Parroquia "San José"

 

 

 

 

 ¿Qué es la Confesión? Es un Sacramento mediante el cual, se nos perdona los pecados cometidos desde la última vez que lo recibimos o desde el Bautismo y recibimos la Gracia Sacramental que nos levanta, mejora y nos acerca más a Dios.

 

¿Qué es el Pecado? Es una ofensa libre, conciente y voluntaria que se realiza de pensamiento, de palabra o de obra hacia Dios. Su efecto es la pérdida de la Gracia y la Amistad con Él. Es decir, la muerte espiritual si es Mortal, o el alejamiento de Él, si es Venial. Todo pecado, rompe la Comunión con Dios, con el hermano y desdibuja la imagen y semejanza de Dios en nosotros. Nos hace menos hombres y mujeres, nos aleja de los planes de Dios sobre nosotros. Bajo todo pecado está la Soberbia y el Egoísmo.

 

¿Qué cinco cosas son necesarias para una buena confesión? Para una buena Confesión son necesarias

1.      Dolor de los pecados.

2.      Propósito de enmienda

3.      Examen de Conciencia

4.      Decir los pecados al confesor

5.      Cumplir la penitencia.

Si falta una de estas cosas, no hay confesión, aunque el Sacerdote nos dé la absolución.

 

¿Cada cuanto tiempo hay que confesarse? Siempre que uno lo necesite, una vez al año como mínimo y antes de recibir el sacramento de la Eucaristía si existe pecado mortal. Lo normal, puede ser entre una semana y un mes.

¿Cómo confesarse? Los pecados cometidos desde la última Confesión han de decirse personal e individualmente al Confesor, sin ocultar ninguno de ellos, pues no serviría la confesión y se tendría otro pecado mayor (sacrilegio del Sacramento). En primer lugar, de rodillas en el Confesionario, (las mujeres pueden hacerlo a través de la rejilla) se saluda con una invocación a la Virgen María como “Ave María Purísima” u otra similar. Se dice la condición (soltero, casado, religioso… etc.) y el tiempo que hace que no se ha confesado, pues si ha pasado más de un año, existe ya un pecado. Seguidamente, se dicen los pecados claramente, uno por uno y las veces que se han cometido. Por último, se atiende a las recomendaciones del Sacerdote quien es en este momento es Juez,  Médico y Pastor e impone la penitencia que ha de cumplirse lo antes posible.

 

“Yo no robo y no mato… ¿de qué me tengo que confesar? “ El requisito imprescindible para ver la Luz, es reconocer nuestra ceguera. Robar supone también quitar también la fama, el buen nombre, el prestigio y la honra del hermano. Robar supone perder el tiempo y hacérselo perder a los demás. Robar supone no dar la honra, el tiempo, y el honor que se deben a Dios, a la familia, al Esposo/a…  Y así, tras un examen de Conciencia, podremos descubrir como existen quizá muchos más pecados que una conciencia adormecida… no repara en ellos. Es conveniente examinar uno por uno los 10 mandamientos de la Ley de Dios, que siguen en actualidad. Por último, todo pecado que suponga privar a alguien de algo, para que sea perdonado deberá ser devuelto a dicha persona. Los 10 Mandamientos son:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.

2. No tomarás el nombre de Dios en vano.

3. Santificarás las fiestas.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre.

5. No matarás.

6. No cometerás actos impuros.

7. No hurtarás.

8. No dirás falsos testimonios ni mentirás.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

10. No codiciarás los bienes ajenos.

Estos diez mandamientos se resumen en dos: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo

 

Cual es la Misericordia del Padre: Lectura.- Lc. 15, 11-24  

            “Jesús les dijo: Un hombre tenía dos hijos; el menor le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’ El padre les repartió los bienes. No mucho después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo como un perdido. Cuando se lo había gastado todo vino un hambre terrible en aquella tierra y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se puso al servicio de uno de los naturales de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pues nadie le daba de comer.  Recapacitando entonces, se dijo: ‘Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo estoy aquí muriéndome de hambre. Voy a volver a casa de mi padre y le voy a decir: Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros’  Entonces se puso en camino para casa de su padre: su padre lo vio de lejos y se enterneció; salió corriendo, se le echo al cuello y lo cubrió de besos: El hijo empezó: ‘Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’  Pero el padre les mandó a los criados: ‘Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en le dedo y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba  muerto y ha vuelto a  la vida; se había perdido y se le ha encontrado’  

PRECES -EXAMEN DE CONCIENCIA - SOBRE LOS MANDAMIENTOS

Padre Nuestro, te pedimos perdón:

SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS

 

Hermanos, meditando las bienaventuranzas, examinemos nuestra conducta, reconozcamos nuestros pecados y pidámosle a Dios perdón.

