Son múltiples las aplicaciones
prácticas y enseñanzas de este evangelio para el hombre de hoy. Un hombre, que
le gusta poco reconocer sus limitaciones, sus fragilidades y sus necesidades.
Éstas, no han cambiado tanto desde que el hombre es hombre.
Cuando el Señor habla de la gente
entendida y sabia, está hablando de aquellos que han pretendido saberlo todo,
conocerlo todo, hoy día, ampliaríamos el concepto diciendo… manejarlo todo con
la técnica…. Al margen de Dios, a espaldas de Dios. Es una pretensión similar a
aquel intento de construir una torre hasta el cielo edificada con sobre arena,
con barro. Siempre de espaldas a Dios.
Falta el cimiento de la humildad y la sencillez. No solo para entender… sino incluso, para ser feliz…Cuando se es soberbio… es difícil ser feliz.
Y es que solo con la humildad y
la sencillez, podemos entender los planes de Dios… y algo mejor aún, vernos
reflejados en ellos.(Desde el vientre materno nos ama) No somos extraños a
Dios. Pero solo lo entenderá el humilde y el Sencillo.
En segundo momento, “Todo
me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie
conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”, parece que el Señor nos advierte, sobre aviso de los “iluminados”, de los que tienen hilo
directo con Dios. Y en este coro, entran a muchos mas de los que pensamos, …quizá
nosotros mismos cuando afirmamos: “ Mi Dios”
… mis creencias… o reducimos a
Dios a algo “Subjetivo” o vivimos “Mi religión” personalista y subjetivista.
En un tercer momento, “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” El Señor, conocedor del corazón del hombre, hambriento de felicidad, de algo…o mejor .. de “alguien” que colme todas sus esperanzas e ilusiones, no “cosas” (mensaje pedagógico para muchos padres) se ofrece él mismo. Culmen de las aspiraciones del corazón del ser humano. (San Agustín)
Ello, habría que recordarlo a
quienes nos preguntan y cuestionan nuestra fe y esperanza, para cuestionarles,
nosotros a ellos, cual es su oferta.
En un Cuarto momento, “Cargad con mi yugo y aprended de mi” Cristo, no escurre el bulto, no mete la cabeza en la
tierra, asume el dolor y el fracaso, como algo que acompaña al hombre desde que
decide vivir de espaldas a Dios. (P.O). Él Sabe de la Cruz, sabe del peso de la
cruz… también de la cruz de cada día… la tuya
y la mía. Y ofrece una respuesta,
un modo, un estilo de llevarla, no
la resignación, sino convirtiéndola
en camino de santificación.
Y
finalmente, “Porque mi
yugo es llevadero y mi carga ligera.» abre a la esperanza, las miras de hombre. Yo he podido, yo puedo, hombre como
tú… tu puedes… como yo”.