SAN BENITO: PADRE DEL MONACATO Y PATRONO DE EUROPA
CIUDAD DEL VATICANO, 9 ABR 2008 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a San Benito de Nursia, "padre del monacato occidental, que con su vida y obra ejerció un influjo fundamental en el desarrollo de la civilización y la cultura europea". A la audiencia, celebrada en la Plaza de San Pedro, participaron 20.000 personas.
El Papa explicó que la fuente más importante para conocer la biografía de San Benito es el segundo libro de los Diálogos escrito por San Gregorio Magno y en el que presenta al monje como un "astro luminoso" que indica el camino para salir de la "noche oscura de la historia", la crisis de valores e instituciones provocada por la caída del Imperio Romano.
La obra del santo y su Regla "aportaron un fermento espiritual que cambió a lo largo de los siglos, más allá de las fronteras de su patria y su tiempo, el rostro de Europa, creando después de la caída de la unidad política, una nueva unidad espiritual y cultural, esa fe cristiana que comparten los pueblos del continente".
San Benito nació en torno al año 480 en una familia acomodada. Estudió en Roma, pero antes de concluir sus estudios se retiró a una comunidad de monjes en Effide. Después pasó tres años en una gruta en Subiaco, donde "soportó las tres tentaciones fundamentales del ser humano: la autoafirmación y el deseo de ser el centro, (...) la de la sensualidad (...) y la de la ira y la venganza", dijo el Santo Padre, porque "San Benito estaba convencido de que sólo después de haberlas vencido podría aconsejar a los demás en las situaciones difíciles".
En 529, el fundador de la Orden Benedictina se trasladó a Montecasino, "un lugar que domina la llanura circundante y es visible desde lejos". Esa decisión asume para Gregorio Magno un carácter simbólico, ya que "la vida monástica tiene su razón de ser en el recogimiento, pero un monasterio posee también una finalidad pública en la vida de la Iglesia y de la sociedad".
La vida de San Benito, prosiguió el Papa, "estaba inmersa en una atmósfera de oración, pilar de su existencia", porque "sin oración no hay experiencia de Dios", mas "la espiritualidad de Benito no era una interioridad fuera de la realidad. En la inquietud y la confusión de su época vivía bajo la mirada de Dios y hacia él dirigía la suya, pero no perdía nunca de vista las tareas de la vida diaria ni al ser humano con sus necesidades concretas".
San Benito murió en el año 547. La célebre Regla por él escrita "ofrece indicaciones útiles no solamente a los monjes, sino a todos los que buscan una guía en su camino hacia Dios, (...) por su sensatez, su humanidad y el discernimiento entre lo esencial y lo secundario en la vida espiritual".
En 1964 Pablo VI lo proclamó santo Patrono de Europa. "Hoy, Europa, que acaba de salir de un siglo herido profundamente por dos guerras mundiales y tras la caída de las grandes ideologías que se han revelado utopías trágicas, está en búsqueda de su identidad", dijo el Santo Padre.
"Para crear una unidad nueva y duradera -concluyó- ciertamente son importantes los instrumentos políticos, económicos y jurídicos, pero también es necesario suscitar una renovación ética y espiritual radicada en las raíces cristianas del continente. Sin esta linfa vital el ser humano está expuesto a la antigua tentación de querer redimirse por sí mismo, una utopía que en la Europa del siglo XX (...) causó un retroceso sin precedentes en la atormentada historia de la humanidad".
EL PAPA RECUERDA SU VIAJE
APOSTOLICO A ESTADOS UNIDOS
CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2008
(VIS).-En la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el
Papa habló sobre su reciente viaje apostólico a Estados Unidos y a la sede de la
Organización de las Naciones Unidas, del 15 al 21 de abril.
Tras recordar que el motivo de
su visita era el bicentenario de la elevación a archidiócesis metropolitana de
la primera diócesis del país, Baltimore, y de la fundación de las sedes de Nueva
York, Boston, Filadefia y Louisville", el Santo Padre afirmó que su objetivo era
"anunciar a todos el mensaje de "Cristo nuestra esperanza", lema del viaje.
Benedicto XVI señaló que
durante el encuentro en
A los Obispos, continuo, les
"sostuve en su difícil tarea de sembrar el Evangelio en una sociedad marcada por
muchas contradicciones, que amenazan la coherencia de los católicos y del mismo
clero. Les animé a elevar su voz sobre las cuestiones morales y sociales
actuales y a formar a los fieles laicos para que sean buena "levadura" en la
comunidad civil, a partir de la célula fundamental que es
El Papa afirmó que "la
Iglesia, la familia y la escuela (...), deben cooperar para ofrecer a los
jóvenes una sólida educación moral. (...) Pensando en el doloroso acontecimiento
de los abusos sexuales a menores cometidos por ministros ordenados -añadió-,
quise expresar a los obispos mi cercanía, animándoles en el compromiso de curar
las heridas y de reforzar las relaciones con sus sacerdotes".
En la celebración eucarística
del "Nationals Park Stadium" de Washington, "invoqué al Espíritu" para que la
Iglesia americana "afronte los retos presentes y futuros con valentía y
esperanza". El Santo Padre también dijo que a los representantes de otras
religiones, "en aquella que se puede considerar la patria de la libertad
religiosa, les recordé que se debe defender siempre con un esfuerzo conjunto,
para evitar toda forma de discriminación y prejuicio. E hice hincapié en la gran
responsabilidad de los representantes religiosos, tanto al enseñar el respeto y
la no violencia, como al mantener vivas las preguntas más profundas de la
conciencia humana".
