajeno ni gloriarnos en el trabajo de otros. 17 El que se gloría, que se gloríe en el Señor. 18 Porque el que vale no es el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien Dios recomienda.

El celo de Pablo

 

11 1 ¡Ojalá quisieran tolerar un poco de locura de mi parte! De hecho, ya me toleran. 2 Yo estoy celoso de vosotros con el celo de Dios, porque los he unido al único Esposo, Cristo, para presentarlos a él como una virgen pura. 3 Pero temo que, así como la serpiente, con su astucia, sedujo a Eva, también vosotros se dejen corromper interiormente, apartándose de la sinceridad debida a Cristo. 4 Si alguien viniera a predicarles otro Jesucristo, diferente del que nosotros hemos predicado, o si recibieran un Espíritu distinto del que han recibido, u otro Evangelio diverso del que han aceptado, ¡ciertamente lo tolerarían! 5 Yo pienso, sin embargo, que no soy inferior a esos que se consideran «apóstoles por excelencia». 6 Porque, aunque no soy más que un profano en cuanto a la elocuencia, no lo soy en cuanto al conocimiento; y esto lo he demostrado en todo y delante de todos.

Apología del Apóstol

 

7 ¿Acaso procedí mal al anunciarles gratuitamente la Buena Noticia de Dios, humillándome a mí mismo para elevarlos a vosotros? 8 Yo he despojado a otras Iglesias, aceptando su ayuda, para poder servirlos a vosotros. 9 Y cuando estaba entre vosotros, aunque me encontré necesitado, no fui gravoso para nadie, porque los hermanos que habían venido de Macedonia me proveyeron de lo que necesitaba. Siempre evité serles una carga, y así lo haré siempre. 10 Les aseguro por la verdad de Cristo que reside en mí, que yo no quiero perder este motivo de orgullo en la región de Acaya. 11 ¿Será acaso porque no los amo? Dios lo sabe. 12 Y lo que hago, lo seguiré haciendo, para quitar todo pretexto a los que buscan una ocasión de gloriarse por los mismos motivos que nos gloriamos nosotros. 13 Estos son falsos apóstoles, que proceden engañosamente, haciéndose pasar por apóstoles de Cristo. 14 Su táctica no debe sorprendernos, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. 15 No es de extrañar, entonces, que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Pero su fin será digno de sus obras.

Motivos de Pablo para gloriarse

 

16 Les vuelvo a repetir: que nadie me tome por insensato, y si me toma por tal, que me permita, a mi vez, gloriarme un poco. 17 Lo que voy a decir ahora no lo diré movido por el Señor, sino como si fuera un necio, con la seguridad de que también yo tengo de qué gloriarme. 18 Ya que tantos otros se glorían según la carne, yo también voy a gloriarme. 19 ¡Con qué gusto soportan a los necios, vosotros que se tienen por tan sensatos! 20 ¡Toleran que los esclavicen, que los exploten, que les roben, que los tratad con prepotencia, que los abofeteen! 21 Dicen que hemos sido demasiado débiles: lo admito para mi vergüenza. Pero de lo mismo que otros se jactan –y ahora hablo como un necio– también yo me puedo jactar. 22 ¿Ellos son hebreos? Yo también lo soy. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. 23 ¿Son ministros de Cristo? Vuelvo a hablar como un necio: yo lo soy más que ellos. Mucho más por los trabajos, mucho más por las veces que estuve prisionero, muchísimo más por los golpes que recibí. Con frecuencia estuve al borde de la muerte, 24 cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, 25 tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche en medio del mar. 26 En mis innumerables viajes, pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los extranjeros, peligros en la ciudad, peligros en lugares despoblados, peligros en el mar, peligros de parte de los falsos hermanos, 27 cansancio y hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y desnudez. 28 Y dejando de lado otras cosas, está mi preocupación cotidiana: el cuidado de todas las Iglesias. 29 ¿Quién es débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me sienta como sobre ascuas?  30 Si hay que gloriarse de algo, yo me gloriaré de mi debilidad. 31 Dios, el Padre del Señor Jesús –bendito sea eternamente– sabe que no miento. 32 En Damasco, el etnarca del rey Aretas hizo custodiar la ciudad para apoderarse de mí, 33 y tuvieron que bajarme por una ventana de la muralla, metido en una canasta: así escapé de sus manos.

Las revelaciones recibidas por el Apóstol

 

12 1 ¿Hay que seguir gloriándose? Aunque no esté bien, pasaré a las visiones y revelaciones del Señor. 2 Conozco a un discípulo de Cristo que hace catorce años –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al tercer cielo. 3 Y sé que este hombre –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– 4 fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables que el hombre es incapaz de repetir. 5 De ese hombre podría jactarme, pero en cuanto a mí, sólo me glorío de mis debilidades. 6 Si quisiera gloriarme, no sería un necio, porque diría la verdad; pero me abstengo de hacerlo, para que nadie se forme de mí una idea superior a lo que ve o me oye decir.

 

La debilidad de Pablo

 

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. 8 Tres veces pedí al Señor que me librara, 9 pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. 10 Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.