
¿Qué es el Pecado? Es una ofensa libre,
conciente y voluntaria que se realiza de pensamiento, de palabra o de obra
hacia Dios. Su efecto es la pérdida de la Gracia y la Amistad con Él. Es decir,
la muerte espiritual si es Mortal, o el alejamiento de Él, si es Venial. Todo
pecado, rompe la Comunión con Dios, con el hermano y desdibuja la imagen y
semejanza de Dios en nosotros. Nos hace menos hombres
y mujeres, nos aleja de los planes de Dios sobre nosotros. Bajo todo pecado
está la Soberbia y el Egoísmo.
¿Qué cinco cosas son necesarias para una buena confesión?
Para una buena Confesión son necesarias
1.
Dolor de los pecados.
2.
Propósito de enmienda
3.
Examen de Conciencia
4.
Decir los pecados al confesor
5.
Cumplir la penitencia.
Si falta una de estas
cosas, no hay confesión, aunque el Sacerdote nos dé la absolución.
¿Cada cuanto tiempo hay que confesarse?
Siempre que uno lo necesite, una vez al año como mínimo y antes de recibir el
sacramento de la Eucaristía si existe pecado mortal. Lo normal, puede ser entre
una semana y un mes.
¿Cómo confesarse?
Los pecados cometidos desde la última Confesión han de decirse personal e
individualmente al Confesor, sin ocultar ninguno de ellos, pues no serviría la
confesión y se tendría otro pecado mayor (sacrilegio del Sacramento). En primer
lugar, de rodillas en el Confesionario, (las mujeres pueden hacerlo a través de
la rejilla) se saluda con una invocación a la Virgen María como “Ave María
Purísima” u otra similar. Se dice la condición (soltero, casado, religioso…
etc.) y el tiempo que hace que no se ha confesado, pues si ha pasado más de un
año, existe ya un pecado. Seguidamente, se dicen los pecados claramente, uno
por uno y las veces que se han cometido. Por último, se atiende a las
recomendaciones del Sacerdote quien es en este momento es Juez, Médico y Pastor e
impone la penitencia que ha de cumplirse lo antes posible.
“Yo no robo y no mato… ¿de qué me tengo que confesar?
“ El requisito imprescindible para ver la Luz, es reconocer nuestra ceguera.
Robar supone también quitar también la fama, el buen nombre, el prestigio y la
honra del hermano. Robar supone perder el tiempo y hacérselo perder a los
demás. Robar supone no dar la honra, el tiempo, y el honor que se deben a Dios,
a la familia, al Esposo/a… Y así, tras
un examen de Conciencia, podremos descubrir como existen quizá muchos más
pecados que una conciencia adormecida… no repara en ellos. Es conveniente
examinar uno por uno los 10 mandamientos de la Ley de Dios, que siguen en
actualidad. Por último, todo pecado que suponga privar a alguien de algo, para
que sea perdonado deberá ser devuelto a dicha persona. Los 10 Mandamientos son:
1. Amarás a Dios sobre todas
las cosas.
2. No tomarás el nombre de
Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a
tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos
impuros.
7. No hurtarás.
8. No dirás falsos
testimonios ni mentirás.
9. No consentirás
pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes
ajenos.
Estos diez mandamientos se
resumen en dos: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo
Cual es la Misericordia del Padre:
Lectura.- Lc. 15, 11-24
“Jesús les dijo: Un hombre tenía dos
hijos; el menor le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me
toca’ El padre les repartió los bienes. No mucho después, el hijo menor,
juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna
viviendo como un perdido. Cuando se lo había gastado todo vino un hambre
terrible en aquella tierra y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se
puso al servicio de uno de los naturales de aquel país, que lo mandó a sus
campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las
algarrobas que comían los cerdos, pues nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: ‘Cuántos
jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo estoy aquí
muriéndome de hambre. Voy a volver a casa de mi padre y le voy a decir: Padre,
he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo:
trátame como a uno de tus jornaleros’
Entonces se puso en camino para casa de su padre: su padre lo vio de
lejos y se enterneció; salió corriendo, se le echo al cuello y lo cubrió de
besos: El hijo empezó: ‘Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no
merezco llamarme hijo tuyo’ Pero el
padre les mandó a los criados: ‘Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo;
ponedle un anillo en le dedo y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y
matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y se le ha
encontrado’
PRECES -EXAMEN DE CONCIENCIA - SOBRE LOS MANDAMIENTOS
Padre Nuestro, te
pedimos perdón:
SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS
Hermanos, meditando las bienaventuranzas, examinemos nuestra conducta,
reconozcamos nuestros pecados y pidámosle a Dios perdón.