Refiriéndose a su visita a la
sede de la ONU, el Papa señaló que en el 60 aniversario de
Benedicto XVI afirmó que en la
Catedral de Saint Patrick celebró misa para los sacerdotes y consagrados. "Nunca
olvidaré -aseguró- con cuánto afecto me felicitaron por el tercer aniversario de
mi elección a la sede de Pedro. Fue un momento conmovedor, en el que experimenté
de modo sensible todo el apoyo de la Iglesia por mi ministerio. Lo mismo puedo
decir del encuentro con los jóvenes y los seminaristas".
El Papa habló asimismo de su
visita a "Ground Zero", donde encendió una vela y rezó "por todas las víctimas
de la terrible tragedia" del 11 de septiembre de 2001, y terminó recordando que
su visita a Estados Unidos culminó con la celebración eucarística en el Yankee
Stadium de Nueva York, que fue "una fiesta de fe y fraternidad. (...) A aquella
Iglesia, que ahora afronta los desafíos del presente, tuve la alegría de
anunciar nuevamente a "Cristo como nuestra esperanza", ayer, hoy y siempre".
Antes de la audiencia, el Papa
bendijo una estatua de San Juan Leonardi (1541-1609), fundador de los Clérigos
Regulares de la Madre de Dios, que se colocó en un nicho en la parte exterior de
la basílica vaticana. El 8 de agosto de 2006, la Congregación para el Culto
Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades
concedidas por Benedicto XVI, lo proclamó santo patrono de todos los
farmacéuticos.
AG/VIAJE APOSTOLICA EE.UU./...
CENTRALIDAD DE LA ORACION EN EL CAMINO ECUMENICO
CIUDAD DEL VATICANO, 7 MAY 2008 (VIS).-En la audiencia general de los miércoles celebrada en la Plaza de San Pedro, y a la que asistieron más de 20.000 personas, el Papa habló del diálogo ecuménico, aprovechando la visita a Roma de Su Santidad Karekin II, Patriarca supremo y Catholicos de todos los armenios, que participó en la audiencia y tocó en un breve discurso el mismo tema, deteniéndose, además, en la historia del pueblo armenio.
Benedicto XVI, saludando al patriarca, se refirió a la estatua de San Gregorio el Iluminador, fundador de la Iglesia armenia, colocada en un nicho de la basílica y que "nos recuerda las graves persecuciones padecidas por los cristianos armenios, especialmente en el siglo pasado. Los mártires armenios son un signo de la potencia del Espíritu Santo, que obra en tiempos de oscuridad y una prenda de la esperanza cristiana en todo lugar".
La presencia del patriarca, dijo el Papa, "reaviva en nosotros la esperanza de la unidad plena entre todos los cristianos", y recordó que era bien conocido "el compromiso de la Iglesia Apostólica Armenia por el diálogo ecuménico".
"Estos días de preparación inmediata para la solemnidad de Pentecostés nos estimulan a avivar la esperanza en la ayuda del Espíritu Santo para avanzar por el camino del ecumenismo. Tenemos la certeza de que el Señor no nos abandona nunca en la búsqueda de la unidad porque su Espíritu obra incansablemente para sostener nuestros esfuerzos encaminados a superar cualquier división".
El Espíritu Santo es "fuerza para el perdón de los pecados, de renovación de nuestros corazones, de nuestra existencia; renueva la tierra y crea unidad donde había división". Cuando desciende sobre los apóstoles, éstos hablan en todas las lenguas; un signo, explicó el Papa, de que "la dispersión babilónica, fruto de la soberbia que separa a los hombres, es superada en el Espíritu, que es caridad y nos da unidad en la diversidad".
"La Iglesia habla desde el primer momento de su existencia gracias a la fuerza del Espíritu Santo (...) en todas las lenguas y vive en todas las culturas. No destruye nada de los dones ni de la historia propia, pero los asume todos en una unidad nueva y grande que reconcilia la unidad con la multitud de formas. El Espíritu Santo (...) une con su fuerza a los hombres dispersos en la caridad divina y crea así la (...) gran comunidad, que es la Iglesia en todo el mundo".
Benedicto XVI subrayó a continuación que también ahora "la Iglesia recogida en el Cenáculo (...) reza para conseguir nuevas efusiones de los dones del Espíritu Santo y, empujada por su animoso viento no teme anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Por eso, incluso frente a las dificultades y las divisiones los cristianos no pueden resignarse ni ceder al desaliento".
"Cristo pide a los cristianos que perseveren en la oración para mantener encendida la llama de la fe, de la esperanza, de la caridad y el anhelo de la unidad plena", afirmó el Santo Padre, evocando después su reciente viaje apostólico a Estados Unidos cuando recalcó "la centralidad de la oración en el movimiento ecuménico", porque "en este momento de globalización y, al mismo tiempo de fragmentación, "si no hay oración, las estructuras, las instituciones y los programas ecuménicos estarían privados de su corazón y de su alma".