 

Bienaventurados los pobres de espíritu

Por dejarnos llevar de la pasión del dinero y del ansia de ser, poseer y disfrutar por encima de los demás.

Por nuestra resistencia a compartir con los menos favorecidos nuestros bienes de toda clase.

 

 Bienaventurados los mansos

Por nuestras iras y animosidades; nuestra colaboración a mantener los odios, crear rencillas; alimentar antipatías e intolerancias contra los que no piensan como nosotros:

por nuestros deseos de revancha y falta de generosidad para olvidar y perdonar de corazón, para responder el mal con el bien.

 

Bienaventurados los que lloran

Por nuestra rebeldía contra el dolor, la enfermedad, las dificultades y las pruebas y nuestra ceguera para descubrir en ellas la parte que nos corresponde de la cruz del Señor;

por nuestra dureza de corazón para reconocer nuestros pecados personales y colectivos y nuestra desidia para hacer penitencia por ellos.

 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

Por nuestra incuria respecto a nuestros deberes y compromisos para con Dios, con la Iglesia y nuestra conciencia religiosa personal y colectiva.

Por nuestra dejación en la tarea de construir un mundo nuevo más de acuerdo con el Evangelio.

Por escamotear nuestro apoyo moral y efectivo a los marginados y oprimidos o necesitados de nuestra ayuda.

 

Bienaventurados los misericordiosos

Por nuestra insensibilidad ante los sufrimientos ajenos, nuestra resistencia consciente e inconsciente para compartirlos, nuestra falta de generosidad para aliviarlos eficazmente.

Por nuestra dureza para criticar a los demás, por nuestros dogmatismos e intransigencias para la justa libertad ajena, por nuestros rencores y juicios temerarios.

Por nuestra mezquindad de mente y corazón.

 

 Bienaventurados los limpios de corazón

Por nuestra torpeza culposa para descubrir las trampas del mundo, del demonio y de la carne.

Por nuestra frivolidad personal y colectiva.

Por nuestra contribución a la marea de erotismo y ansia de placer.

Por nuestra falta de pulso para luchar contra el egoísmo propio y ajeno, las faltas de honestidad personales y colectivas.

 

Bienaventurados los que trabajan por la paz

Por nuestra desidia para buscar los verdaderos caminos de la reconciliación personal con el Señor, con la Iglesia y con las personas de nuestro entorno.

Por nuestra resistencia a comprometernos en pro de la justicia y la paz a todas las escalas y niveles.

Por nuestra inhibición ante la organización de la injusticia, la violencia, la carrera de armamentos, las guerras y guerrillas, la explotación de hombres y pueblos.

 

Bienaventurados los que padecen persecución a causa de la justicia.

Por nuestras cobardías personales y colectivas para salir en defensa de los oprimidos, marginados o injustamente perseguidos.

Por nuestra falta de energía y perseverancia junto a los pobres ante las dificultades que les presentan las estructuras injustas.

Por nuestros respetos humanos y «espantadas» a la hora de comprometer nuestra situación personal o social a favor de una empresa noble, ante d temor de que nos acarreará persecución, impopularidad, daños y perjuicios.

 

PISTAS PARA LA SATISFACCIÓN

 

1) Contrarrestar los malos efectos del pecado

o                    para los de omisión, haciendo lo omitido;

o                    para las injusticias, programando la justicia;

o                    para los pecados que afectan a la convivencia, escogiendo aquello que la hace grata;

o                    para los del ámbito del trabajo, rindiendo o comprometiéndose;

o                    para los que rozan la ejemplaridad por cargo o la profesión, reparando esos males;

o                    para los que son fallos de superación, buscando apoyaturas para superarse.

2) Imponerse actos de vencimiento en:

o                    la voluntad, el dominio, la constancia, el aguante con las personas, o los trabajos, o los planes, etc.

3) Aportar o contribuir a las Obras o a las Campañas:

o                    económicamente (limosna), o en prestación personal.

4) Desarrollar la personalidad por medio:

o                    del estudio, del trabajo, del ejercicio, (adiestramiento), de la reflexión, del coloquio (consulta), de la oración, etc.

5) Superarse ante:

o                    frustraciones, estados de ánimo (decaimiento), complejos, compromisos, mediocridades, apatías, etc.

6) Mortificar (= dar muerte) el egoísmo, para vivir la caridad (=resucitar):

o                    en servicio de alguien (en concreto, con nombre propio); en olvidar un resentimiento; en pasar por alto; en ceder de algo; en perdonar.