Bienaventurados los pobres de espíritu
Por dejarnos llevar de la pasión del dinero y del ansia de ser, poseer y
disfrutar por encima de los demás.
Por nuestra resistencia a compartir con los menos favorecidos nuestros
bienes de toda clase.
Por nuestras iras y animosidades; nuestra colaboración a mantener los
odios, crear rencillas; alimentar antipatías e intolerancias contra los que no
piensan como nosotros:
por nuestros deseos de revancha y falta de generosidad para olvidar y perdonar
de corazón, para responder el mal con el bien.
Bienaventurados los que lloran
Por nuestra rebeldía contra el dolor, la enfermedad, las dificultades y las
pruebas y nuestra ceguera para descubrir en ellas la parte que nos corresponde
de la cruz del Señor;
por nuestra dureza de corazón para reconocer nuestros pecados personales y
colectivos y nuestra desidia para hacer penitencia por ellos.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia
Por nuestra incuria respecto a nuestros deberes y compromisos para con
Dios, con la Iglesia y nuestra conciencia religiosa personal y colectiva.
Por nuestra dejación en la tarea de construir un mundo nuevo más de acuerdo
con el Evangelio.
Por escamotear nuestro apoyo moral y efectivo a los marginados y oprimidos
o necesitados de nuestra ayuda.
Bienaventurados los misericordiosos
Por nuestra insensibilidad ante los sufrimientos ajenos, nuestra
resistencia consciente e inconsciente para compartirlos, nuestra falta de
generosidad para aliviarlos eficazmente.
Por nuestra dureza para criticar a los demás, por nuestros dogmatismos e
intransigencias para la justa libertad ajena, por nuestros rencores y juicios
temerarios.
Por nuestra mezquindad de mente y corazón.
Por nuestra torpeza culposa para descubrir las trampas del mundo, del
demonio y de la carne.
Por nuestra frivolidad personal y colectiva.
Por nuestra contribución a la marea de erotismo y ansia de placer.
Por nuestra falta de pulso para luchar contra el egoísmo propio y ajeno,
las faltas de honestidad personales y colectivas.
Bienaventurados los que trabajan por la paz
Por nuestra desidia para buscar los verdaderos caminos de la reconciliación
personal con el Señor, con la Iglesia y con las personas de nuestro entorno.
Por nuestra resistencia a comprometernos en pro de la justicia y la paz a
todas las escalas y niveles.
Por nuestra inhibición ante la organización de la injusticia, la violencia,
la carrera de armamentos, las guerras y guerrillas, la explotación de hombres y
pueblos.
Bienaventurados los que padecen persecución a causa de la justicia.
Por nuestras cobardías
personales y colectivas para salir en defensa de los oprimidos, marginados o
injustamente perseguidos.
Por nuestra falta de energía y perseverancia junto a los pobres ante las
dificultades que les presentan las estructuras injustas.
Por nuestros respetos humanos y «espantadas» a la hora de comprometer
nuestra situación personal o social a favor de una empresa noble, ante d temor
de que nos acarreará persecución, impopularidad, daños y perjuicios.
PISTAS PARA LA SATISFACCIÓN
1) Contrarrestar los malos efectos del pecado
o
para los de
omisión, haciendo lo omitido;
o
para las
injusticias, programando la justicia;
o
para los pecados
que afectan a la convivencia, escogiendo aquello que la hace grata;
o
para los del
ámbito del trabajo, rindiendo o comprometiéndose;
o
para los que
rozan la ejemplaridad por cargo o la profesión, reparando esos males;
o
para los que son
fallos de superación, buscando apoyaturas para superarse.
2) Imponerse actos de vencimiento en:
o
la voluntad, el
dominio, la constancia, el aguante con las personas, o los trabajos, o los
planes, etc.
3) Aportar o contribuir a las Obras o a las Campañas:
o
económicamente
(limosna), o en prestación personal.
4) Desarrollar la personalidad por medio:
o
del estudio, del
trabajo, del ejercicio, (adiestramiento), de la reflexión, del coloquio
(consulta), de la oración, etc.
5) Superarse ante:
o
frustraciones,
estados de ánimo (decaimiento), complejos, compromisos, mediocridades, apatías,
etc.
6) Mortificar (= dar muerte) el egoísmo, para vivir la
caridad (=resucitar):
o
en servicio de alguien (en concreto, con nombre
propio); en olvidar un resentimiento; en pasar por alto; en ceder de algo; en
perdonar.