Por último, el Papa citó la epístola de San Pablo a los Gálatas donde se lee que "los frutos del Espíritu Santo son la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia", y exclamó: "¡Estos son los dones del Espíritu que invocamos también nosotros hoy para todos los cristianos, para que en el servicio generoso y común al Evangelio, sean en el mundo signo del amor de Dios por la humanidad!".
AG/ECUMENISMO:PENTECOSTES/KAREKIN II
EL PSEUDO-DIONISIO AREOPAGITA: MEDIADOR DEL DIALOGO
CIUDAD DEL VATICANO, 14 MAY 2008 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa retomó sus catequesis sobre los padres de la Iglesia y hoy habló sobre el Pseudo-Dionisio Areopagita, cuya intención era, dijo, "poner la sabiduría griega al servicio del Evangelio".
El Santo Padre explicó que este escritor antiguo del siglo VI, en una época de "acérrimas polémicas después del Concilio Calcedonia", afirmó que "la luz de la verdad por sí misma hace caer los errores y resplandecer lo que es bueno. Con este principio purificó el pensamiento griego poniendo en relación con el Evangelio".
El Pseudo-Dionisio Areopagita se sirvió del politeísmo griego "para mostrar la verdad de Cristo y transformar el universo politeísta en un cosmos creado por Dios", donde "todas las criaturas reflejan juntas la verdad de Dios".
El Papa dijo que "siendo la criatura una alabanza a Dios, la teología del Areopagita se convierte en una teología litúrgica. A Dios se le encuentra sobre todo alabándolo, no solo reflexionando''.
Este escritor fue el creador de la primera "gran teología mística (...); con él la palabra "mística" se vuelve más personal, más íntima: expresa el camino del alma hacia Dios (...). Y demuestra que al final el camino hacia Dios es Dios mismo, que se hace cercano a nosotros en Jesucristo".
"Hoy existe una nueva actualidad del Pseudo-Dionisio Areopagita: aparece como un gran mediador del dialogo moderno entre el cristianismo y las teologías místicas de Asia, cuya característica estriba en la convicción de que no se puede decir quién sea Dios. De El se puede hablar solo en forma negativa. (...) Y solo entrando en esta experiencia del "no" se llega a El".
El diálogo, terminó Benedicto XVI, "no acepta la superficialidad. Cuando se entra en la profundidad del encuentro con Cristo, se abre también el vasto espacio para el diálogo. Cuando se encuentra la luz de la verdad se percibe que es una luz para todos; desaparecen las polémicas y es posible entenderse, o por lo menos hablar y acercarse''.
ROMANO EL MELODA: LA FE CREA BELLEZA
CIUDAD DEL VATICANO, 21 MAY 2008 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a Romano el Meloda, sirio, "teólogo poeta y compositor" y diácono permanente, establecido en un monasterio de la periferia de Constantinopla en el siglo VI". El Santo Padre saludó primero a los fieles en la basílica vaticana y después se trasladó al Aula Pablo VI, donde se habían congregado unas 8.000 personas.
Romano, explicó el Papa, pertenece al "gran grupo de teólogos que han transformado la teología en poesía", como "San Efrén de Siria, (...) San Ambrosio, (...) Santo Tomás de Aquino, (..) San Juan de la Cruz. La fe es amor y por eso crea poesía y música. La fe es alegría y por eso crea belleza".
El Meloda "ha pasado a la historia como uno de los autores más representativos de himnos litúrgicos" en un tiempo en que "la homilía era para los fieles prácticamente la única ocasión de instrucción catequística". Es modelo "de una forma vivaz y original de presentar la catequesis. (...) A través de sus composiciones podemos darnos cuenta de la creatividad (...) del pensamiento teológico, de la estética, de los himnos sacros de ese tiempo".
En sus homilías cantadas, llamadas "kontákia", Romano "no adopta el griego bizantino y solemne de la corte, sino un griego sencillo cercano al lenguaje del pueblo", mientras "la fuerza de convicción de sus predicaciones se basaba en la gran coherencia entre sus palabras y su vida".
Benedicto XVI citó después algunos de los temas centrales de la predicación del teólogo poeta: "la unidad de la acción de Dios en la historia, (...) la unidad entre creación e historia de la salvación, la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento".
Otro tema es "la doctrina sobre el Espíritu Santo"; hablando de Pentecostés "subraya la continuidad existente entre Cristo, ascendido al cielo y los apóstoles, es decir, la Iglesia, y exalta la acción misionera en el mundo". En ámbito cristológico "no entra en el problema conceptual (...) que tanto laceró la unidad, no sólo entre los teólogos sino en la Iglesia". Predica en cambio "la cristología de los grandes concilios, pero sobre todo está cerca de la piedad popular. (...) Los conceptos de los concilios nacieron de la piedad popular, del conocimiento del corazón cristiano. Por eso recalca que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre (...) una sola persona".
Las enseñanzas morales de Romano, observó el Santo Padre, "se relacionan (...) especialmente con el Juicio Final". El teólogo "nos lleva a este momento de la verdad de nuestra vida, el encuentro con el Juez justo y por lo tanto indica la conversión mediante la penitencia, el ayuno y la caridad que para él tiene la primacía absoluta entre las virtudes".
"La humanidad palpitante, el ardor de la fe y la humildad profunda impregnan los cantos de Romano el Meloda -señaló Benedicto XVI-. Este gran poeta y compositor nos recuerda todo el tesoro de la cultura cristiana, nacida de la fe, nacida del corazón que se encontró con Cristo. De este contacto con la Verdad que es amor (...) nació toda la gran cultura cristiana".
"Si la fe sigue viva esta herencia cultural no muere; (...) sigue presente. Los iconos hablan también hoy a los corazones que creen, no son solamente cosas del pasado. Las catedrales no son monumentos medievales, sino hogares donde nos encontramos con Dios y unos con otros. La gran música, el canto gregoriano, Bach, Mozart, no son cosas del pasado. Viven con la vitalidad de nuestra liturgia y de nuestra fe. Si la fe está viva, la cultura cristiana no se convierte en pasado".
"Y si la fe sigue viva -exclamó Benedicto XVI- también hoy podemos responder al imperativo que se repite siempre (..): "Cantad al Señor un cántico nuevo". Creatividad, innovación, canto nuevo, cultura nueva y presencia de toda la herencia cultural, de la vitalidad de la fe, no se excluyen sino que son una única realidad. Son presencia de la belleza de Dios, de la alegría de ser hijos suyos ".
AG/ROMANO EL MELODA/... VIS 080521 (680)
LA EUCARISTIA NOS UNE MÁS ALLÁ DE CUALQUIER DIFERENCIA
CIUDAD DEL VATICANO, 22 MAY 2008 (VIS).-Hoy, solemnidad del Corpus Christi, Benedicto XVI celebró la Santa Misa a las 19,00 en la explanada de la basílica de San Juan de Letrán y posteriormente presidió la procesión eucarística hasta la basílica de Santa María la Mayor.
En la homilía, el Papa habló del significado de esa solemnidad a través de los tres gestos fundamentales de la celebración.. El primero es la reunión "alrededor del altar del Señor para estar juntos en su presencia; en segundo lugar, la procesión, "caminar con el Señor", y por último, "arrodillarse ante el Señor, la adoración".
Para explicar el primer gesto, el Santo Padre citó la epístola de San Pablo a los Gálatas, donde está escrito: "Ya no hay ni judío, ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús". "En estas palabras -dijo el Papa- se siente la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta en torno a la Eucaristía: aquí se reúnen en presencia del Señor personas diversas, por edad, sexo, condición social, ideas políticas. La Eucaristía no puede ser nunca un hecho privado. (...) La Eucaristía es un culto público, no tiene nada de esotérico o exclusivo. (...) Estamos unidos más allá de nuestras diferencias, (...) nos abrimos unos a otros para convertirnos en una cosa sola a través de Él".
Tocando el segundo aspecto, "caminar con el Señor", Benedicto XVI afirmó que "con el don de sí mismo en la Eucaristía, el Señor Jesús (...) hace que nos levantemos (...) y nos pone en camino con la fuerza de este Pan de vida. (...) La procesión del Corpus Christi nos enseña que la Eucaristía quiere liberarnos de todo desaliento y desánimo (...) para que podamos reanudar el camino con la fuerza que Dios nos da mediante Jesucristo".
"Sin el Dios con nosotros, el Dios cercano ¿cómo podemos sostener la peregrinación de la existencia, sea como personas que como sociedad y familia de los pueblos? La Eucaristía es el sacramento de Dios que no nos deja solos en el camino sino que se coloca a nuestro lado y nos indica la dirección. Efectivamente no basta ir adelante, sino ver hacia donde se va. No basta el progreso si no hay criterios de referencia".
Por último, el tercer elemento del Corpus Christi, "arrodillarse en adoración frente al Señor" es "el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy, (...) es profesión de libertad: el que se inclina ante Jesús no puede ni debe postrarse ante algún poder terrenal, por fuerte que sea".
Los cristianos, concluyó el Santo Padre, "nos inclinamos ante un Dios que fue el primero en inclinarse hacia el ser humano (...) para socorrerlo y darle vida, que se arrodilló ante nosotros para lavarnos los pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo significa creer que en ese trozo de pan, está realmente Cristo, que da sentido a nuestra vida, al universo inmenso y a la criatura más pequeña, a toda la historia humana y a la existencia más breve".
Terminada la misa, el Papa presidió la procesión eucarística que recorrió la Via Merulana hasta la basílica de Santa María la Mayor. Durante el camino, miles de fieles rezaron y cantaron acompañando al Santísimo Sacramento. Un vehículo descubierto transportó el Santísimo en una custodia, frente a la cual iba el Papa
GREGORIO MAGNO: HOMBRE DE DIOS, AL
SERVICIO DEL PROJIMO
CIUDAD DEL VATICANO,
28 MAY 2008
(VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San
Pedro, el Papa habló sobre san Gregorio, que fue Obispo de Roma entre el 590 y
el 604, "y que mereció de la tradición el título de "Magnus", Grande".
Gregorio, afirmó el Santo Padre,
"fue realmente un gran Papa y un gran Doctor de la Iglesia". Nació en Roma en el
540, en el seno de una familia rica, noble, que se distinguía por su "fe
cristiana y por sus servicios a
Benedicto XVI recordó que san
Gregorio entró en la administración pública y "en el 572 llegó a ser Gobernador
de Roma. (...) Sin embargo, esta vida no le satisfizo y al poco tiempo decidió
dejar este cargo civil y se retiró a su casa para iniciar la vida monacal". De
este modo, "adquirió un profundo conocimiento de
Debido a su experiencia y a sus
cualidades, el Papa Pelagio II lo nombró diácono y lo envió como su embajador a
Constantinopla, "con el fin de superar los últimos residuos de la controversia
monofisita y sobre todo obtener el apoyo del emperador para contener la presión
de los longobardos". Tras varios años, "el Pontífice lo llamó a Roma y lo nombró
su secretario". Cuando Pelagio II murió, Gregorio le sucedió en la Sede de San
Pedro. Era el año 590".
El Santo Padre señaló que del
pontificado de Gregorio "se conserva una amplia documentación gracias al
Registro de sus cartas, unas 800. (...) Entre los problemas que afligían
en aquel tiempo Italia y Roma había uno de particular relieve, tanto en ámbito
civil como eclesial: la cuestión de los longobardos". Para afrontarla,
"estableció con ellos relaciones de fraternidad en vista de una paz futura
fundada en el respeto recíproco y en la convivencia serena entre italianos,
imperiales y longobardos".
Tras afirmar que la negociación con
el rey longobardo Agilulfo "desembocó en un período de tregua que duró unos tres
años (598-601), después de los cuales fue posible estipular en el 603 un
armisticio más estable", el Papa resaltó que esto se debió también "gracias a
los contactos paralelos que mantenía Gregorio con
"San Gregorio -continuó- también
fue un activo protagonista de una variada actividad social. Con las rentas del
patrimonio conspicuo que la Sede romana poseía en Italia, especialmente en
Sicilia, compró y distribuyó grano, socorrió a los necesitados, ayudó a
sacerdotes, monjes y monjas que vivían en la indigencia, pagó rescates de
ciudadanos hechos prisioneros por los longobardos, compró armisticios y
treguas".
El Papa puso de relieve que "san
Gregorio desarrolló esta intensa actividad a pesar de su precaria salud, que le
obligaba a menudo a guardar cama. (...) No obstante las condiciones
dificilísimas en las que tuvo que actuar, logró conquistar, gracias a la
santidad de la vida y a la rica humanidad, la confianza de los fieles,
consiguiendo para su tiempo y para el futuro resultados realmente grandiosos".
"Era un hombre inmerso en Dios: en el fondo de su alma estaba siempre vivo el deseo de Dios, y precisamente por eso estaba siempre muy cercano al prójimo, a las necesidades de la gente de su tiempo. En un tiempo desastroso, es más, sin esperanza, supo crear paz y dar esperanza. Este hombre de Dios nos muestra -concluyó- dónde están las verdaderas fuentes de la paz, de dónde viene la verdadera esperanza y de este modo es una guía también hoy para nosotros".
AG/SAN GREGRIO MAGNO/...
GREGORIO MAGNO: LA HUMILDAD ES LA MEDIDA DE LA GRANDEZA
CIUDAD DEL VATICANO, 4 JUN 2008 (VIS).-Benedicto XVI retomó en la audiencia general de los miércoles la catequesis sobre San Gregorio Magno, iniciada la semana pasada, centrándose esta vez en la doctrina de este Papa y Doctor de la Iglesia.
El Santo Padre recordó que en sus numerosas obras, San Gregorio "no se muestra nunca preocupado por trazar una doctrina "suya": prefiere hacerse eco de la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre el camino que es necesario recorrer para llegar a Dios".
"Apasionado lector de la Biblia", el autor de las "Homilías sobre los Evangelios", cree que el cristiano cuando lee las Escrituras "no debe conseguir solamente conocimientos teóricos, sino más bien el alimento cotidiano para su alma" e "insiste con fuerza en esta función del texto sacro: acercarse a la Escritura simplemente para satisfacer el deseo de conocimiento significa ceder a la tentación del orgullo".
"La humildad intelectual -dijo el pontífice- es la primera regla para quienes quieren penetrar en las realidades sobrenaturales partiendo de los libros sagrados. (...) Por otra parte, cuando se trata de la Palabra de Dios, comprender no es nada, si la comprensión no lleva a la acción".
En el "Comentario moral a Job", el doctor de la Iglesia, siguiendo la tradición patrística, "examina el texto sacro con un triple enfoque: literal, alegórico y moral. (...) El ideal moral consiste siempre en realizar una armoniosa integración entre palabra y acción, pensamiento y compromiso, oración y dedicación a los propios deberes. (...) Ese gran Papa traza para el creyente un proyecto completo de vida, que constituirá durante la Edad Media una "Summa" de la moral cristiana".
En su texto más conocido, la "Regla Pastoral", San Gregorio "se propone delinear la figura del obispo ideal, maestro y guía de su rebaño. (...) El obispo es ante todo "el predicador" por excelencia y como tal debe ser ante todo un ejemplo para los demás" y recuerda que "para una acción pastoral eficaz es necesario que conozca a los destinatarios y adapte sus intervenciones a la situación de cada uno". Además, "insiste en el deber que tiene el Pastor de reconocer su propia miseria, para que el orgullo no haga vano, ante los ojos del Juez Supremo, el bien cumplido".
"Todas estas preciosas indicaciones -explicó el Papa- demuestran el elevado concepto que San Gregorio tiene del cuidado de las almas, que define "el arte de las artes". (...) En el diseño teológico que Gregorio desarrolla en sus obras, pasado, presente y futuro son relativos. Lo que más le importa es el arco completo de la historia de la salvación que sigue su curso entre los oscuros meandros del tiempo. (...) Para él, los guías de las comunidades cristianas deben comprometerse a examinar los eventos a la luz de la Palabra de Dios".
Por último, Benedicto XVI recordó que en las relaciones que el Papa Gregorio "cultivó con los patriarcas de Antioquía, Alejandría y Constantinopla reconoció y respetó siempre sus derechos, evitando cualquier interferencia que limitase su autonomía legítima" y "si en su situación histórica se opuso al título de Patriarca Ecuménico para el Patriarca de Constantinopla (...) lo hizo porque se preocupaba (...) de la unidad fraternal de la Iglesia universal y, sobre todo, por su convicción profunda de que la humildad era la virtud fundamental de todo obispo y más aún de un patriarca".
"En su corazón -recalcó el Santo Padre-, Gregorio siguió siendo siempre un simple monje y por eso fue contrario a los grandes títulos. Quería ser el "servus servorum Dei" (el siervo de los siervos de Dios). (...) Profundamente conmovido por la humildad de Dios que en Cristo se hizo siervo nuestro, (...) estaba convencido de que un obispo debía imitar esa humildad".
Aunque el deseo de San Gregorio hubiera sido el de "vivir como un monje en permanente coloquio con la Palabra de Dios -concluyó Benedicto XVI-, por amor suyo se hizo servidor de todos en un tiempo lleno de tribulaciones y sufrimientos: siervo de los siervos. Por eso fue "Grande" y nos enseña cuál es la medida de la verdadera grandeza".
SAN COLUMBANO NUTRIO LAS RAICES CRISTIANAS DE EUROPA
CIUDAD DEL VATICANO, 11 JUN 2008 (VIS).-En la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre san Columbano, uno de los monjes irlandeses más conocidos del siglo VI, "que con razón se puede considerar un santo "europeo".
Nacido en el 543, en la provincia de Leinster, al sudeste de Irlanda, "Columbano -dijo el Santo Padre- entró a los veinte años en el monasterio de Bangor" y la vida en este lugar y el ejemplo del abad Comgall "influyeron en el concepto de monaquismo que el santo maduró con el tiempo y difundió a lo largo de su existencia".
Benedicto XVI recordó que Columbano abandonó la isla a los cincuenta años "para emprender con doce compañeros una obra misionera en el continente europeo, donde a causa de la emigración de pueblos venidos del Norte y del Este, amplias zonas cristianizadas habían vuelto al paganismo".
Tras poner de relieve que la "reevangelización" de estos misioneros "comenzó a desarrollarse sobre todo mediante el testimonio de la vida", el Papa señaló que "muchos jóvenes deseaban ser acogidos en la comunidad monástica para vivir como ellos, y en seguida fue necesario fundar un segundo monasterio", que se construyó en Luxeuil. Este monasterio "se convirtió en el centro de la irradiación monástica y misionera de tradición irlandesa en el continente europeo. Un tercer monasterio se construyó en Fontaine".
San Columbano "vivió unos veinte años en Luxeuil" y allí "escribió la "Regula monachorum", que describe la imagen ideal del monje. Es -dijo el Santo Padre- la única regla monástica antigua irlandesa que poseemos actualmente". Además, continuó, el santo "introdujo en el continente la confesión privada y la penitencia, que debía ser proporcional a la gravedad del pecado cometido".
"Por su intransigencia con todas las cuestiones morales, entró en conflicto con la casa real, porque había amonestado duramente al rey Teodorico por sus relaciones adúlteras" y en el 610 fue expulsado de Luxeuil junto con todos los monjes irlandeses, "que fueron condenados a un exilio definitivo".
Debido a unos problemas durante la navegación, el barco se encalló a poca distancia de la playa y los monjes volvieron a tierra. Pero en vez de regresar a Luxeuil "comenzaron -dijo el Papa- una nueva etapa evangelizadora", primero en Tuggen (Suiza) y después en la parte oriental del lago de Constanza.
Benedicto XVI señaló que al llegar a Italia, san Columbano tuvo que afrontar "notables dificultades: la vida de la Iglesia estaba lacerada por la herejía arriana, que todavía prevalecía entre los longobardos, y el cisma que había separado a la mayor parte de las Iglesias de Italia septentrional de la comunión con el Obispo de Roma". En este contexto, el santo irlandés "escribió un libelo contra el arrianismo y una carta al Papa Bonifacio IV para convencerlo de que se comprometiera decididamente en restablecer la unidad".
Columbano, continuó, "fundo en Bobbio un nuevo monasterio que llegaría a ser un centro de cultura comparable al famoso monasterio de Montecasino. Aquí transcurrió sus últimos días: murió el 23 de noviembre del 615 y en esa fecha es conmemorado en el rito romano hasta hoy".
"El mensaje de san Columbano se concentra en un firme llamamiento a la conversión y al desapego de las cosas terrenas en vista de la herencia eterna. Con su vida ascética y su comportamiento sin compromisos frente a la corrupción de los poderosos, evoca la figura severa de san Juan Bautista. Su austeridad, sin embargo, (...) solo es el medio para abrirse libremente al amor de Dios y corresponder con todo el ser a los dones recibidos de El, reconstruyendo en sí la imagen de Dios y al mismo tiempo trabajando la tierra y renovando la sociedad humana".
El Papa terminó poniendo de relieve que el santo monje irlandés, "hombre de gran cultura y rico de dones de gracia, sea como incansable constructor de monasterios, que como predicador penitencial intransigente, dedicó todas sus energías a alimentar las raíces cristianas de la Europa que estaba naciendo. Con su energía espiritual, con su fe, con su amor a Dios y al prójimo se convirtió en uno de los padres de Europa, que nos muestra hoy dónde están las raíces de las cuales puede renacer nuestro continente".
SAN ISIDORO: SINTESIS ENTRE VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA
CIUDAD DEL VATICANO, 18 JUN 2008 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a San Isidoro de Sevilla (560-636), definido por el Concilio de Toledo en el año 653 "Gloria de la Iglesia Católica". La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y contó con la presencia de 11.000 personas.
Isidoro, amigo del Papa Gregorio Magno, era el hermano menor de San Leandro, obispo de Sevilla, al que sucedió en esa sede episcopal, explicó el Papa, recordando que en aquella época "los visigodos, bárbaros y arrianos, invadiendo la península ibérica se habían apropiado de los territorios pertenecientes al Imperio romano" que "era necesario conquistar al (...) catolicismo".
El santo, bajo la guía de su hermano, se educó en la disciplina y el estudio. Su casa contaba con una nutrida biblioteca repleta de textos clásicos, paganos y cristianos. Por eso, sus obras "abarcan un conocimiento enciclopédico de la cultura clásica pagana y un profundo conocimiento de la cultura cristiana".
"En su vida personal -dijo el Santo Padre- Isidoro experimentó un conflicto interior permanente (...) entre el deseo de soledad, para dedicarse únicamente a la meditación de la Palabra de Dios y las exigencias de la caridad hacia los hermanos, de cuya salvación se sentía encargado como obispo".
El doctor de la Iglesia, que en su juventud conoció el exilio, "poseía un gran entusiasmo apostólico y experimentaba la emoción de contribuir a la formación de un pueblo que reencontraba por fin su unidad, tanto en ámbito político como religioso, con la conversión providencial del arrianismo al catolicismo del príncipe heredero, Hermenegildo".
"No hay que minusvalorar -aclaró Benedicto XVI- la enorme dificultad de hacer frente de forma adecuada a problemas muy graves, como las relaciones con los herejes y con los judíos. Toda una serie de problemas que resultan también hoy muy concretos, si pensamos en lo que sucede en algunas regiones donde parecen replantearse situaciones muy parecidas a las de la península ibérica en el siglo VI".
En Isidoro hay que admirar "su preocupación por no dejar de lado nada de lo que la experiencia humana produjo en la historia de su patria y del mundo. No hubiera querido perder nada de lo que el ser humano aprendió en la antigüedad, pagano, hebreo o cristiano que fuera". Por otra parte, el santo "percibe la complejidad en la discusión de los problemas teológicos y propone a menudo, con agudeza, soluciones que recogen y expresan la verdad cristiana completa".
Con su "realismo de pastor verdadero" Isidoro de Sevilla propone una síntesis entre la vida contemplativa y activa inspirada en el ejemplo de Cristo, que "durante el día ofrecía signos y hacía milagros en la ciudad, pero mostró la vida contemplativa cuando se retiraba a la montaña y pernoctaba en oración. (...) Como se debe amar a Dios con la contemplación, se debe amar al prójimo con la acción".
"Creo que esta síntesis de una vida que busca la contemplación y el diálogo con Dios en la oración y la lectura de la Sagrada Escritura y la acción al servicio de la comunidad, del prójimo -concluyó el Papa-, es la lección que el gran obispo de Sevilla nos deja a los cristianos de hoy, llamados a dar testimonio de Cristo al inicio de un nuevo milenio".
AG/ISIDORO DE SEVILLA
SAN MAXIMO EL "CONFESOR": TESTIGO VALIENTE FE EN CRISTO
CIUDAD DEL VATICANO, 25 JUN 2008 (VIS).-En la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, a la que asistieron 14.000 personas, el Papa habló sobre San Máximo, monje del siglo VI.
El Santo Padre subrayó que este santo fue "otro gran Padre de la Iglesia de Oriente", que "mereció de la tradición cristiana el título de Confesor por la valentía con que dio testimonio -confesó-, también con el sufrimiento, la integridad de su fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, Salvador del mundo".
San Máximo, recordó Benedicto XVI, nació en Palestina, en torno al 580. "Desde Jerusalén se trasladó a Constantinopla y de allí, a causa de las invasiones bárbaras, se refugió en África, donde se distinguió por su gran valentía en la defensa de la ortodoxia. No a aceptaba la reducción de la humanidad de Cristo".
El Papa puso de relieve que San Máximo "fue llamado a Roma y en el 649 participó activamente en el Concilio Lateranense, convocado por el Papa Martín I para defender las dos voluntades de Cristo, contra el edicto del emperador, que -pro bono pacis- prohibía discutir sobre esta cuestión. (...) San Máximo seguía repitiendo sin embargo que era imposible afirmar de Cristo una sola voluntad y por eso fue sometido junto a dos de sus discípulos, ambos llamados Anastasio, a un proceso agotador". Tras ser acusado de hereje, "le amputaron la lengua y la mano derecha, ya que había combatido de palabra y con sus escritos la doctrina errónea de la única voluntad de Cristo. Después, el santo monje fue exiliado a Colchide, en el Mar Negro, donde murió a causa de los terribles sufrimientos padecidos el 13 de agosto del 662, a los 82 años".
El Santo Padre subrayó que el pensamiento de Máximo "nunca fue solo teológico, especulativo, (...) porque tenía siempre como punto de llegada la concreta realidad del mundo y de la salvación. (...) Al ser humano, creado a su imagen y semejanza, Dios le confió la misión de unificar el cosmos".
"La vida y el pensamiento del santo fueron iluminados con fuerza por un gran coraje para testimoniar la integral realidad de Cristo, sin reducciones o compromisos. De este modo entendemos cómo debemos vivir para responder a nuestra vocación, vivir unidos a Dios, para estar unidos a nosotros mismos y al cosmos, dando al mismo cosmos y a la humanidad la justa forma".
El Papa afirmó que "el "sí" universal de Cristo nos muestra claramente cómo dar el peso justo a todos los demás valores, (...) como por ejemplo a la tolerancia, la libertad, el diálogo. Una tolerancia que no supiese distinguir el bien del mal sería caótica y autodestructiva; una libertad que no respetase la de los demás y no hallase la medida común de nuestras libertades sería anárquica y destruiría la autoridad. El diálogo que no sabe sobre qué dialogar se convierte en una palabrería vacía". En este contexto subrayó que todos estos valores "pueden ser verdaderos únicamente si tienen un punto de referencia que les une y les confiere la verdadera autenticidad". Este punto de referencia es "la síntesis entre Dios y el cosmos, es la figura de Cristo en la que aprendemos la verdad sobre nosotros mismos y también dónde situar todos los demás valores, para descubrir su significado auténtico".
"De este modo -concluyó-, Cristo nos indica que el cosmos debe ser liturgia, gloria de Dios y que la adoración es el inicio de la verdadera transformación, de la verdadera renovación del mundo".
SAN PABLO: DEDICACION A CRISTO, APERTURA A LA HUMANIDAD
CIUDAD DEL VATICANO, 2 JUL 2008 (VIS).-Benedicto XVI abrió en la audiencia general de hoy un nuevo ciclo de catequesis dedicado al apóstol San Pablo, a quien está dedicado el "Año Paulino", inaugurado el pasado 28 de junio y que concluirá el 29 de junio de 2009. La audiencia se celebró en el Aula Pablo VI y contó con la presencia de 8.000 personas.
Pablo, dijo el Papa, es "ejemplo de dedicación total al Señor y a su Iglesia y de gran apertura a la humanidad y sus culturas. (...) Para comprender lo que tiene que decir a los cristianos de hoy, consideraremos ante todo el ambiente en que vivió y actuó, (...) que bajo muchos aspectos (...) no es muy distinto al nuestro".
El Apóstol de las Gentes, explicó Benedicto XVI, procedía "de una cultura precisa y circunscrita, ciertamente minoritaria, que es la del pueblo de Israel y su tradición, (...) que se distinguía netamente del ambiente circundante. Esto tenía dos resultados: o la burla, que podía desembocar en la intolerancia, o la admiración". Por otra parte, dos factores favorecieron el empeño de Pablo: la difusión "de la cultura helenista, que después de Alejandro Magno pasó a ser patrimonio común del Mediterráneo oriental y de Oriente Medio" y "la estructura político administrativa del Imperio Romano", que "representaba un tejido de unificación común".
"La concepción universal propia de la personalidad de San Pablo -comentó el Papa- debe ciertamente su impulso de base a la fe en Jesucristo, (...) sin embargo, la situación histórico-cultural de su época y de su ambiente influyó sobre sus decisiones y su compromiso".
El Papa recordó que a Pablo se le llama también "hombre de las tres culturas, teniendo en cuenta su matriz judaica, su lengua griega y su prerrogativa de "civis romanus", como atestigua su nombre de origen latina". También es de notar el influjo "de la filosofía estoica, dominante en tiempos de Pablo, (...) en la que "se encontraban valores altísimos de humanidad y sabiduría que serán recogidos por el cristianismo". Asimismo, "en tiempos de San Pablo, había una crisis de la religión tradicional, por lo menos en sus aspectos mitológicos y cívicos".
Al final de esta primera incursión en el ambiente cultural del siglo I de la era cristiana, Benedicto XVI afirmó: "No es posible comprender adecuadamente a San Pablo sin situarlo en la atmósfera, tanto judía como pagana, de su tiempo. De este modo, su figura adquiere una hondura histórica e ideal, que nos revela que compartía ese ambiente, afrontándolo también de forma original".
"Todo esto es igualmente válido -concluyó- para el cristianismo en general, del que el apóstol Pablo es un paradigma de primer plano, de quien todos tenemos todavía tanto que aprender y este es el objetivo del Año Paulino: aprender de San Pablo, la fe, Cristo. Aprender finalmente el camino para una vida justa".
AG/SAN PABLO/...